Perspectivas. Revista de historia, geografía, arte y cultura de la UNERMB
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RINCÓN, Regulo y CARRASQUERO, Mercedes
durante el período colonial por parte los españoles quienes, en su afán de
cristianizar los grupos indígenas y de esclavos negros africanos, recurrieron
a personajes sagrados con los que éstos pudieran identicarse plenamente y
así abandonar sus ritos, creencias y costumbres ancestrales.
A tal efecto, García (2006) señala que en el Sur del Lago de Maracaibo,
el culto se desarrolla y transforma con mayor ímpetu a partir del contacto de
diversas culturas africanas: Ewe Fon, Efok, Kongo, Abakúa, Fom, Yoruba,
entre otras, trasplantadas a esta región por el régimen esclavista. Luego,
agrega que en estas inhumanas prácticas negreras, los esclavizados eran
apartados de sus familias y hasta de sus coterráneos con la intención de
aislarlos para lograr la dominación; sin embargo, pese a todos los intentos
de dominación e imposiciones, lograron sembrar su riqueza cultural que
aunada a la indígena, desarrollaron una de las expresiones socioculturales
más ricas del país.
Los africanos, así como los indígenas locales, tenían sus propias culturas
y creencias, lo que llevó a los colonizadores a establecer estrategias para
acabar cualquier manifestación religiosa que no fuese la católica, por lo
cual muchos hombres y mujeres fueron maltratados y hasta ajusticiados por
resistirse a la cristianización. La Iglesia Católica decide entonces imponer
la imagen de San Benito de Palermo, un mulato católico hijo de esclavos
africanos, nacido en libertad por el benecio que le otorgara el esclavista
y dedicado en cuerpo y alma a Dios con el propósito de sustituir la deidad
africana conocida hoy con el nombre de Aje (Dios de las Agua Azules).
Increíblemente, la imagen de Benito ha sido asumida por todas las comu-
nidades descendientes de esclavos e indios, pero la misma, nunca dejó de
ser venerada con toda la estética africana e indígena junto a la música de
tambor, el baile, la gastronomía y hasta la forma de elevar una plegaria.
Los Chimbangles o Chimbángueles, como se denominan durante la es-
ta al vasallo del santo, conformado por hombres y mujeres que integran el
gobierno del Chimbánguele, cargadores del Santo, ejecutantes de los tam-
bores, bandereros, mandadores, entre otros, son los encargados de organizar
y desarrollar todo lo relacionado con la celebración y el culto.
A diferencia de otras celebraciones religiosas, las estas de San Benito
tienen un ambivalente compromiso con la formalidad de la iglesia católica,
que otorga el permiso para la salida del Santo Negro, pero una vez que éste
sale a la calle adquiere características distintas, donde se dan encuentros
entre San Benito, el pueblo y el vasallo; se reproducen en síntesis los roles