Perspectivas. Revista de Historia, Geografía, Arte y Cultura de la UNERMB
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La dimensión oculta
Autor: Edward T. Hall (2005).
Editorial: Siglo XXI editores.
COMENTARIO: GARCÍA
DELGADO, Julio.
Obra poco conocida por estas latitudes,
pero de fundamental consulta para los do-
centes e investigadores en las ciencias socia-
les y humanas, la Dimensión oculta (Hidden
Dimension, en su idioma original) nos rese-
ña sobre la concepción del espacio más allá
de lo tangible, de lo externo, en donde, sin
tapujos se puede decir que lo espacial no es
una cuestión exterior al ser humano, sino
también interior.
La naturaleza del ser humano posee una matriz biológica, una ‘dimen-
sión oculta’, que en cada momento histórico se transforma a través de las
expresiones culturales dominantes. También, ‘lenguajes silenciosos’, que
permiten la comunicación sin necesidad de las palabras. El tiempo y el es-
pacio aparecen como instrumentos mediante los cuales los seres humanos
producen mensajes. El espacio dene los territorios individuales y colecti-
vos, la seguridad y la defensa; el tiempo aparece asociado a la cultura, con
distintas velocidades culturales, que van de la celeridad de la vida urbana
occidental a la tranquilidad de ciertas sociedades orientales.
Hall teoriza acerca de lo que dene como la “proxémica”, que analiza la
distancia física entre los interlocutores en función del tipo de comunicación
y las características culturales del espacio social en el que se desenvuelven,
Perspectivas. Revista de Historia, Geografía, Arte y Cultura.
Año 3 N° 5/ Enero-Junio 2015, pp. 191-194
Universidad Nacional Experimental Rafael María Baralt
ISSN: 2343-6271
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así como la relación de cercanía o lejanía existente entre los interlocutores.
Esto es, la percepción y los hábitos sociales que marcan los territorios de la
comunicación interpersonal y hacen los resguardos de la privacidad o de la
intimidad. Sus estudios acerca de los lenguajes del silencio han sido conside-
rados como precursores de los modernos estudios de neurolingüística. Otra
de las facetas del trabajo de Hall está relacionada con la comunicación in-
tercultural, a la que presta una especial atención en función de las distancias
culturales y lingüísticas, con diversos trabajos de campo en espacio fronteri-
zos de fuerte contraste cultural, como el caso de Estados Unidos con México.
El tema central de la obra son el espacio social y personal y cómo el
hombre los percibe. A principios del siglo XX, los lingüistas que comen-
zaron a estudiar el lenguaje de los indios y los esquimales se dieron cuenta
que “las lenguas indoeuropeas no comprendían los modelos de todas las
lenguas” (p. 15). La lengua no es más que el reejo del pensamiento, por lo
que las estructuras lingüísticas necesariamente varían de un pueblo a otro;
así también como el modo de ver el mundo no es el mismo. Se asume que
los principios establecidos a propósito del lenguaje sirven igualmente para
el resto de las conductas humanas y, de hecho, para todo fenómeno cultural.
Por tanto, los individuos pertenecientes a culturas diferentes no solamente
hablan lenguajes diferentes, sino, lo que es más importante, habitan mundos
sensoriales diferentes”.
El “espacio vital” (Lebensraum) es una realidad concreta, necesaria para
el equilibrio de todo individuo. En la naturaleza, este equilibrio está asegu-
rado normalmente por la predación (destrucción del excedente de población
de una especie por los individuos de otra especie). Allí donde la predación
no actúa, interviene una autorregulación que no está solamente ligada, como
creía Malthus, a la presencia o ausencia de reservas alimenticias, sino tam-
bién a “mecanismos siológicos de reacción a la densidad”.
A la luz de las observaciones, el hombre aparece como “Un organismo
que crea sus prolongaciones”. Capaz de sustituir a la naturaleza, a través
de extensiones que le permiten percibir y comprender el espacio, llamadas
sentidos. Hall establece dos tipos de sistemas receptores, cuya información
recibida es modicada por la cultura: 1) receptores a distancia: ojos, oídos
y nariz. 2) receptores inmediatos: la piel y los músculos. La cantidad de
información recibida por los distintos receptores y cómo éstos funcionan
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son variables. La vista es el sentido más evolucionado y el que más datos
percibe, no sólo de aquello de la naturaleza sino también de lo creado o
transmitido por el ser humano, como lo es el lenguaje escrito y otras formas
de conocimiento.
Las distancias en el hombre:
El autor establece cuatro distancias en el hombre, en función del “sen-
timiento o sensación que experimenta en ese momento cada una de las
personas implicadas respecto de la otra” (p. 181). Estas distancias son:
Distancia íntima: es el punto en donde el otro resulta inconfundible y
todos los sentidos perciben la presencia ajena, la cual resulta intensa y se
intrincan mutuamente.
Distancia personal: se concibe como una especie de burbuja protectora
que el organismo mantiene a su alrededor. Implica cercanía mas no contac-
to intenso.
Distancia social: Es el punto intermedio entre lo remoto o público y lo
personal o privado. Implica la cercanía de la burbuja protectora pero no el
ingreso a la misma.
Distancia pública: aquélla que se encuentra fuera y lejos de la burbuja
protectora, en donde se encuentran las personas ajenas a la vida del indivi-
duo.
Más que la distancia en medidas de longitud, el factor determinante de
estas distancias es la sensación o sentimientos que se experimentan, que al
variar de cultura en cultura, es evidente que las circunstancias que impli-
quen distancia social o íntima –por ejemplo– también varían, por lo que
una circunstancia considerada dentro de la distancia íntima dentro de una
cultura puede ser considerada personal o incluso social en otra. Ejemplo es
el contacto físico constante entre las personas de origen latinoamericano, en
donde besos y abrazos son considerados normales dentro de la distancia so-
cial, mientras que en la cultura norteamericana estas interacciones son parte
de la distancia personal y, en muchas ocasiones, distancia íntima.
Hall denuncia el carácter traumatizante de las relaciones arquitectónicas
contemporáneas que provocan la indiferenciación de los hábitats. “La urba-
nización anárquica que se desarrolla hoy en día –escribe–, implica menos a
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la superpoblación que nos amenaza como a la pérdida de nuestra identidad”.
Es de desear que, en las ciudades futuras, el hombre pueda vivir a su ritmo,
pues las dimensiones óptimas del espacio vivido dependen de la “intensidad
de las relaciones”, criterio eminentemente variable según los lugares. No
existe, pues, porque no puede existir, un “urbanismo universal”.
La proxemística y el futuro del hombre:
El hombre se confunde con el mundo; modicando al mundo, se mo-
dica a sí mismo. Construyendo su biotipo, determina en sí mismo el orga-
nismo que ha de ser. La “proximología” recoge aquí las preocupaciones de
la ecología. En el seno de las grandes ciudades superpobladas, se cumple un
nuevo tipo humano.
Se vive en una burbuja invisible. Esta burbuja es la “distancia personal”,
el espacio vital íntimo. Es la dimensión oculta. Todas las burbujas indi-
viduales forman una super-burbuja que, cuando está demasiado compri-
mida, puede estallar. Esta burbuja es más grande en Gran Bretaña que en
los Estados Unidos, en los países nórdicos más que en los mediterráneos,
en Norteamérica que en América Latina, en los Andinos que los “maracu-
chos”. La forma de las habitaciones, la disposición de las puertas, el espesor
de las paredes, la altura de los asientos, varían según la promiscuidad sea más
o menos bien soportada. Todo depende de la “distancia crítica”, es decir del
tamaño de la burbuja, de la dimensión oculta.