
Perspectivas. Revista de Historia, Geografía, Arte y Cultura de la UNERMB
Año 4 N° 7/ Enero-Junio 2016 / ISSN: 2343-6271
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Este modelo objetivista y empirista de la investigación ha hecho que en las
ciencias humanas y sociales el universalismo y la práctica cientíca en las ciencias
naturales sean como el modelo a imitar en investigación. Acá, en esta crítica lati-
noamericana, se apuesta más por la determinación que tendrá el objeto de estudio
sobre el método, es decir, no se construye en estas propuestas objetos de estudios
a partir de un método cientíco, sino que se asume al sujeto, su praxis y racionali-
dad subjetiva, para crear nuevos métodos, sumados a la características del objeto y
su reciprocidad con la realidad cognitiva. (Márquez-Fernández, íbid).
En este sentido se toma como referente hermenéutica la experiencia histó-
rica latinoamericana, analizando a través de la historia viva todo aquel cúmu-
lo de experiencias que se puedan encontrar en los mundos de la vida donde
los sujetos sociales, ponen en práctica su quehacer cultural, porque es a través
de dichos procesos de interaccionismo y discursividad que se comienzan a
develar nuevos códigos lingüísticos que a su vez dejan expuestos formas de
vida y prácticas sociales que denen la pluralidad de tradiciones, costumbres
y memorias que abarcan cada retazo de tierra curtida de América latina.
Para (Márquez-Fernández, íbid), los desarrollos históricos y culturales se mi-
den en la modernidad en términos técnicos y cientícos, lo que en consecuencia
conlleva a una crisis cognitiva del sujeto, puesto que, la teoría saber-hacer – que
no es más que descubrir e investigar desde los saberes originarios- es, en el campo
moderno, irracional. En contraposición, la crítica latinoamericana asoma la po-
sibilidad de una razón en sentido liberador (Márquez íbid.,) que permite recrear
bases para una vida sostenible donde las prácticas sociales facilitan la coexistencia
humana. Acá juegan un papel fundamental los saberes tradicionales y originarios,
entendidos como saberes que no miden la convivencia desde térnimos cuanti-
cables sino desde las relaciones humanas en la búsqueda de su reconocimiento
y del buen vivir. Esta idea de asumir una subjetividad, supone una perspectiva
ética del convivir que conecta los diferentes contextos históricos-culturales y los
transforma en el modo de vida de un sujeto, de pueblos y culturas (Salas, 2002).
El diálogo como praxis comunicativa debe permitir en las relaciones intersubje-
tivas la exposición y el valor del situado histórico y cultural de cada sujeto, en esta
ocasión, pensante y por ende con conocimiento.
3. La consolidación de un sujeto crítico en el pensamiento de Ya-
mandú Acosta
Yamandú Acosta ha sistematizado de manera puntual el devenir histó-
rico y categorial que ha tenido el sujeto en América Latina, desde su con-