
Perspectivas. Revista de Historia, Geografía, Arte y Cultura
Año 5 N°9/ Enero-Junio 2017 / ISSN: 2343-6271
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ramente una denición de ésta: “es la prolongación de la vida por un período
indenido de la personalidad después de la muerte…” (Frazer, 1934: 21-22).
Los wayuu transcurren su vida en realidades diferentes y bien dife-
renciadas: la realidad anasü o “mundo natural”, que es la realidad de la
vida cotidiana de lo tecno económico, lo tecno ecológico y de las inte-
rrelaciones personales; la realidad del “mundo de los muertos” o Yolu-
jas (espectros, espíritus y familiares muertos) y la realidad del mundo
pülasü, que nosotros traducimos como sagrado, y que es el “mundo del
más allá”. De estas tres realidades, la intermedia es del dominio limi-
nal de Lapü. Éste es quien pone en los niños, recién nacidos, el aa’in
, su animus, su espíritu y “cuando se está muriendo una persona se la quita”
(Macuanta). Lapü está cotidianamente en contacto con el wayuu cuando éste
duerme, que es el momento cuando cada uno se encuentra con su doble, cada
suceso es anticipado se perciben como reejos y sombras fuera de la espera y
de los tiempos ordinarios, envía mensajes premonitorios y prescriptivos que
deben ser leído por la/el outsü/outshi o por algún abuelo/a. A veces puede
ser violento como en las pesadillas o cuando hay peligro de muerte. Para la
cultura wayuu los sueños están íntimamente relacionados con los linajes, el
amuleto o contra familiar o l’alania, el enfermo y con la muerte. Es en el sue-
ño donde los wayuu muertos piden que sus restos sean exhumados y velados
nuevamente (García Gavidia y Valbuena, 2005) (Ver cuadro No.1).
En la cosmovisión wayuu, la persona humana está conformada por la car-
ne, los huesos y las sangres, la pasiva de su madre, y la activa (semen) de su
padre y por l’ aa’in. La carne, los huesos y la sangre de su madre constituyen
su erriku, que más que de orden siológico es de orden cosmológico, son los
elementos del linaje. La muerte, óutá, es el n de la vida de un wayuu en el
mundo anasü, en ese momento su cuerpo físico se separa de su aa’in, ani-
mus espíritu que vuelve a Lapü, donde están los aa’in, espíritus de los wayuu
muertos y los yolujas. En el segundo velorio se recogen y limpian los huesos
que son los que van al más allá. “Los wayuu morimos dos veces, el wayuu
considera que el cuerpo debe tener una sepultura provisional, diferente a la
sepultura denitiva.” (MAJ). “La sepultura denitiva debe ser en el lugar de
su clan” (MAJ), “de su eirriku, que está en la Guajira” (A), “el wayuu es hijo de
Mma y debe volver a ella, a su tierra que es en la Guajira” (D).
Los wayuu arman su sentido religioso en los ritos mortuorios: éstos les
re-une. Los velorios, el de la primera sepultura como el velorio de los restos,
son vivencias –experiencias– donde los wayuu expresan su simbolismo cen-