Recibido: 21/10/2015
Aceptado: 29/11/2015
* Docente e investigadora adscrita al Programa Ingeniería y Tecnología de la Universidad Nacional
Experimental Rafael María Baralt. Ingeniera en Mantenimiento Mecánico (UNERMB, 2001).
Universidad como institución social: un
espacio para el debate la crítica y la reexión
Yelaine CASANOVA RÍOS*
Universidad Nacional Experimental Rafael María Baralt
yelaine.casanova@hotmail.com
La universidad, como institución social comprometida con la vida de las so-
ciedades, debe tener como misión develar a los hombres y mujeres el complejo y
articulado mundo en el cual insertar la propia acción. Esto es posible gracias a la
construcción de saberes culturales, políticos y sociales, caracterizados por la crea-
tividad cultural-cientíca y la concientización critica de los problemas que existen
dentro de las comunidades; a n de que se tomen decisiones y se implementen
soluciones optimas que impulsen una mejor calidad de vida para el ser humano.
La universidad como tal, es una institución de las más venerables y eca-
ces que el
ingenio humano haya podido diseñar para satisfacer una perenne
necesidad de su propia condición: la de crear nuevos saberes, transmitirlos y
difundir sus energías transformadoras
sobre la sociedad. La universidad, en
este sentido, obedece a una circunscripción histórica, aquella determinada
por la envoltura epocal que posibilita la utilidad de su función social.
Volviendo la mirada a lo señalado según Vallenilla (1984) se puede decir
que el origen de la universidad se remonta a la época medieval, que tiene su
antecedente más directo en las
scholas, que signicaba agrupaciones que reu-
nían en su seno fraternidades o gremios con el n de aprender y enseñar aquel
saber entre maestros y discípulos. A este tipo de universidad se le podría llamar
universidad iglesia; pues respondían a la concepción religiosa del mundo que
predominaba en esa época, se le adjudicaba siete artes liberales, trívium (gra-
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tica, retórica y dialéctica) y el quatrivium (aritmética, geometría, astrono-
mía y música). Ejemplo: La universidad de Boloña, la de París y la de Salermo.
Siguiendo con este orden histórico, se encuentra la universidad alemana que
se fundamentaba en la concepción de la idea de la universidad como imagen o
reejo
de la ciencia; siendo cultivado el intelecto y la razón. Un ejemplo es la uni-
versidad de Berlín, a este tipo de universidad se le puede llamar universidad la-
boratorio, pues existía la aplicación del método cientíco con rigurosidad, “una
escuela del arte del uso cientíco’’. Del mismo modo se encuentra la universidad
latinoamericana, cuya función primordial es formar al estudiante, para conver-
tirlo en agente de cambio que actúe sobre la sociedad y la transforme.
Es la llamada universidad república, cuyo gobierno debía ser elegido por
los ciudadanos que constituían el demos, es decir el pueblo universitario, que
gracias a la reforma de Córdoba se luchó contra el régimen monárquico, por
lo que se instaura la democracia donde son los maestros los verdaderos cons-
tructores de almas, los creadores de verdad, de belleza y de bien. Finalmente
tenemos la universidad contemporánea, una universidad llamada mercado ca-
racterizada por la autosuciencia, autonomía y democracia asxiada por una
progresiva burocratización y por el control de los partidos políticos, donde el
saber aparece como intercambio periódico de juegos de lenguaje y de pensa-
miento, esto
es, como invención y abandono de “paradigmas”, sin que jamás el
conocimiento toque la propia realidad con una concepción fragmentada de lo
real y un único estilo de pensamiento de carácter positivista, para el abordaje
investigativo dentro de las ciencias sociales. Razón por la cual nos hemos que-
dado sin ciencia e investigaciones y por ello constantemente se hace necesario
continuas evaluaciones y acreditaciones académicas para fortalecer la calidad.
Ella se preocupa por la necesidad de introducir las TICS, así como el fortale-
cimiento de la dimensión internacional de la enseñanza universitaria.
Como puede observarse, de lo expresado anteriormente se puede de-
ducir que la Universidad desde el punto de vista histórico ha cumplido
con una serie de funciones que explicitan la razón de ser y la intenciona-
lidad para lo cual fueron creadas. En cuyo caso el denominador común
a nivel latinoamericano a partir de la década de los 70 del siglo XX , ha
sido una universidad caracterizada por la
lógica del mercado (sobre todo
nanciero), donde no ha sido propicia ni favorable al desenvolvimiento
efectivo de informaciones y conocimientos necesarios para la vida social y
cultural, pues el saber es considerado como una donación de aquellos que
se consideran sabios, promoviendo una cultura del silencio que convierte
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a las personas en autómatas con un privilegio del monismo metodológico,
la parcelación del conocimiento y el énfasis en materia disciplinar.
Ahora bien, en el pensamiento social latinoamericano durante el periodo de
transición del siglo XX al XXI, se ha producido una amplia gama de búsquedas
de formas alternativas del conocer gracias a los procesos revolucionarios y de
transformación social, cuestionándose el carácter colonial eurocéntrico de los
saberes sociales auspiciados por la modernidad que sirve de fundamento para
las separaciones en materia disciplinar como modelo civilizatorio universal. Sin
embargo hoy por hoy es posible hablar de la existencia de un modo de ver al
mundo en forma diferente para interpretarlo y actuar sobre él (Lander, 2009).
En función de lo planteado, resulta interesante destacar que según Ri-
beiro (2006) es, más que necesario, urgente considerar la revolución de las
universidades, no en un claustro ni en el espejo de las viejas universidades,
sino en función del valor de las necesidades y retos de toda población,
una universidad revolucionaria que convierta el mundo de los excluidos
en un mundo de incluidos; Una renovación universitaria, orientándo-
la en el sentido de ganar a la mayoría de los estudiantes y los profesores
más lúcidos para su proyecto políticamente donde toda acción dentro
de la Universidad sea hacerla actuar como un centro de concientización
para luchar con ayuda del pueblo contra las amenazas de perpetuación
del subdesarrollo , centrada en el ejercicio de las funciones de órgano de
creatividad cultural - cientíca y de concientización crítica de la sociedad.
Más tarde, en nuestro caso particular durante los acontecimientos acaecidos
a nales del año 1998 y la aprobación de la Constitución Bolivariana de Vene-
zuela en el año 1999, fueron generando las bases para el fortalecimiento de una
cosmovisión centrada en los principios de igualdad, justicia, solidaridad y parti-
cipación popular, contenida en una nueva visión losóca que podría denomi-
narse “Humanismo Bolivariano. Razón por la cual, el Estado venezolano se ha
visto en la necesidad de generar nuevas estrategias de formación a nivel superior
e instituciones universitarias, como la Universidad Bolivariana de Venezuela
(UBV), para responder al cometido de universalización de la Educación uni-
versitaria y de formación de profesionales con un elevado compromiso social.
Este modo de ver al mundo constituye propiamente una epísteme, con la cual Amé-
rica Latina está ejerciendo su capacidad de ver y hacer desde una perspectiva propia, co-
locada al fin en el lugar de nosotros, y que llevaría por nombre una epistemología del
sur; la cual está caracterizada por elementos tan importantes como son: la construcción
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colectiva de los saberes populares, una educación con conciencia crítica y liberadora, la
pluralidad epistémica, los modos alternativos de hacer-conocer y la redefinición del rol
de investigador social que conduce a reconocer al otro como sí mismo.
Con esta epistemología del sur, se procura superar ciertas amenazas que aten-
tan contra la sociedad; tal es el caso de la alienación o pérdida de la identidad
cultural; el reto con esta epistemología del sur, es una desnaturalización de los
conceptos para superar la fragmentación de la realidad y reconstruir los fenóme-
nos sociales sin ataduras de límites disciplinarios. Es entonces como ya lo ar
Quijano, se hace necesario realizar una arquitectura de nuevas teorías y más aún
de perspectivas críticas que logren el desprendimiento no sólo de las teorías tradi-
cionales modernas, sino también de las teorías críticas postmodernas.
Dentro del proceso enseñanza-aprendizaje, la epistemología del sur represen-
ta una alternativa en materia educativa, que procura la recuperación cultural en
una época de fronteras culturales cambiantes, de desamarre de símbolos cultura-
les tradicionales y la territorialización del deseo en relación a las formaciones de
la otredad cultural que hemos creado. Se debe asumir, hoy por hoy, para la uni-
versidad que deseamos con tendencia a la transdisciplinariedad, el compromiso
de preparar a los profesores para que estos formen a los estudiantes no sólo como
profesionales en una determinada rama del saber; sino de considerar seriamente
la necesidad de formarlos para el cambio y progreso de la sociedad en la cual les
toca actuar. Por consiguiente, y dado que tiene que hacer frente al imponente
desafío, la propia educación universitaria ha de emprender la transformación y la
renovación más radical que jamás haya tenido por delante, dentro de un escenario
académico que propicie la formación de actores sociales que interactúen con su
realidad y desarrollar en ellos una recepción crítica de los procesos educativos, y
de esta forma asumir el proceso de aprendizaje desde la práctica de la propia vida.
De lo anteriormente expuesto, se pueden derivar consideraciones relacio-
nadas con el proceso de aprendizaje a través de interacciones sociales sujetas a
una determinada concepción educativa que se maniesta en el comportamien-
to entre pares, la actitud hacia el material de estudio, el desarrollo cognitivo y
afectivo a partir de sus propias experiencias de aprendizaje, la construcción co-
lectiva de saberes culturales, la posición del ser humano como sujeto de los pro-
cesos de cambio, el saber popular y las relaciones con el contexto institucional.
De las apreciaciones señaladas se deriva la certeza de que existen dos focos
a cuidar en la formación académica de los estudiantes en pleno siglo XXI:
El estudiante que asista a los espacios de la universidad deberá estar dis-
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puesto al fortalecimiento del pensamiento crítico para enfrentar el mun-
do con nuevas posibilidades de ser a través de la liberación social.
El docente como guía en la construcción de saberes culturales para la
transformación de la realidad social.
Tales aspectos hacen dirigir la mirada al segundo foco de atención: el docente,
quien debe tener la capacidad de orientar a los estudiantes, ayudándoles a aprender
y desarrollar habilidades, a comprometerse y a asumir el reto de cambiar para mejo-
rar (Molinar y Velásquez, 2010). Esta área de interés merece mi consideración por
cuanto es allí donde se da el abordaje desde una práctica social con nes éticos, que
implica la presencia de una teleología caracterizada por la formación de un ser hu-
mano trasformador de la realidad atento a situaciones de la sociedad, en cuyo caso
debe prevalecer según Bigott (2010) una convivencia activa de saberes compartidos
por docentes, estudiantes y ciudadanos, dentro de comunidades epistémicas que
conviertan a la universidad en un espacio público de interconocimiento.
En consecuencia, la universidad de hoy requiere un nuevo diseño apuntalado
a un conjunto de prácticas que promuevan en nuestro país una concepción lo-
sóca de la educación venezolana caracterizada por un marco teleológico de reco-
nocimiento, empoderamiento y democracia de los sujetos sociales, cuya actuación
intencionada educativa, se base en la construcción de conocimientos y la socializa-
ción de los saberes culturales desde sus propias prácticas sociales para transformar la
propia realidad. Una educación humanista tal como lo establece la ley orgánica de
educación (2009) en su art 14 como forma de enaltecer lo humano en base a:
Fidelidad a lo humano: Promover todo lo que el ser humano lleva en su
naturaleza como posibilidad de ser.
Desarrollo personal: Proceso a la autorrealización: Ser persona esencia,
repensar lo vivido. Critica – reexión, diálogo y actividad intersubjetiva.
Preparación académica es hacer más sensibles a las personas a partir de
sus corazones; Empatía y el área afectiva: Solidaridad, Compromiso
social, justicia social e identidad, cuyos benecios sean la mejora de la
propia práctica educativa, la generación de un conocimiento contextua-
lizado y la concepción dialéctica de la propia realidad social.
Sobre la base de lo expresado, se puede decir que la universidad dentro de
su función social se encuentra la instauración de un espacio para la creación
intelectual, en el cual un grupo de actores integrantes de una comunidad, vin-
culados con la universidad, desarrolla actividades alrededor de un tema para
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impulsar procesos participativos en la búsqueda de soluciones a los proble-
mas, con el propósito de satisfacer las necesidades comunitarias mediante la
aplicación de conocimientos y saberes. A través del fortalecimiento del poder
popular, con metodologías de participación protagónica y la pedagogía crí-
tica que nos debe exponer en el ocio de actores comprensivos y dialécticos.
Todo ello dirigido hacia la soberanía nacional, el desarrollo humano, integral
y sustentable, con la intención de fortalecer así la unión entre los pueblos ,
cimentada en los principios de la cooperación solidaria, justicia, solidaridad,
igualdad y libertad que hacen de la educación un modelo ejemplar digno de
seguir y avanzar en la transformación hacia un desarrollo mejor.
En este marco teleológico social, la Universidad Venezolana está llamada a
emprender una ruptura paradigtica traducida en la formación de una con-
ciencia política, práctica y valores sociales para la soberanía y la autodetermi-
nación de los pueblos; que debe estar consustanciada en un conocimiento que
es construido por las personas a través de un proceso integral; que propicie la
integración de saberes, lo cual requiere el trabajo en equipo y la metodología
crítica como formación y no como instrucción; es decir, una conducción en la
que los seres humanos den contenido a sus horizontes del ser en la construc-
ción de proyectos colectivos desde su propio mundo, con valores propios y
en la solidaridad por la realización de los otros. Pues como lo establece Porto
Goncalves (2009) es necesario reconocer la necesidad de repensar el paradig-
ma de la cienticidad, superando la fragmentación de la realidad y reconstru-
yendo los fenómenos sociales sin ataduras de limites disciplinarios, ello exige
una concepción problematizadora, y que tiene como referente la lectura de-
codicadora de la realidad (diversa, compleja, conictiva). Por lo tanto en esta
concepción didáctica se promueve una conciencia ético-critica en la persona,
en la reexión y acción de las mismas sobre el mundo para transformarlo.
En la búsqueda de un espacio académico para el debate, la crítica y la
reexión, que la Universidad Nacional Experimental “Rafael María Ba-
ralt” tiene el enorme compromiso de formar hombres y mujeres dentro
de un escenario posible de una concepción curricular crítica que permita
el cuestionamiento de modelos sociales hegemónicos y pueda dar a cono-
cer otros, alternativos y emancipadores. Ello supone una didáctica cen-
trada en la reexión sobre el propio conocimiento, el signicado del ser
humano y su identidad, la comprensión y la ética. Esto es una elaboración
continua de experiencias vividas y conocidas por los seres humanos, em-
pezando por la confrontación y el debate donde se entienda la curiosidad
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como un derecho o al decir del propio Freire (1997) ‘’ Lo que importa es
que profesores y alumnos se asuman epistemológicamente curiosos ‘’
La educación como proceso de desarrollo perfectivo de toda persona, tie-
ne como n el pleno desarrollo de todas y cada una de sus capacidades y su ple-
na integración en la comunidad en la que vive; razón por la cual el proceso de
enseñanza-aprendizaje debe estar sustentado desde una visión humana, que
se interese por un trabajo en el aula, que garantice una docencia impregnada
de humanidad, donde se respete la diversidad, la participación protagónica y
el escenario democrático, dirigido a un cambio de cosmovisión que de una u
otra manera, pueda incluso llegar a producir transformaciones sociales.
Desde esta perspectiva, el docente debe concebir la educación como
un valor social, para promover la formación académica no sólo desde una
educación bancaria, término acuñado por Freire, sino como resultado de
un aprendizaje como proceso activo y dinámico de desarrollo integral del
participante, bajo una condición de equidad y oportunidad para todos,
dejando ver el deseo permanente hacia el aprendizaje con valores como: el
respeto, la autonomía, la solidaridad y el compromiso social.
El proceso formador como función social reclama la construcción de pro-
cesos de innovación y transformación pedagógica conectados a realidades
contextuales en consecuencia se desarrolla un proceso de socialización que
redimensiona y contextualiza la vida cotidiana que incluye la Universidad, la
familia y la comunidad, cuyo proceso social incorpora hábitos, costumbres,
valoraciones afectivas y volitivas que se materializan en la acción social de las
personas y que es desarrollado desde el dialogo y la reexión colectiva de los
sujetos dentro del propio proceso educativo. Dicho proceso compromete a los
actores sociales que comparten su ethos cultural a insertarse en un entramado
de relaciones, motivaciones y signicaciones que se ponen en práctica día a
día a través de una didáctica centrada en procesos del pensamiento liberador,
estrategias socializadoras, didáctica critica, el currículo humanista y la losofía
institucional que apuesta a una construcción social donde cada ser humano
construye nuevos saberes con sentido e identidad propia y coherencia con el
proyecto social del país del cual forma parte, de modo que se desencadene la
deconstrucción de su bagaje cultural para reconstruirse y nutrirse de un senti-
do transformador, que es lo que se denomina el aprender a aprender.
Ya para nalizar a manera de aplicación práctica, hare mención a la natura-
leza epistémica de mi profesión de ingeniera mecánica, donde hoy por hoy no
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solo se debe ser un profesional capacitado para crear conjuntos mecánicos, di-
señarlos, controlar su fabricación y su calidad, gestionar la adquisición de ma-
quinaria y equipo, lo mismo que la aprehensión de la nueva tecnología. Con
el rme propósito de maximizar esfuerzos y minimizar costos con un elevado
índice de calidad. Sino que en la actualidad; considero que el ingeniero debe
ser un ciudadano/a integral activo, creativo, crítico, innovador, emprendedor
y solidario, que practique y respete los valores humanísticos, con aptitudes
para gestionar planes, programas, proyectos y procedimientos relativos a re-
cursos existentes en los diversos Ecosistemas y ambientes relacionados, para la
obtención de bienes y servicios con criterios de sustentabilidad; respetando
creencias, costumbres y tradiciones de las personas y comunidades.
Referencias
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