Perspectivas: Revista de Historia, Geografía, Arte y Cultura
Año 5 N° 10/ Julio-Diciembre 2017, pp. 27-37
Universidad Nacional Experimental Rafael María Baralt
ISSN: 2343-6271
* Lcda en Educación. MSc. en Antropología. Docente Investigadora de la Facultad de Ciencias
de la Universidad del Zulia. Candidata a Doctora en Educación UPEL – IMPM.
** Lcda en Educación. Msc. en Administración de la Educación Básica. Docente Investigadora de
la Universidad Pedagica Experimental. Instituto de Mejoramiento Profesional del Magiste-
rio. Núcleo Académico Zulia. Candidata a Doctora en Educación UPEL – IMPM.
*** Psicóloga. Msc. en ciencias. Docente Investigadora de la Universidad Pedagógica Experimental.
Instituto de Mejoramiento Profesional del Magisterio. Núcleo Académico Zulia. Candidata a
Doctora en Educación UPEL – IMPM.
Recibido: 02/03/2017
Aceptado: 05/05/2017
Creatividad del investigador como potencial
heurístico de la etnografía
Zaidy FERNÁNDEZ SOTO*, Mireya COLINA**, Andreina
HERNÁNDEZ***.
Universidad Pedagógica Experimental. Instituto de Mejoramiento Profesional del
Magisterio. Núcleo Académico Zulia. Doctorado en Educación.
Resumen
El propósito de este artículo es evidenciar la relevancia que tiene la creatividad del investigador
para activar el potencial heurístico de la etnografía como perspectiva-enfoque y como proceso
de investigación. Para ello, desde una actitud hermenéutica se hace una lectura de los postulados
básicos de la etnografía y de nuestras experiencias como etnógrafas, intentando controlar el ins-
trumentalismo dominante en las ciencias antroposociales, a través de la construcción de alterna-
tivas creativas ante los retos que nos plantea la investigación, sobre todo en el campo educativo.
Palabras clave: Potencial heurístico, Etnografía, Investigación educativa.
Researcher’s creativity as heuristic potential of ethnography
Abstract
e purpose of this article is to highlight the relevance of the researcher’s creativity to ac-
tivate the heuristic potential of ethnography as a perspective-approach and as a research
process. For this, from a hermeneutic attitude a reading of the basic postulates of the eth-
nography and our experiences as ethnographers is made, trying to control the dominant
instrumentalism in the anthroposocial sciences, through the construction of creative
alternatives before the challenges that the research, especially in the eld of education.
Keywords: Heuristic potential, Ethnography, Educational research.
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A manera de introducción
Desaadas por la laboriosa tarea de realizar investigación cualitativa en
el ámbito educativo, a saber: a) Teorías educativas emergentes en las comu-
nidades wayuu, con la intención de comprender la diversidad presente en
los proceso de creación, transmisión y adquisición del saber/hacer para la
producción y socialización del conocimiento en la relación humano – natu-
raleza; b) cultura investigativa para la gestión de proyectos en los entornos
sociales, como aporte al debate educativo para recrear una ruta metodológica
que posibilite develar su caracterización epistemológica y la generación de
lineamientos orientados a la gestión de proyectos en los entornos sociales
en el IMPM-UPEL; y c) Teorías psicoeducativas para la reestructuración de
creencias asociadas al maltrato, que implica abordar el problema del maltrato
infantil desde otra perspectiva familiar, legal, social, psicológica, diferente a
la de penalizar, culpar y juzgar al maltratador, que permita la prevención del
maltrato mediante el desarrollo de habilidades necesarias para transformar
el repertorio conductual de los padres para enfrentar en forma cientíca la
variabilidad del comportamiento infantil y generar contextos favorables para
el surgimiento del buen trato entre la población infantil y adultos.
Armadas con herramientas similares asociadas a la etnografía como méto-
do cualitativo por excelencia, sin embargo, desde contextos e intencionalida-
des diferentes, nos enfrentamos a actores claves y situaciones de interacción
entre los investigados y los investigadores que implicaron retos disímiles para
acceder a la información que se requería para llevar a cabo los propósitos
planteados, por ello en un trabajo colectivo de confrontación de experien-
cias, de aciertos y errores, con una actitud hermenéutica logramos hacer una
lectura de los postulados básicos de la etnografía y de nuestras experiencias
como etnógrafas, para producir una deliberación sobre la relevancia que tie-
ne la creatividad del investigador para activar el potencial heurístico de la
etnografía como perspectiva-enfoque y como proceso de investigación.
Perspectiva teórica
Partimos de dos supuestos iniciales. En primer lugar, se considera que el n
último de toda investigación en las ciencias antroposociales es de una u otra
manera acceder al mundo simbólico del grupo que estudia. Ahora bien, en
sus planteamientos sobre lo simbólico Cassirer (1968, 1993) plantea cuatro
perspectivas o niveles: a) Imaginación/Pensamiento Simbólico, señalándolo
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como la capacidad exclusivamente humana de producir símbolos. b) Sistemas
o Universos simbólicos, como la construcción del mundo (interpretación –
signicación) que los colectivos humanos son capaces de desarrollar en torno
a una existencia material dada, vale decir, el sistema de percepción/compren-
sión/acción que un humano produce/reproduce en el contexto del colectivo
del cual forma parte. En este sentido lo simbólico puede ser interpretado como
la cultura, la concepción del mundo desde la cual se interactúa con el medio fí-
sico, con los otros humanos y con lo no material (deidades). c) Formas Simbó-
licas, siendo estas los “elementos” culturales concretos a través de los cuales se
expresa ese universo simbólico, son en denitiva los tipos y maneras simbólicas
de cada cultura. Y d) Símbolo: una parte del mundo, la cosa producida.
De esta manera, ante la diversidad de mundos simbólicos es posible pre-
sumir que la tarea del etnógrafo no puede estar prescrita o instrumentalizada,
pues aunque se establezcan unos principios generales, que en este caso sería
la etnografía, los mecanismos para acceder a esa diversidad deben responder
a alternativas creativas para lograr equilibrio entre teoría y campo, de manera
que la construcción de los “instrumentos” sea en función de un mundo sim-
bólico construido entre investigador e investigados, de lo contrario se corre
el riesgo de arribar a interpretaciones estandarizadas/homogéneas por lo que
no se logra el n último de la investigación etnográca.
En segundo lugar, se considera la creatividad, en los términos planteados
Velasco Tapia (s/f ), como la capacidad de producir cosas nuevas y valiosas,
asumiendo la palabra cosas en el sentido más amplio, que incluye práctica-
mente todo. Un método, un estilo, una relación, una actitud, una idea, es
decir, cabe considerar las creaciones no sólo por su fondo o contenido, sino
también por la sola forma; en nuestro caso concreto la capacidad de abrir
rutas para acceder a formas diferentes de pensar y actuar.
Perspectiva metodológica
Se desarrolla la construcción de los referentes epistemológicos en el mar-
co de una investigación fenomenológica – hermenéutica de acuerdo a lo
planteado por los autores Husseri, Heidegger, Ricoeur y Habermas citados
por Campero (2005) , quienes plantean como objetivo y temática de la fe-
nomenología el signicado de la experiencia humana, a su vez, en la herme-
néutica la comprensión de las acciones en el contexto, realizando énfasis en
el individuo y la experiencia subjetiva, el descubrimiento de la estructura de
signicado.
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La práctica de los ejercicios y la revisión de la literatura, se constituyó en
una ruta metodológica para el hallazgo de premisas, propuestas enriquecedo-
ras e innovadoras de acuerdo con los aportes de diferentes autores, así mismo,
diversas interpretaciones al respecto mediadas por enfoques y prácticas que
favorecen el debate epistemológico como herramienta de construcción de una
interpretación teórica- metodológica. Se denió la ruta teórica-metodológica
como una perspectiva que permiten explicar los alcances y signicados, enfati-
zando las interconexiones entre la teoría y la práctica; vale decir, entre lo que se
conceptualiza y lo ejecutado, fundamentado en las tendencias metodológicas
sobre realidades humanas, referida a orientaciones teóricas en torno a cómo
investigar y cómo desarrollar procedimientos que involucran la presencia real
de los sujetos de investigación y la interacción directa con el objeto de estudio.
Primera estación: Etnografía como perspectiva-enfoque
Dado que los problemas de investigación no se encuentran en el mundo
esperando a ser “descubiertos y estudiados” sino que son una construcción del
investigador en tanto que interesado por la producción del conocimiento cien-
tíco, la conguración del “problema, vale decir, el recorte de la realidad que se
pretende abordar implica necesariamente una postura ante esa realidad y sobre
todo una postura ante la relación entre lo que se ha denominado sujeto y objeto.
De allí que la disertación centrada en los procesos de construcción del problema
de investigación implico esclarecer y objetivar el lugar desde el cual se investiga.
En los tres casos de estudio, que conforman el corpus de este trabajo, el interés
estaba centrado en realidades e individuos que de una u otra manera forman parte
de la cotidianidad de las investigadoras, realidades e individuos con los que se
había interactuado por un periodo de tiempo considerable, con los cuales se ha-
bían desarrollado nexos, lo que representó concederle importancia a los espacios-
tiempos-culturales desde los cuales se construye el proceso de investigación, fue
necesario explicitar qué creemos ser y hacer en un lugar y momento determinado
de la existencia de una totalidad del mundo vivido, se asume entonces la categoría
“lugar de enunciación, de Walter Mignolo, quien señala que:
Así, el locus de enunciación es parte del proceso de conocimien-
to y comprensión que constituye al sujeto tanto como lo son los
datos para la construcción disciplinar (sociológica, antropológica,
histórica, semiológica, etc.). En consecuencia, el relato «cierto»
de un tema en la forma de conocimiento o comprensión será ne-
gociado en las respectivas comunidades de interpretación tanto
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para su correspondencia con lo que se considera real, como para
la legitimidad del locus de enunciación construido en el mismo
acto de describir un objeto o un sujeto. Además, el locus de enun-
ciación del discurso que está siendo leído no sería entendido en sí
mismo, sino en el contexto de los lugares de enunciación previos
que el discurso corriente refuta, corrige o despliega. Tanto el decir
(y la audiencia está incluida) como lo dicho (y el mundo al que se
reere) preservan o transforman la imagen de lo real construido
por el acto previo de decir. (2009: 193-194)
De manera que en la fase de planicación se apuntan elementos referidos
a: a) ¿quiénes son y cómo viven? los individuos que pasarían a ser sujetos-
objeto de la investigación; b) ¿cómo piensa y vive esa realidad la investigado-
ra?, como miembro de una sociedad – cultura en particular; c) ¿cuáles son los
propósitos?; y c) ¿por qué nos planteamos esta investigación?, en tanto estos
elementos, desde nuestra perspectiva, constituyen los aspectos claves para
esclarecer el locus de enunciación desde el cual se investiga, de esta manera
ser justos y equitativos con la audiencia que se constituye en interlocutor del
proceso de conocimiento y comprensión aquí desarrollado.
Este proceso, esta vía para la construcción del problema, se volvió cohe-
rente con la etnografía como perspectiva-enfoque, en tanto, desde las ciencias
antroposociales se ha venido reexionando sobre el principio epistemológico
de relación entre el objeto y el sujeto de investigación, el reconocimiento de
los seres humanos como productores de sentido y de la cultura como sistema
de símbolos o como tramas de signicación, que los mismos seres humanos
han tejido, lo que ha llevado a preguntarse por el lugar desde el cual se mira,
si los “objetos” de investigación tienen signicados que pueden ser develados
en una investigación, entonces ¿no los tienen también los “sujetos” que inves-
tigan?, cuando Geertz nos habla de que la etnografía es descripción densa,
está haciendo referencia a la relación entre los llamados objetos y sujetos, y
entre estos y la cultura como producción colectiva.
La etnografía como perspectiva-enfoque implica una forma de ver al “ob-
jeto” de investigación, considerándolo sujeto en todas sus dimensiones, pero
también implica asumirse como sujeto investigador de otra manera, propone
el proceso de investigación como un dialogo entre sujetos que conforman
parte de una cultura, la cual puede ser igual o diferente. Implica una relación
de sujeto-sujeto, de mismidad/otredad en relaciones horizontales, por ello:
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Esto signica, ante todo, un acercamiento que privilegia la proxi-
midad con lo estudiado y con los sujetos sociales. La proximidad
implica un contacto directo, observación y diálogo, reexión
y crítica. Implica también un cuidado y una atención particular
para conocer los modos de pensar, sentir y actuar de los sujetos de
estudio. Implica indagar el porqué de las actuaciones, motivacio-
nes e interpretaciones de los sujetos ante determinados procesos o
sucesos, con la convicción de que es allí donde se anclan las dispo-
siciones culturales que nos permiten entender los principios de la
organización social, donde subjetividad y estructura se anudan y
entrelazan. (Jimeno y otros, 2012: 11-12)
Así mismo, la etnografía como perspectiva-enfoque implica asumir que
la unidad de observación es el condicionante de los problemas teóricos y de
los procedimientos o secuencias operacionales de la investigación. Implica
reconocer y reexionar sobre la opacidad de la cultura y el lugar sociocultural
desde el cual se investiga o se es investigado. También implica reconocer que
en cierta medida lo que hacemos al investigar es intentar traducir los signi-
cados de esos otros a nuestros signicados.
Desde las características – cualidades señaladas en los párrafos anteriores
la etnografía como perspectiva-enfoque implica asumir que el etnógrafo, una
vez que ha reconocido las implicaciones de la relación “objeto” – “sujeto” de
investigación, y la condición de estos como integrantes de una cultura, cons-
tituye la principal herramienta de investigación en la ciencia antropológica,
por ello es fundamental que desarrolle la capacidad creativa para abrir rutas
de acceso a formas diferentes de pensar y actuar.
Área de trasbordo: La creatividad como construcción intersubjetiva
Siendo nuestro propósito evidenciar la relevancia que tiene la creatividad
del investigador para activar el potencial heurístico de la etnografía como
perspectiva-enfoque y como proceso de investigación, requerimos puntuali-
zar algunos elementos de nuestra perspectiva sobre la creatividad y como esta
constituye el enlace entre la etnografía como perspectiva-enfoque y como
proceso de investigación.
En nuestro caso abordamos la creatividad desde una perspectiva amplia,
asumiéndola como una capacidad inherente a la especie humana, como el ele-
mento fundamental en el proceso de humanización. Tal como lo expresa Freire:
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La curiosidad como inquietud indagadora, como inclinación al
desvelamiento de algo, como pregunta verbalizada o no, como
búsqueda de esclarecimiento, como señal de atención que sugiere
estar alerta, forma parte integrante del fenómeno vital. No habría
creatividad sin la curiosidad que nos mueve y que nos pone pa-
cientemente impacientes ante el mundo que no hicimos, al que
acrecentamos con algo que hacemos (Freire, 2004)
La creatividad, es entonces, la inquietud humana para producir: cultura, sím-
bolos y signicados, ideas y objetos que explican y transforman el mundo, para
luego cambiar y reordenar todo lo que se ha creado. Lo que nos lleva a reconocer
dos características fundamentales: que se produce en un contexto sociocultural
especíco, y que al igual que la cultura es aprendida y por tanto puede ser estimu-
lada o frenada por el mismo contexto en el cual se desenvuelve la persona.
De esta manera la creatividad del investigador, como promotor de un pro-
blema en las investigaciones antroposociales debe apuntar a promover un pro-
ceso intersubjetivo (técnicas e instrumentos de comunicación) que permita a
los involucrados la construcción de puentes para el intercambio de signica-
dos, esto es establecer los límites y/o componentes del problema, así como, los
resultados a partir de las redes de signicados de los sujetos actuantes.
Esta perspectiva de la creatividad y sus posibilidades de implementación
pasan por recalcar la condición de sujetos de los involucrados. Dado que se
concibe la realidad como una construcción social, que tanto los sujetos-obje-
tos de investigación, como los investigadores son participes de entramados de
signicados (de construcciones sociales) que pueden o no ser similares, pero
además que estas construcciones son colectivas y dinámicas en las cuales cada
sujeto tiene una participación activa, vale decir, no es reproductor mecánico
sino un interpretador – productor de su cultura; entonces la importancia de
los actores claves está asociada al lugar cultural” desde el cual construyen –
producen los “discursos” que se constituyen en datos para los estudios antro-
posociales; por ello nos resulta incongruente, odioso e injusto utilizar la de-
nominación “informantes” en tanto consideramos que esta categoría centra
el signicado en “el dato” que este sujeto nos puede aportar, y no en el lugar
del sujeto y la cualidad del dato que está dispuesto a aportarnos.
Consideramos que la denominación de “informante”, muy difundida a
nivel académico, nos remite a la idea (aunque quienes usan esa categoría no
siempre lo asuman así) de que esa persona nos provee datos sin subjetividad
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individual, nos informa, nos traduce o suministra los signicados, cuando en
realidad es un sujeto que desde un lugar particular dentro de su cultura, desde
una historia personal, versiona su interpretación de los hechos/fenómenos
sobre los que indagamos, de allí que postulamos que la noción de PERSO-
NAJE o ACTOR se ajustan más a la condición de sujetos pensantes – ac-
tivos, aun cuando su concepción del mundo, haya sido congurado dentro
de una cultura, esto también nos permite dar cuenta de los ujos existentes
entre individual/colectivo, recordando siempre que el trabajo con los actores
claves se enmarcan en un proceso más amplio de observación participante.
Para ampliar este planteamiento referido a los ujos existentes entre indi-
vidual/colectivo, son válidos también los planteamientos realizados por Díaz
de Rada (2006: 144-145) en relación con la categoría zona de experiencia:
Esta categoría es útil para comprender la vida social como un espacio. La
idea es que los sujetos operan «mapeando» su experiencia en zonas sig-
nicativamente diferenciadas. Por ejemplo, es probable que las zonas de
experiencia de una enfermera no coincidan con las de un médico, aunque
ambos trabajen aparentemente en el mismo espacio físico; y también es
posible que las zonas de experiencia de una enfermera novata no coinci-
dan con las de una enfermera que lleva toda su vida ejerciendo la profesión.
E n este sentido, la vida social es un juego de posiciones sociales en un espa-
cio social. Los sujetos ven su mundo de la vida desde diferentes posiciones
y actúan en él poniendo en juego diferentes códigos que resultan perti-
nentes a cada zona de experiencia. Como los futbolistas o los jugadores de
baloncesto, los sujetos sociales son competentes en sus zonas, pues es ahí
donde mejor conocen las reglas del juego social; y seguramente resultan
relativamente incompetentes cuando son forzados por las circunstancias
a jugar en las zonas de los otros, que para ellos son nuevas. Esto es lo que
quieren decir Hammersley y Atkinson cuando arman: «los actores del
campo (...) intentarán situar al etnógrafo en su zona de experiencia», o
sea, llevarlo a su terreno. La denición práctica de las zonas de experien-
cia entraña siempre problemas de poder, en la medida en que presupone
el ejercicio de un dominio simbólico sobre nuestras capacidades sociales
y sobre las capacidades de los otros. Aunque el concepto «zona de expe-
riencia» apunta hacia dimensiones muy subjetivas de la acción, es pre-
ciso señalar que se trata también de un concepto inter-subjetivo. Puesto
que nunca estamos totalmente solos en la denición de nuestro mundo
social, nuestras zonas de experiencia son el resultado de una negociación
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constante sobre las reglas de un juego social en el que diferentes sujetos
intentan aprovechar sus recursos para denir de qué juego se trata en cada
caso. Y también: a pesar de la apariencia subjetiva del concepto, es muy
posible que sujetos que viven en condiciones similares compartan amplios
espacios de sus zonas de experiencia, formando así lo que con un concepto
clásico podría denominarse una clase social.
Segunda estación: Etnografía como método
La etnografía como método hace referencia a la elección de técnicas, he-
rramientas e instrumentos para la recolección de la información, es decir, nos
remite a las secuencias operacionales concretas en el trabajo de campo. De
allí que sea fundamental que nos preguntemos cuáles son las circunstancias,
procedimientos y características más apropiadas para la recolección de los
datos, que atendamos recomendaciones para direccionar la mirada, es decir,
saber: ¿qué?, ¿cuándo?, ¿dónde?, ¿cómo?, ¿a quién? y ¿por qué? preguntar,
observar y registrar durante el trabajo de campo.
La observación participante, desde la antropología, constituye un espacio
o instancia de imbricación entre la etnografía como perspectiva-enfoque y
la etnografía como método, en tanto nos lleva a reexionar y actuar (saber y
hacer) en función de la opacidad de la cultura y el lugar sociocultural desde
el cual se investiga o se es investigado, pero al mismo tiempo nos remite a los
procedimientos necesarios para acceder a las informaciones. De esta manera la
observación participante constituye el origen y consecuencia de que el etnógra-
fo – investigador sea el principal instrumento en la investigación antropológica.
Expliquemos esto a partir de un ejemplo, al estudiar las relaciones entre los sis-
temas sociales y los ecosistemas, algunos autores, identican tres fases generales:
apropiadoras, productoras y transformadoras. El rol del etgrafo en el campo,
metafóricamente puede ser denominado “cazadores, pescadores y recolectores,
dado que las poblaciones humanas que practican estas actividades son las que co-
rresponden a la fase de relaciones apropiadoras, se caracterizan por presentar una
organización social basada en relaciones comunitarias, recíprocas, cooperativas y
solidarias; lo cual a nuestro juicio constituiría el ideal del proceso de investigación
en el sentido que cuando abordamos un contexto sociocultural debemos desarro-
llar este tipo de relaciones, tal como lo hemos venido planteando.
Así mismo, porque las investigaciones antroposociales son en algún sentido
(por lo menos el ideal) un proceso de apropiación de signicados; vale decir,
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que en ese espacio – contexto seleccionado, como campo de trabajo, se encuen-
tran los insumos/datos que nos permitirán acceder a los signicados que se as-
pira debelar, lo que requerimos es conocer, construir y aprehender la diversidad
de técnicas, herramientas e instrumentos. Aunque, estamos conscientes que:
El etgrafo cuidadoso tendrá en cuenta que todos los tipos de
datos presentan problemas, todos son producidos socialmente, y
ninguno puede ser tratado de forma neutral como no problemá-
tico, o como si fuera una representación transparente de la “reali-
dad”. (Hammersley y Atkinson, en Díaz de Rada, 2007: 11)
Por lo que es claro que la implementación de técnicas, instrumentos y herra-
mientas es también un proceso de producción creativa, en el cual se “cultivan y con-
feccionan datos, es decir, se encuentran las características de la fase de productores.
Un puerto para llegar, no para permanecer
Considerando las relaciones entre investigados – investigador, como una
dinámica de construcción comunicativa en la cual se produce un espacio de
encuentro simétrico (en condiciones de igualdad) para acceder a una versión
de los signicados, podemos concluir que el proceso de construcción de los
instrumentos es una alegoría a lo que interpretamos de los planteamientos
que realiza Quintero Weir (2005) sobre el signicado que hablar tiene para el
pueblo añu. Este autor, desde una perspectiva antropolingüística, señala que
el pueblo añu ha desarrollado un principio cultural que denomina cortar/
compartir el cual se reeja en diferentes ámbitos de la vida social del grupo
(construcción de viviendas, relaciones de parentesco, conformación de las co-
munidades, conguración del espacio, actividades económicas, entre otras)
que expresan su forma de hacer el mundo. De allí que hablar sea cortar/
compartir lengua, es decir, hacer el mundo, de manera colectiva desde una
cosmovivencia especíca, en el intercambio del discurso. Esta interpretación
nos parece excepcional para explicar, y llenar de signicado, la armación de
que en las investigaciones antroposociales la efectividad de las técnicas es di-
rectamente proporcional a la capacidad del investigador para lograr sintonía
con el contexto socio-simbólico del grupo y del actor clave con el cual com-
parte, de allí que es la creatividad del investigador para interactuar con los
actores clave y el mundo en estudio lo que determina potencial heurístico de
la etnografía, vale decir, lo que permite a la etnografía ser un método efectivo
para resolver los problemas que el investigador se plantea.
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