
Perspectivas. Revista de Historia, Geografía, Arte y Cultura
Año 5 N° 10/ Julio-Diciembre 2017 / ISSN: 2343-6271
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nuestros más insignes pensadores, como es el caso de Martí (1891), quien
planteó: “La universidad europea ha de ceder a la universidad americana. La
historia de América, de los incas acá, ha de enseñarse al dedillo, aunque no se
enseñe la de los arcontes de Grecia. Nuestra Grecia es preferible a la Grecia
que no es nuestra. Nos es más necesaria... Injértese en nuestras repúblicas el
mundo; pero el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas”
La educación entendida en estos términos losócos desde el pensamien-
to de Martí (1891), tiene como sustento la identidad cultural que nos dene
como sujetos plurales nuestroamericanos, que intenta trascender la ideolo-
gía de los colonialistas occidentales, por ello, su proyecto político, ético y
educativo va dirigido a los excluidos de siempre, que él llamó los pobres de la
tierras, en este sentido la educación decolonial, se nutre de la realidad histó-
rica, como de la idiosincrasia, costumbres y valores en la cual se encuentra
inmersa, esta no es más que la lucha por la justicia, igualdad, libertad, pero en
particular por la verdadera emancipación de los pueblos.
Por otra parte, la educación universitaria requiere transitar por modelos
epistémicos alternativos y emancipatorios que le permita superar la lógica de
los centros hegemónicos de poder sustentado por la colonialidad del saber
aun presente en la estructura curricular, académica y política del alma mater.
Esto implica, consolidar una pedagogía crítica, que reconozca que la ciencia
debe ser entendida desde lo trasdisciplinario e interdisciplinario, para traba-
jar con la multiplicidad de métodos, técnicas, procedimientos, experiencias y
sabidurías existentes tanto para la ciencia misma como para la sociedad. Por
lo que se hace esencial, como lo expresa Castro Gómez (2007), una educa-
ción transcultural, que no es más que la convivencia de diversas perspectivas
culturales, cosmovisiones, saberes y creencias no occidental con los postula-
dos de la ciencia occidental y su quehacer investigativo y tecnológico.
En este sentido, de lo que se trata de establecer puntos de encuentros y des-
encuentros con las formas de entender, percibir y explicar el mundo, desde las
miradas no occidentales y occidentales, si bien es cierto que, nuestro plantea-
miento, es una clara denuncia al eurocentrismo y occidentalismo, también se
reconoce que de lo que se trata es la no imposición conjuntamente yuxtaposi-
ción de una cultura sobre otra, sino de valorar lo que cada cultura tiene, lo que
aporta, no solo a la ciencia, sino también a la convivencia política, social y eco-
nómica de las sociedades y del equilibrio permanente con el resto de los seres
vivos, que nos permite transitar desde un antropocentrismo a un biocentrismo.