Perspectivas: Revista de Historia, Geografía, Arte y Cultura
Año 5 N° 10/ Julio-Diciembre 2017, pp. 99-114
Universidad Nacional Experimental Rafael María Baralt
ISSN: 2343-6271
* Licenciado y Magíster en Filosofía de la Universidad del Zulia, Doctor en Ciencias Filosócas del Insti-
tuto de Filosofía de Cuba. Doctor en Ciencias Gerenciales. Postdoctorado en Ciencias Humanas. Pro-
fesor Titular de la Universidad del Zulia. Vice-Rector Académico UNERMB. Jefe de Departamen-
to de Filosofía Latinoamericana. Director-Editor del Centro de Estudios Filosócos “Adolfo García
Díaz” y de la Revista de Filosofía. Profesor invitado de la Maestría en Filosofía, Mención Pensamiento
Latinoamericano (UNICA), Doctorado en Ciencias para el Desarrollo Estratégico de la UBV Sede
Zulia, Doctorado en Educación (UNERMB) y del Doctorado en Ciencias Humanas (LUZ).
Recibido: 15/03/2017
Aceptado: 15/05/2017
Decolonización epistémica, ontológica y
política en la educación universitaria
Johan MÉNDEZ REYES*
Universidad del Zulia
Universidad Nacional Experimental Rafael María Baralt
reymanjoh@hotmail.com
Resumen
El pensamiento moderno occidental representó, para los pueblos del sur, una hegemonía cultural,
política, social, producto de la instalación de la racionalidad instrumental en nuestras sociedades,
por encima de los diversos saberes y expresiones milenarias de probada fecundidad, invisibilizando,
marginado y excluyendo las diferentes perspectiva cognoscitivas propias de las culturas no occiden-
tal. Desde este marco de ideas, esta investigación, tiene como objetivo analizar la decolonización del
saber, ser y poder para consolidar un proyecto transformador y emancipador desde la educación
universitaria. El enfoque metodológico se inserta en la tradición cualitativa, especícamente desde
la hermenéutica losóca. La conclusión más representativa del mismo, nos lleva a reconocer lo
vital que implica para los pueblos del sur, desarrollar un pensamiento educativo universitario deco-
lonial como proyecto ético, político, ecológico desde la interculturalidad otra.
Palabras clave: decolonización, interculturalidad otra, educación universitaria.
Epistemic, ontological and political decolonization in university education
Abstract
Western modern thought represented, for the peoples of the south, a cultural, political, and
social hegemony, the product of the installation of instrumental rationality in our societies, over
and above the dierent millenary knowledge and expressions of proven fertility, invisibilizing,
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marginalizing and excluding the dierent cognitive perspectives of non-Western cultures. From
this framework of ideas, this research, aims to analyze the decolonization of knowledge, being
and power to consolidate a transformative and emancipatory project from university education.
e methodological approach is inserted in the qualitative tradition, specically from the phi-
losophical hermeneutics. e most representative conclusion of the same one, takes us to recog-
nize the vital thing that it implies for the towns of the south, to develop a decolonial university
educational thought as ethical, political, ecological project from the interculturality other.
Keywords: decolonization, interculturality, other, university education.
Introducción
La historia del pensamiento crítico latinoamericano, además de sistema-
tizar las distintas etapas, momentos y problemas del quehacer losóco en
nuestros países, nos ha develado, lo característico y particular del losofar en
nuestra América, como lo es la reexión emancipadora y libertaria, aunado
a ello, en las últimas décadas del siglo XX, muchos han sido los trabajos que
se enmarca en la preocupación por superar la colonialidad del poder, ser y
saber desarrollada por los grandes centros hegemónicos, autores como Dus-
sel (1998), Quijano (2000), Castro-Gómez (2007), Maldonado (2007), De
Sousa (2010) Walsh (2012) Mignolo (2013) y Méndez (2014), entre otros,
proponiendo proyectos desde lo decolonial que apunta a aspecto político,
social, culturales, económicos, religiosos e incluso losócos, para ello se bus-
ca desde este pensamiento crítico trascender los postulados de la colonialidad
del saber como matriz colonial del poder, a través de una pedagogía basada en
el diálogo de saberes y en la interculturalidad otra.
En este sentido, este trabajo tiene como objetivo analizar la decoloni-
zación del saber, ser y poder para consolidar un proyecto transformador y
emancipador desde la educación universitaria. El enfoque metodológico se
inserta en la tradición cualitativa, especícamente desde la hermenéutica lo-
sóca. La investigación se ha dividido en seis apartados que van desde como
caracterizar el pensamiento decolonial en nuestra América hasta la propuesta
de la decolonización de la educación universitaria.
Pensamiento decolonial en nuestra América
El pensamiento decolonial, para Méndez (2014) representa no solo una
crítica a la colonialidad del poder y el saber, sino también recoge el ideario de
la tradición del pensamiento crítico latinoamericano de impulsar proyectos
emancipadores que trascienda la hegemonía epistémica eurocéntrica, articu-
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lando con otras formar de conocimientos y epistemes negada e invisibilidad
por los centros hegemónicos del saber. Pensar en clave decolonial, es tam-
bién, asumir una postura política y ética de liberación frente a los atropellos
del capitalismo neoliberal.
Para Mignolo (2013) la decolonialidad tiene su punto de origen en el Terc-
er Mundo, surgió en el mismo momento en que la división en tres mundos se
desmoronaba y se celebraba el n de la historia y de un nuevo orden mundial.
Las bases históricas de la modernidad, la posmodernidad y la altermoderni-
dad -donde ¨biopolítica¨ tiene su hogar- se encuentran en la Ilustración y la
Revolución Francesa. Las bases históricas de la decolonialidad se encuentran
en la Conferencia de Bandung de 1955, en la cual se reunieron 29 países de
Asia y África. El principal objetivo de la conferencia era encontrar las bases
y la visión común de un futuro que no fuera ni capitalista ni comunista. El
camino que hallaron fue la ‘decolonización. No se trataba de una ‘tercera vía
à la Giddens, sino de desprenderse de las dos principales macronarrativas oc-
cidentales. Fue imitada por la conferencia de los Países No Alineados que tuvo
lugar en Belgrado en 1961, en la cual varios países latinoamericanos sumaron
sus fuerzas a los asiáticos y africanos; el pensamiento decolonial está hoy com-
prometido con la igualdad global y la justicia económica, pero armando que
la democracia occidental y el socialismo no son los únicos dos modelos con los
que orientar nuestro pensamiento y nuestro hacer. Los argumentos, siguendo
a Mignolo (2013), decoloniales promueven lo comunal como otra opción
junto al capitalismo y al comunismo. En el espíritu de Bandung, el intelectual
aymara Simón Yampara aclara que los aymara no son ni capitalistas ni comu-
nistas. Promueven el pensamiento decolonial y el hacer comunal
1
.
Por otra parte, los antecedentes del pensamiento decolonial surgieron des-
de los planteamientos de Guamán Poma de Ayala en la Nueva Corónica y Buen
Gobierno; en el tratado político de Ottobah Cugoano; en el activismo y la
crítica descolonial de Mahatma Ghandi; en la lectura original del marxismo
en su relación al contexto social, cultural y político indoamericano de José Car-
los Mariátegui; en la política radical el giro epistemológico de Amilcar Cabral,
Aimé Césaire, Frantz Fanon, entre otros. Es por ello, que, este pensamiento,
según Méndez (2014) implica desprenderse de la epistemología de la moderni-
dad occidental; lo que nos mueve a producir y transformar un conocimiento
1 Sobre la opción decolonial tal y como la describe Simón Yampara y la refrendan muchos in-
telectuales y activistas aymara y quechua, véase Jaime E. Flores Pinto,“Sociología del Ayllu
(http://rcci.net/globalizacion/2009/fg919.htm). Véase también el artículo “e Communal
and the Decolonial” (http://turbulence.org.uk/turbulence-5/decolonial/).
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que no dependa del orden de la colonialidad del saber, ni de sus problemas, por
el contrario, debe dar respuesta a las necesidades de las diferencias coloniales.
Siguiendo este marco de ideas, Mignolo (2013) considera que la deco-
lonialidad no ve sólo sujetos abstractos o unidos por intereses de clase, sino
sujetos y comunidades diferenciadas por jerarquías de distinto tipo implan-
tadas en gran parte por la modernidad. Son estas jerarquías las que terminan
otorgándole más libertad a unos que a otros, o más o menos relevancia en la
lucha de clases. La decolonización busca crear un mundo donde la donación
generosa y la receptividad entre sujetos múltiples y diferentes pueda llevarse
a cabo, lo que conlleva tanto el reconocimiento de la dignidad de cada una
y uno, y la redistribución de los bienes concentrados en las manos de pocos.
En este sentido, la decolonización en nuestra América, nos lleva referenci-
ar un proceso histórico que se inicia con la llegada de los colonizadores a par-
tir de 1492, quienes algunas culturas originarias de estos territorios pusieron
resistencia al desembarco y posterior ocupación colonial del “nuevo mundo.
Por supuesto el costo de esa actitud rebelde, anti hegemónica, fue terrible y
es que los colonizadores no fueron nada sutiles (ni lo son aún) con quienes
se atreven a oponerse a sus designios y esa misma falta de sutileza terminan
extendiéndola a todos los habitantes de las tierras ocupadas.
La decolonización como el proceso político busca poner n a dicha situación
en nuestro continente, logrando darle cierto grado de soberanía e independen-
cia a las naciones que se conformaron en el territorio de Abya Yala, sin embargo,
Choque (2010) considera que “la situación colonial ejerce una gran inuencia,
afectando a todas las instancias de la sociedad, puesto que cada tipo de coloni-
zación posee las características de una “experimentación” obligada y compleja.
En este sentido, quienes asumen la tarea de practicar un pensamiento con-
trahegemónico, tienen el desafío de romper con los esquemas colonialistas
en todos los aspectos; por ello, para la losofía latinoamericana, la decoloni-
zación del poder, la decolonización del saber y la decolonización del ser, son
las formas fundamentales como se ha de abordar la decolonización, dado que
es en esas tres formas donde subsiste la colonialidad como remanente de los
procesos colonizadores que se vivieron en nuestros territorios
En este sentido categorías como: descolonizado, poscolonial, decolo-
nialidad/colonialidad, asumen “matices” diferenciables y propias de análi-
sis
2
como por ejemplo, lo poscolonial se reere fundamentalmente a teorías
2 Véase, la red de investigación modernidad/colonialidad del cual hemos tomado buena parte de
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que sostienen el nal de la colonización y a las teorías que se autodenominan
posmodernas, por lo cual, en el criterio de la losofía latinoamericana y el
pensamiento decolonial, estas siguen siendo categorías que buscan preser-
var el dominio, dado que; lo poscolonial sobrevive a lo colonial y se sostiene
en lo que fueron los preceptos colonizadores para mantener su hegemonía,
negando la herida colonial
3
; estas dos maneras de percibir dicha categoría no
aporta los referentes necesarios que requiere el pensar latinoamericano para
la decolonización del poder, saber y ser.
Decolonización política
También, entendida como decolonización del poder, esta se centra en el
rompimiento de los patrones de poder que aún persisten en nuestra América,
producto de la herencia arraigada en nuestras sociedades y por el proceso his-
tórico que se ha señalado. Estos patrones de poder se maniestan en las formas
autoritarias patriarcales y racistas de organización social; en las formas de go-
bierno y en las variadas categorías políticas, jurídicas, económicas; es decir en
todo nuestro ámbito cultural. Siendo así la descolonización del poder pasa por
reconocer e identicar donde esta se maniesta; y es que para luchar contra el
machismo, por ejemplo, se debe asumir conciencia sobre la existencia de este;
es decir si no nos educamos y aprendemos sobre las luchas feministas, pode-
mos ser reproductores de prácticas machitas y patriarcales de manera incons-
ciente. Pero esto es válido, no solo para el machismo, también lo es para la dis-
criminación, el racismo, homofobia y todo tipo de subordinación y/o sumisión
en la que se pretenda colocar la condición de un ser humano por encima de la
de otro. De allí la importancia que tienen los estudios que al respecto presen-
tan pensadores como: Aníbal Quijano, Enrique Dussel, Franz Hinkelammert,
Katherine Walsh y muchos otros que forman parte del pensamiento decolonial
En el caso de Quijano (2000), la idea de raza es fundamental para la estructura
del poder colonial, siendo que esta categoría al asumir su “existencia” inmediata-
mente sobre pone la condición de un ser a otro, es decir, se niega desde el plano
ontológico una subjetividad por otra; es decir, el sujeto colonial eurocentrado,
niega la subjetividad del colonizado, racializado y esclavizado. En tal sentido la
idea de raza “ha demostrado ser el más ecaz y perdurable instrumento de domi-
los referentes teóricos que hemos desarrollado en el presente capítulo, como se puede eviden-
ciar en las sucesivas citas.
3 Sobre la herida colonial se entiende por ejemplo, el desplazamiento forzado que aún persiste de
muchas poblaciones que son víctimas de grandes terratenientes y/o demarcaciones fronterizas.
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nación universal” (Quijano, 2010: 203) un ejemplo de ello es que aún se observa
en nuestro continente, formularios de datos personales, donde se solicita a quie-
nes lo llenan, la “raza” a cual pertenecen e incluso se realizan censos donde se con-
funde o aplica de forma indistinta el concepto de “etnia” por el de “raza” y lo peor
de esos censos es que son realizados y patrocinados por entes gubernamentales.
Así como ocurre con la categorización racial ocurre con el lenguaje, el idioma que
tenemos como ocial de forma mayoritaria en América latina es sin duda el que
nos fue dado por los colonizadores y en él existe una cantidad de vocablos con las
cuales las feministas no se sienten representadas.
Por ello, la decolonización del poder, representa una estructura de do-
minio de la modernidad de la cual se debe seguir cuestionando desde los
distintos proyectos emancipatarios de nuestra América, que transita desde
la autodeterminación de los pueblos, como de los diálogos interculturales.
Decolonización epistemológica
Por otra parte, la decolonización del saber, se entiende por decolonización
del saber a la posición que busca desmontar la tesis socio histórica que se produ-
jo con la conquista donde se coloca a las poblaciones sometidas en una posición
donde sus conocimientos no forman un conjunto sistemático válido para la
explicación de sus realidades, por ende, han de aceptar (por las buenas o por las
malas) los preceptos legitimadores del régimen colonial como la panacea de las
disyuntivas que les sobrevienen a las comunidades del Abya Yala.
En este sentido, se construye una narrativa histórica en la cual los pueblos
sometidos, colonizados, racializados no tienen historia y esta comienza desde
el momento en que son “descubiertos”, pero no una historia que puedan cons-
truir por sí mismos, sino que se construye a partir del dictamen del colonizador
europeo, teniendo como centro de todo acontecimiento a Europa. Ahora bien,
este precepto utilizado para el acontecimiento histórico, es el mismo para todo
tipo de conocimiento, más aún para el cientíco; y es que la ciencia occidental es
erigida como el único conocimiento válido con criterio epistémico, para el colo-
nizador, según Castro-Gómez (2007) “los conocimientos que vienen ligados a
saberes ancestrales, o a tradiciones culturales lejanas o exóticas, son vistos como
doxa, es decir, como un obstáculo epistemológico que debe ser superado.
A partir de este precepto, “la ciencia moderna occidental”, como lo explica
Castro-Gómez (2007), con la metáfora de la hybris del punto cero, pretende
ubicarse en el punto cero de observación para ser como Dios; pero como le
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sucede a los mortales cuando quien ser como los dioses y no tienen la capa-
cidad de serlo, terminan incurriendo en el pecado de la hybris; así mismo le
termina ocurriendo, para este autor, a toda la ciencia occidental “ pretender
hacerse un punto de vista sobre los demás puntos de vista, pero sin que de ese
puno de vista pueda tenerse un punto de vista
Otra característica importante de la decolonización del saber, es la asun-
ción plena de que ningún saber está sobre puesto a otro saber, por ejemplo:
cuando las culturas nativas del Abya Yala, para Piñacue (2014) “tienen es-
pecicidades y formas diferentes de ver el mundo, se supone el pensamiento
con una lógica diferente que se enfrenta a la lógica cientíca eurocéntrica” lo
cual indica que este enfrentamiento no es para subyugarlo, pero si para supe-
rarlo como praxis decolonial y epistémica, ya que el pensamiento decolonial
no es un pensamiento arrollador como se ha venido armando.
Cuando la pretensión es crear un mundo diferente, frenando mucho antes de
acercarnos al abismo si es necesario, mal podría ser el resultado si se reproducen las
practicas que se cuestionan y buscan corregirse; por lo tanto, está negado desde el
pensar decolonial incurrir en la subalternización de saberes como lo hicieron los
colonizadores al llegar a estos territorios y como pretende seguir haciendo el euro-
centrismo/imperialismo occidentalcéntrico, representado en algunos “académicos
e intelectuales” defensores de este tipo de racionalidad instrumentalizada.
Un aspecto fundamental para entender la decolonización del saber es lo
relacionado con la geopolítica del conocimiento, en efecto, la idea de Améri-
ca Latina, siguiendo a Mignolo (2007) surge de un entramado, producto de
la imposición imperial/colonial europea, ya que: “después de todo, el conti-
nente americano existe solo como una consecuencia de la expansión colonial
europea y los relatos de esa expansión desde el punto de vista europeo, esto
no es más, según Dussel (1998) que la propuesta hegemónica de la moderni-
dad que desde la racionalidad eurocéntrica ha impulsado convertir a América
Latina en periferia, es decir como espacio geográco que está alrededor del
sistema mundo, por lo tanto no es ni será centro ya que es una posibilidad que
le está negada, incluso algunos intelectuales conservadores asumen la validez
de esa postura colonial y se esfuerzan por ser modernos, reforzando así la
colonialidad del saber. De tal manera que para la decolonización del saber,
al decir de Garcés (2007) “hay que partir del hecho de que la historia del
conocimiento está marcada geo-históricamente, tiene valor atribuido y un
determinado lugar de origen; no existe el conocimiento abstracto ni deslo-
calizado” es así que la deslocalización al igual que la metáfora del punto cero,
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debemos verla como lo que son: falacias impositivas de la modernidad, a la
cual debemos cuestionar desde la perspectiva crítica decolonial.
Decolonización ontológica
En relación a lo antes expuesto, referido a la decolonización del poder
y del saber y contextualizando lo que implicó la colonización para nuestra
América, la irrupción de forma violenta en cada una de ellas; ontológicamen-
te la situación es similar, el ser no va a operar de forma distinta y es que en
el caso de la colonización del ser, Batres (2014) plantea que esta modicó
en denitiva la experiencia de vida de los pueblos y naciones colonizadas
imponiéndoseles formas de pensar, sentir, estar y por supuesto “ser” distintas,
desconocidas y rechazadas por estos, de ahí la forma violenta de imposición.
Para recurrir a tal colonización, el poder imperial-colonizador-genocida, re-
curre en primera instancia al “estar”, se cuestiona los modos en que los habitan-
tes del Abya Yala asumían su relación con la naturaleza y el espacio geográco,
se les llamó atrasados por no tener una visión antropocéntrica del mundo, se les
calicó de ingenuos por no destruir su entorno e incluso se les negó su huma-
nidad por no apegarse a los designios de un Dios castigador;
4
es decir la acti-
tud asumida por los amerindios, no permitía que se les diera rango ontológico
como sujetos y por tanto carecían de reconocimiento. Ahora bien, para que
la colonización se completase, se recurrió a distintas formas de diferenciación
humana, siendo las más representativas las de: genero, raza, casta y sexualidad,
en este sentido, se ataca la subjetividad, ya no desde el estar, sino desde la condi-
ción activa del accionar desde los distintos sujetos en el mundo, pero dicho ac-
cionar será una imposición que se dará, como dice Maldonado (2007) en “un
mundo denido por sujetos que se conciben como criaturas divinas o alter egos
de distintos rangos” … “viene a ser formado por relaciones sociales que elevan a
un grupo a nivel de divinidad y que someten a otros al inerno de la esclavitud
racial, la violación y el colonialismo perpetuo.
Por lo expuesto es evidente que la decolonización del ser, también sigue
siendo una tarea pendiente que no ha de abandonar la losofía latinoame-
ricana y es que en denitiva, para Maldonado (2007) “la aspiración funda-
4 Sobre ese aspecto véase la tesis de Fernando Mires referida a la teología de la esclavitud, donde
uno de los argumentos utilizados por los obispos de la época, fue el de “castigar los pecados.
Según ellos, los aborígenes eran culpables de muchos pecados, siendo los principales la idola-
tría y determinadas prácticas sexuales que no correspondían con las rígidas pautas medievales
españolas. De acuerdo con este argumento los españoles habían llegado a América en un papel
de “brazos vengadores de Dios. Cfr. Mires, (2007).
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mental de la descolonización consiste en la restauración del orden humano a
condiciones en las cuales los sujetos puedan dar y recibir libremente.
Pensamiento abismal
Aquí la propuesta sociológica y losóca que desarrolla De Sousa (2010),
es fundamental para explicar como el pensamiento abismal o colonial es una
de las tantas formas de pensamiento abismal que han existido y existen en el
mundo, el calicativo de abismal es porque sin ninguna duda este tipo de
pensamiento solo tiene un destino posible y es el abismo.
Para los pueblos del sur de este continente la reproducción de este tipo de pen-
samiento tiene sus antecedentes desde 1492 como hecho paralelo al surgimiento
del pensar racional moderno, es decir: la modernidad
5
; conjuntamente con su cara
oculta, para Mignolo (1999) la colonialidad, nace de la depredación y la guerra,
continuando su marcha por todo el continente hasta llegar a otros continentes; es
decir el pensamiento colonial/abismal y sus formas básicas de organización social,
lograron imponerse en cada espacio geográco ocupado. Basta con observar las
formas de imposición en lo político, económico y cultural de los grandes centros
de poder, representado en naciones con sociedades extremadamente militarizadas,
al resto de las naciones del orbe. De los ejemplos más palpables tenemos: las gue-
rras impulsadas por la OTAN en todo el medio oriente o el desmembramiento
de naciones como la antigua Yugoslavia o República Checa. Pero para no ir muy
lejos de nuestro continente, ejemplos sobran: Intervenciones militares directas e
indirectas en todo Centro América, Golpes de estado en el cono sur, con sus res-
pectiva instauración de gobiernos dictatoriales militares de los cuales, todavía hoy
se sufren las consecuencias; Intervenciones mercantilistas a través de trasnaciona-
les petroleras, mineras y secuestradoras de alimentos bajo las leyes coloniales de
patentes; bases militares, bajo la excusa y pretexto de lucha contra el terrorismo y
narcotráco, los cuales a su vez son promovidos por ellos mismos.
Por otra parte, también se da el colonialismo directo y sin muchos eufe-
mismos; “hasta la fecha, 26 países y territorios de ultramar (PTU) externos
a Europa están vinculados constitucionalmente a cuatro estados de la Unión
Europea” (Genderen 2012) lo más emblemático de todo es este escenario que
se hace bajo el manto de una legalidad, que por supuesto solo es posible, gracias
a la existencia de un pensamiento de tipo abismal que tiene su origen, en el pe-
5 Sobre el surgimiento de la modernidad y el capitalismo como sistema de apropiación y acumu-
lación originaria a causa de la conquista de los territorios de América, véase la red modernidad/
colonialidad d la cual ya he hecho referencia en el presente trabajo.
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ríodo colonial, puesto que “las colonias proveyeron un modelo de exclusión ra-
dical que prevalece hoy en día en el pensamiento y práctica occidental moderna
como lo hicieran en el ciclo colonial”, tal como lo plantea De Sousa (2010).
Para este autor, otras de las formas en que se maniesta esa racionalidad
destructiva es en “las discriminaciones sexuales y raciales, en la esfera pública
y privada, en las zonas salvajes de las mega ciudades, en los guetos, en las fábri-
cas de explotación, en las prisiones, en las nuevas formas de esclavitud, en el
mercado negro de órganos humanos, en el trabajo infantil y la prostitución.
En tal sentido, para hablar de justicia, de valores, de principios rectores
válidos para toda la humanidad, es necesario superar los pensamientos de
tipo abismal y en el caso del pensamiento colonial, según León (2012) “los
pueblos latinoamericanos siguen en resistencia, pues aún inmersos en uno
de los procesos de cambios más sustantivos del mundo confrontan unos po-
deres capitalistas y neocoloniales dispuestos a todo para mantener el con-
trol a escala global”
esto es indicativo de algo muy importante, de lo que ya
hemos mencionado, las pretensiones que siempre tiene el poder colonial de
retornar, no solo desde lo político sino también desde lo epistemológico; en
otras palabras, retornar porque aún siendo derrotados con sus argumentos,
por ejemplo la democracia, estos no cesan en su intensión de imponerse;
pero el colonial cuando retorna no solo lo hace en los territorios coloniales
anteriores, como lo señala De Sousa (2010) sino también en las sociedades
metropolitanas reproduciendo con mayor fuerza las prácticas que se señaló
al inicio de este punto.
De todo esto se desprende la necesidad de un pensamiento decolonial
con propuestas liberadoras, emancipadoras y libertarias donde se enarbole,
según Mignolo (2007) “la bandera de la universalidad decolonial frente a la
bandera y los tanques de la universalidad imperial. Un pensamiento deco-
lonial también implica, Prada (2011) “la desconstitución de subjetividades
sumisas, domesticadas y sometidas así como la constitución de subjetivida-
des de resistencias, de emancipación, abiertas distintos posicionamientos
del sujeto liberado, en sus condiciones individuales, grupales y colectivas
comunitarias y multitudinarias”. El pensamiento decolonial es pues, más
que un freno antes del abismo es un cambio de dirección hacia un camino
incierto pero distinto y con un trayecto incalculable donde el horizonte se
muestra innito semejante a un mar de posibilidades, pero lo más impor-
tante con esperanza.
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Decolonización de la educación universitaria en nuestra América
Decolonizar la educación en las universidades en nuestra América, impli-
ca la consolidación de un pensamiento político, ético y losóco que asuma
las situaciones y realidades que nos caracterizan como pueblo heterogéneo,
diverso e intercultural, lo que implica superar la colonización eurocéntrica y
construir sociedades que no sea calco ni copia, sino creación heroica, como
lo planteaba Mariátegui (2001). Por lo que se hace pertinente promover una
perspectiva crítica emancipadora, que coadyuve a trascender el tutelaje de los
grandes centros hegemónico de poder, que por su arrogancia gnoseológica
han pretendido invisibilizar a las diversas culturas de nuestra América, lo que
nos mueve a impulsar proyectos decoloniales con claro énfasis en una episte-
mología del sur para la obtención de una verdadera independencia.
En este sentido, para construir un proyecto decolonial para la educación
universitaria, se hace vital romper con los viejos esquemas epistémicos del
pensamiento eurocéntrico para transitar hacia una pedagogía crítica que in-
cluya y reconozca las características culturales, sociales, políticas y éticas de
los pueblos del sur. Lo que quiere decir, estar inmerso en una perspectiva que
no brote de la historia sancionada como universal ni de la cultura que hasta
ahora ha determinado con predominio casi exclusivo el curso de los pensa de
estudios universitarios, tal como lo plantea Méndez (2012) sino que proven-
ga precisamente de horizontes culturales distintos que hasta ahora no habían
sido tomados en cuenta en nuestras universidades.
Sin lugar a dudas, la educación universitaria analizada desde el proyecto
decolonial, involucra aspectos desde la didáctica, planicación, estrategias y
evaluación desde un enfoque otro, crítico y emergente que busca desentrañar
las contradicciones del los planes de formación y su evidente justicación
eurocéntrica, trascender el occidentalismo educacional es valorar la diversi-
dad de sabidurías, formas de entender y ver al mundo, cosmovisiones y otras
perspectivas interpretativas de la realidad.
Cuestionar al eurocentrismo, no es más que reconocernos como sujetos
históricos, es denunciar su colonialilidad epistemológica, política y ética, no
solo para imponer otros centros hegemónicos, ni negar los elementos cultu-
rales que están inmersos a los nuestros, es también una exigencias para que
las culturas nuestramericana de riqueza discursiva profunda sean respetada,
valorada y reconocidas. De ahí, la importancia de un diálogo de saber o una
interculturalidad otra. Ideas, que han estado presentes en el imaginario de
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nuestros más insignes pensadores, como es el caso de Martí (1891), quien
plant: “La universidad europea ha de ceder a la universidad americana. La
historia de América, de los incas acá, ha de enseñarse al dedillo, aunque no se
enseñe la de los arcontes de Grecia. Nuestra Grecia es preferible a la Grecia
que no es nuestra. Nos es más necesaria... Injértese en nuestras repúblicas el
mundo; pero el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas”
La educación entendida en estos términos losócos desde el pensamien-
to de Martí (1891), tiene como sustento la identidad cultural que nos dene
como sujetos plurales nuestroamericanos, que intenta trascender la ideolo-
gía de los colonialistas occidentales, por ello, su proyecto político, ético y
educativo va dirigido a los excluidos de siempre, que él llamó los pobres de la
tierras, en este sentido la educación decolonial, se nutre de la realidad histó-
rica, como de la idiosincrasia, costumbres y valores en la cual se encuentra
inmersa, esta no es más que la lucha por la justicia, igualdad, libertad, pero en
particular por la verdadera emancipación de los pueblos.
Por otra parte, la educación universitaria requiere transitar por modelos
epistémicos alternativos y emancipatorios que le permita superar la lógica de
los centros hegemónicos de poder sustentado por la colonialidad del saber
aun presente en la estructura curricular, académica y política del alma mater.
Esto implica, consolidar una pedagogía crítica, que reconozca que la ciencia
debe ser entendida desde lo trasdisciplinario e interdisciplinario, para traba-
jar con la multiplicidad de métodos, técnicas, procedimientos, experiencias y
sabidurías existentes tanto para la ciencia misma como para la sociedad. Por
lo que se hace esencial, como lo expresa Castro Gómez (2007), una educa-
ción transcultural, que no es más que la convivencia de diversas perspectivas
culturales, cosmovisiones, saberes y creencias no occidental con los postula-
dos de la ciencia occidental y su quehacer investigativo y tecnológico.
En este sentido, de lo que se trata de establecer puntos de encuentros y des-
encuentros con las formas de entender, percibir y explicar el mundo, desde las
miradas no occidentales y occidentales, si bien es cierto que, nuestro plantea-
miento, es una clara denuncia al eurocentrismo y occidentalismo, también se
reconoce que de lo que se trata es la no imposición conjuntamente yuxtaposi-
ción de una cultura sobre otra, sino de valorar lo que cada cultura tiene, lo que
aporta, no solo a la ciencia, sino también a la convivencia política, social y eco-
nómica de las sociedades y del equilibrio permanente con el resto de los seres
vivos, que nos permite transitar desde un antropocentrismo a un biocentrismo.
Decolonización epistémica, ontológica y política en la educación universitaria
Johan MÉNDEZ REYES
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Lo que nos lleva a plantearnos una educación universitaria, siguiendo a
Castro Gómez (2007), donde los actores políticos que hacen vida en ella, debe
formase desde una pluralidad de saberes, con conciencia de sus propias habili-
dades, destrezas y fortalezas que se consolidaran con la pedagogía y estrategias
pensada para ello, por lo que el programa curricular debe ser exible, abierto,
vinculándose al resto de programas de formación existentes en la universidad.
Esto implica, crear redes tecnológicas, investigativas, formativas y de vincula-
ción social, para que se geste interacción entre todos los conocimientos, tanto
de los estudiantes, de los profesores y de los miembros de la comunidad univer-
sitaria, consolidando la pedagogía transcultural y trasdisciplinaria.
En este mismo orden de ideas, impulsar la decolonización universitaria es
apostar por una educación crítica, popular pero en especial intercultural otra,
que en voces de Walsh (2012), debe ser entendida como designio y propuesta de
sociedad, como proyecto político, social, epistémico y ético dirigido a la transfor-
mación estructural y socio-histórica, para asentar en la construcción entre todos
de una sociedad radicalmente distinta. Una transformación y construcción que
no queda en enunciativo, el discurso o la pura imaginación; por el contrario, re-
quieren un accionar en cada instancia social, política, educativa y humana.
Podemos decir que, una educación universitaria intercultural, es aquella que:
Trasciende la pedagogía tradicional, en el cual se encuentra anclada
nuestra educación.
Se construye una educación mayéutica y dialógica, donde se fusionan
e interrelaciona las otras perspectivas pedagógicas no occidentales y
occidentales.
Supera la práctica de dominio y colonialidad eurocéntrica apostando
por la decolonización epistémica y pedagica.
Renuncia a toda postura reduccionista, mediante la interpretación
de lo propio, reconociendo la multiplicidad de voces, en la cual cada
uno es percibida al mismo tiempo como un modelo de interpretación
también posible.
Descentra la pedagogía de todo centro hegemónico de poder y saber,
por lo que, no se trata solo de ser anti eurocéntrico, sino de negar
cualquier postura hegemónica que se intente imponer.
Por lo que se hace indispensable una educación interculturalidad críti-
ca, planteada por Walsh (2012), que forme parte de un pensamiento “otro
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que es construido desde el particular lugar político de enunciación del mo-
vimiento indígena, pero también de otros grupos subalternos. Es una puesta
en marcha para la transformación política, cultural y ética, es una educación
universitaria decolonial, donde se reconozca la diferencia colonial, ontológi-
ca, axiológica y epistémica, que exista una verdadera participación de todos
por igual tanto en la sociedad como en la misma universidad en cada uno de
los procesos que se lleven a cabo sea para la formación en su complejidad del
ser humano, como en la elaboración de propuestas, proyectos y planteamien-
tos políticos para el bien común.
Conclusión
Una pedagogía decolonial procura no solo denunciar los abusos y atrope-
llos por parte de los grandes centros hegemónicos de poder y saber, sino de
construir proyectos otros desde la criticidad, esperanza y utopía para la con-
solidación de una epistemología del sur como producto del reconociendo de
la riqueza cultural de nuestros pueblos; idiosincrasia, cosmogonía, cosmovi-
sión, sabiduría, valores, mitología y todas aquellas expresiones culturales que
representa la identidad, esencia y patrimonio de lo que somos como sujetos
que viven en nuestra América.
Es por ello, que una educación decolonial universitaria, implica impul-
sar una pedagogía critica interculturalidad “otra, una “ecología de saberes,
con valores y principios “otros” que considere la vasta experiencia, saberes
y percepciones de las sociedades y comunidades del sur, para establecer ver-
daderos diálogos con la ciencia y otras manera de explicar, entender, repro-
ducir la realidad, que permita impulsar una universidad que contribuya a
un mundo mejor, más humano, ecológico, equilibrado, con justicia social,
pero sobre todo que nos enseñe a reconocer la pluralidad de voces que exis-
ten en el planeta para trascender el orden lógico del capital y la coloniali-
dad occidental.
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