Perspectivas: Revista de Historia, Geografía, Arte y Cultura
Año 6 N° 11 / Enero-Junio 2018, pp. 64-88
Universidad Nacional Experimental Rafael María Baralt
ISSN: 2343-6271
* Profesor Emérito de la Universidad del Zulia; Vicepresidente de la Academia de Historia del
Estado Zulia. Doctor en Ciencia Política (LUZ); Doctor en Historia y Arte (Universidad de
Granada); Doctor en Investigación (URBE); Magister en Administración de Empresas (URU);
Master en Genealogía (UNED); Master en Relaciones Internacionales (IAPG); Especialista en
Gerencia de Industria y Comercio (URU); Experto en Gestión de Paz y Conictos (Universi-
dad de Granada); Licenciado en Ciencias Políticas y Administrativas (URU).
Recibido: 20/04/2017
Aceptado: 15/07/2017
Historia consular del Zulia: consideraciones
para su estudio
Juan Carlos MORALES MANZUR*
Universidad del Zulia - Maracaibo. Venezuela
Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas
jcmmanzur@hotmail.com
Resumen
Las relaciones internacionales son cada vez más dinámicas y conllevan al establecimiento
de intensas interrelaciones entre los Estados. En este sentido, las relaciones diplomáticas y
consulares adquieren cada vez más dinamismo. Ese dinamismo depende de la importancia
económica de un país o región y, en ese sentido, éstas serán importantes o mediatizadas.
Este artículo analiza la gura del ejercicio consular, desde un punto de vista tanto histórico
como jurídico, y explica la historia consular de la región zuliana desde los años veinte del
siglo XIX, como una aproximación a las variables que conllevaron al establecimiento de
relaciones consulares de distintos países en la zona, con base a la revisión bibliográca y
fuentes primarias que se utilizaron para esta investigación, la cual es descriptica y analítica.
Se concluye que el ejercicio consular en la región zuliana fue y es muy rico, y ello se mani-
esta en el gran número de consulados que se establecieron en el hoy estado Zulia.
Palabras clave: Relaciones consulares, relaciones internacionales, diplomacia, Región zuliana.
Consular History of Zulia: Considerations for its Study
Abstract
International relations are increasingly dynamic and lead to the establishment of intense
interrelations between States. In this sense, diplomatic and consular relations acquire
more and more dynamism. is dynamism depends on the economic importance of
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a country or region and, in that sense, they will be important or mediated. is article
analyzes the gure of the consular exercise, from both a historical and legal point of view,
and explains the consular history of the Zulia region since the twenties of the nineteenth
century, as an approach to the variables that led to the establishment of consular rela-
tions dierent countries in the area, based on the literature review and primary sources
that were used for this investigation, which is descriptive and analytical. It is concluded
that the consular exercise in the Zulia region was and is very rich, and this is manifested
in the large number of consulates that were established in today’s Zulia State.
Keywords: Consular relations, international relations, diplomacy, Zulia region.
Introducción
Tanto en la actualidad como en el pasado, la trascendental importancia
que adquieren los intereses económicos en las relaciones internacionales ha
elevado al máximo la interdependencia de los Estados. Es de esa forma como
se sitúan los asuntos de carácter económico en el primer plano de la política
exterior de las naciones.
En tal contexto, y por la complejidad e importancia de las cuestiones que
al respecto se suscitan, los países se han visto en la necesidad de conarle
la salvaguarda y promoción de sus intereses en este campo al ejercicio de la
diplomacia. Establecida esta dinámica, las funciones comerciales consulares
pasan a ser sólo coadyuvantes con las que deben realizar las embajadas en el
área económica. Puede armarse que la institución consular tiene su razón de
ser, principalmente, como “órgano” para la defensa de los intereses del país y
de los nacionales para la debida asistencia de estos últimos.
Retrotrayéndonos a sus orígenes, la institución consular precedió por si-
glos al establecimiento de las relaciones diplomáticas. Téngase presente que
si bien el vocablo cónsul surge de los romanos, fue en el Levante, durante la
Edad Media, donde por primera vez se utilizó la denominación de cónsul
para designar a un miembro de las comunidades cristianas establecidas allí,
escogido por ellos para impartir justicia y para la administración del comer-
cio en el lugar. Viene a ser entonces en el Oriente antiguo próximo, de donde
se originó la institución consular con su propio nombre. En el siglo XVI, las
naciones orientales dan inicio a la costumbre de cubrir los cargos de cónsules
comisionados (“electi”), con nacionales no emigrados, o sea enviados (“mis-
si”) del país que representan, lo que dio una nueva dimensión a la institución.
Es un hecho histórico incuestionable que durante el siglo XIX, la región de
Maracaibo, luego estado Zulia, presentaba condiciones muy interesantes, carac-
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terizadas por un comercio muy intenso con el Caribe y el resto del mundo. Ese co-
mercio se desarrollaba en los Andes y la región de Santander en Colombia, siendo
el epicentro del mismo la ciudad puerto de Maracaibo (Cardozo Galué, 1991).
Por esta importancia de la región histórica zuliana se empiezan a establecer
los primeros consulados, el primero en fecha tan lejana como 1824. Posterior-
mente, con el orecimiento de la industria petrolera, la región zuliana adquiere
renovada importancia, y seguirán estableciéndose consulados de diversos paí-
ses del mundo. Este trabajo, con una dimensión histórica, analítica y descripti-
va, analiza esas variables y pretende abordar la historia consular del Zulia, bajo
la perspectiva económica y política, pero también social y comercial.
1.Relaciones diplomáticas y consulares en el marco de las rela-
ciones internacionales. Pasado y presente. Algunas consideracio-
nes previas
Las relaciones internacionales son las relaciones de diversa índole que re-
basan las fronteras de los Estados. Las relaciones internacionales compren-
den dos grandes tipos formas:
Relaciones interestatales (relaciones entre Estados).
Relaciones transnacionales (son las que llevan a cabo entre sí por di-
versos grupos o individuos de distinta nacionalidad que no gozan de
personalidad jurídica internacional).
Tanto en las relaciones interestatales como las internacionales, el Estado
cumple una función muy importante. En general, el Estado funciona como
elemento regulador, dado que establece las normas de ejercicio para los par-
ticulares para mantener las relaciones internacionales. Las relaciones diplo-
máticas y consulares están unidas por un perl externo común. Ante todo
las relaciones diplomáticas y consulares van a establecerse y llevarse a cabo
por el órgano que, autorizado por el derecho interno, cumple la función de
dirección política exterior del país (Morales Lama, 2013).
Estas relaciones diplomáticas y consulares gozan de una serie de inmuni-
dades, privilegios, prerrogativas y facilidades diversas que conceden el status
diplomático. Las relaciones diplomáticas pueden ser multilaterales pero las
consulares sólo pueden ser bilaterales.
Cuando existe una relación diplomática entre dos Estados con Misión
Permanente, éste será el mejor vehículo para canalizar el establecimiento de
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relaciones consulares. Cuando existen simultáneamente representaciones di-
plomáticas y consulares, es la ocina diplomática la que va a encargarse de
coordinar a las ocinas consulares.
Con respecto a su origen y evolución, haremos referencia a lo que plantea-
ron un grupo de juristas de Harvard Law School en un trabajo presentado en
1932 con el título “e legal position and functions of consuls” en el cual se
hace notar que la antigua institución griega de la proxenia, creada en el siglo
VI a. C., para proteger y auxiliar en sus viajes a los hijos de una ciudad que se
encontraban en otra, tenía funciones similares a los modernos cónsules (Faría,
1950). En efecto, los isóteles (extranjeros con derecho a domicilio en Grecia)
se hallaban bajo la jurisdicción de los polemarcos y tenían la facultad de actuar
sin el patrocinio de un ciudadano griego. Por el contrario, los isóteles domici-
liados necesitaban ser patrocinados. El patrocinio de los extranjeros estuvo a
cargo de la proxenia, institución que algunos tratadistas asimilan al consulado.
En Roma existía la institución del patronato (foeduspatrocinii) en virtud
de la cual determinados extranjeros, es decir, los peregrinos propiamente di-
chos, que no tenían ni derechos civiles, ni derechos políticos, eran tutelados
por un ciudadano romano para defenderlos en sus legítimas demandas.
Conviene tener presente al estudiar estas cuestiones, que Roma conce-
día igualmente a los extranjeros, el hospitium, mediante el cual la ciudad los
consideraba huéspedes transitorios y los protegía en su estadía en ella; pro-
tección que brindaba Roma en virtud de un acuerdo de hospitalidad con los
pueblos amigos, que protegía al romano al salir de la ciudad. El vínculo de
hospitalidad era sagrado y fundado en un uso antiquísimo.
En la Edad Media reside el verdadero origen de la institución del Consu-
lado. En esta época, por una parte, regía el principio de la personalidad del
derecho, según el cual cada persona debía someterse a las leyes de su propio
país. Se creía natural que los extranjeros fueran gobernados con las propias
leyes de origen. En el Medioevo, el movimiento de extranjeros se acrecienta
por las razones de comercio marítimo y terrestre. Por ello nació un magistra-
do con jurisdicción especial para dirimir las controversias entre los marineros
y comerciantes. Estos magistrados recibieron varios nombres: praeponiti, bai-
li, telenarii (Quintero, 1994).
Los Estados comprendieron que su deber consistía en asegurar protec-
ción a sus connacionales que viajaban y comerciaban en el extranjero. Nom-
braron entonces funcionarios, los cónsules, encargados de representar a sus
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nacionales allí establecidos, proteger el comercio, dirimir controversias entre
los marinos y comerciantes y procurar toda clase de facilidades en las opera-
ciones mercantiles, tanto para unos como para otros.
Fue por medio de esta doble transformación, resultado de una gradual
evolución, como la institución de los consulados surgió de la práctica del
comercio en la Edad Media. En esta época, la categoría de los cónsules em-
pezó a tomar auge y prestigio, y asumieron todos ellos un carácter público
al mismo tiempo que ocial. A este período corresponden las primeras le-
gislaciones en materia de atribuciones de los funcionarios consulares: los
Estatutos de Marsella (1253-1255), al acuerdo concedido por Jacobo I a
los Magistrados de Cataluña en Egipto y Siria, los Estatutos de Génova
(1316), los Estatutos de Florencia (1492) y la Carta Española de 1492
(Hernández Bretón, 1951).
Después de este apogeo, la institución consular declina un poco. La nueva
incursión de los musulmanes sobre el Asia Mayor y el Norte de África y sus
ideas religiosas contrarias a los cristianos, trajo como consecuencia que aqué-
llos quisieran someter a éstos al régimen de sus leyes y costumbres.
No obstante, los occidentales lograron obtener que perdurasen las viejas
garantías y se establecieran consulados en los centros comerciales que ellos
formaban. Accedieron asimismo, con el tiempo los musulmanes a celebrar
capitulaciones
1
. Bajo el régimen de las capitulaciones, el cónsul es un verda-
dero magistrado. Recuérdese que en las posesiones turcas, el cónsul francés
ejercía jurisdicción penal para los delitos y faltas, con apelación a la Corte de
Aix en Provence.
El Tratado de Paz de Westfalia, en 1648, determinó una ligera decadencia
en la institución consular con la creación de las legaciones permanentes. En
efecto, el establecimiento de las embajadas permanentes les quitó sus funcio-
nes políticas y representativas, quedando únicamente como celadores de los
intereses comerciales de la Nación. (Ferrara, 1934:20)
Durante los siglos XVI, XVII y parte del siglo XVIII, hasta que empezó el
comercio de ultramar en las remotas regiones de América, nacieron los con-
sulados en el Nuevo Mundo, aunque no a la par de aquellos que funcionaron
en Oriente, sino como los que se encontraba en Europa, restringidos y con el
carácter meramente comercial (Hernández, 1951).
1 Colecciones de leyes divididas en capítulos que no eran otra cosa sino una tregua unilateral y
temporal.
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2. Inuencia del comercio en la génesis del derecho consular moderno
Las necesidades de un comercio cada día más intenso en el Mediterráneo,
el establecimiento de la Liga Hanseática en el Norte de Europa y las Cruzadas,
contribuyeron a que se dictaran leyes que regularan el derecho marítimo, algu-
nas de las cuales abarcaron las atribuciones y prerrogativas de los cónsules. El
régimen consular moderno es aquel que está vigente en los países que forman la
comunidad jurídica internacional. A mediados del siglo XX, el ordenamiento
y funciones consulares fueron minuciosamente reglamentados entre la mayor
parte de los estados europeos y americanos y se celebraron entre las varias po-
tencias numerosos acuerdos especiales sobre el reconocimiento de los cónsules,
sobre sus atribuciones y prerrogativas, ya sean insertados en tratados de comer-
cio, navegación y amistad, o en convenciones consulares que, no obstante las va-
riables y pormenores de dichos tratados, encierran un determinado contenido.
La distinción entre cónsules honorarios y de carrera es evidente. El cónsul
de carrera es un funcionario del Estado acreditante, y que debe tener en princi-
pio la nacionalidad del Estado que envía; es un funcionario de su administra-
ción y se le designa en el extranjero para desempeñar una función pública in-
compatible con cualquier otra profesión, interés o negocio. Por el contrario, el
cónsul ad honorem no sólo no es un funcionario público del Estado que envía,
sino que ni siquiera puede ser considerado como un “empleado” a su servicio.
Estas diferencias repercuten en su respectiva situación en relación con el
Estado en que ejercen sus funciones. La consecuencia práctica de esa distin-
ción es que, así como es el Estado acreditante el que les conere el cargo y les
determina sus funciones, es al Estado receptor al que le corresponde graduar
las inmunidades y privilegios que pueda reconocer a los cónsules honorarios,
que nunca son los mismos que acepta para los cónsules de carrera.
A pesar de estas diferencias, los cónsules de una y otra categoría señalados
llevan el mismo título, tienen ocialmente la misma posición y gozan, por lo
general, de análogos privilegios. Esto ha dado lugar a numerosos y serios incon-
venientes, lo que ha llevado a algunos tratadistas a considerar deseable la abo-
lición de los cónsules ad-honorem. Sin embargo, no pueden todos los Estados,
en razón de sus presupuestos, valerse exclusivamente de cónsules de carrera.
Éstos, los cónsules honorarios, además de su acentuada individualidad
en el ejercicio de sus privativas funciones y de la gratuidad de sus servicios,
carecen de la necesaria preparación técnica. Para concluir, el prenombrado
Profesor Ferrara (1934) estima que esos cónsules naturales del Estado donde
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están llamados a ejercer sus funciones, se encuentran frente a una anómala e
incompatible atribución: hacer valer ante las autoridades locales los intereses
extranjeros contra los de su propio Estado.
No obstante, otros tratadistas señalan que diversos países, sobre todo los
europeos, han desarrollado una efectiva política comercial a través de los cón-
sules honorarios, llegando algunos, como Suecia y Noruega, a tener un 80%
de sus funcionarios consulares, con la categoría de ad-honorem.
3. Maracaibo en el siglo XIX: la región vital
Desde el siglo XIX, la intensa actividad económica de la región zuliana,
hizo proclive el establecimiento de una gran cantidad de colonias extranjeras,
intereses comerciales y, por ende, de representaciones consulares de países de
todas las latitudes. Por lo mismo, es necesario abordar las características eco-
nómicas del Zulia, como región vital, sin la intención de realizar un tratado
sobre la misma, pero sí destacar su importancia como región.
Ya desde los siglos XVI y XVII, la antigua provincia de Maracaibo con-
guraba un proceso histórico con características especiales que le imprime a la
región unos perles denitorios propios, reejando una dinámica socioeco-
nómica distinta del resto de lo que constituiría Venezuela. Es preciso destacar
lo que se entiende por región maracaibera, delimitándose ésta como:
La cuenca hidrográca del Lago de Maracaibo, la que, traída a los lími-
tes actuales, sobrepasa los linderos estadales de Zulia y abarca parte de
Trujillo, Mérida, Táchira e inclusive límites internacionales, cubrien-
do la zona nororiental del departamento norte de Santander. Este am-
plio territorio constituyó durante los siglos XVI y XVII un espacio
económico en torno al Lago de Maracaibo, por convertirse éste en el
medio vital de comunicación hacia el Mar Caribe (Parra, 1985:199).
Sin embargo, ya para principios del siglo XIX y en los albores de la Indepen-
dencia, el circuito económico Maracaibo-Cúcuta, cobró tal importancia que su
inuencia se dejó sentir en territorio neogranadino desde los valles cucuteños, debi-
do a las ventajas que ofrecía una mejor comunicación. “Cúcuta, Pamplona, Ocaña,
Salazar, Soto y sus jurisdicciones se mantuvieron, en estos años... y a lo largo del siglo
XIX, más vinculados a Maracaibo que a la propia capital, Bogotá” (Silva, 1995:17).
Así es que Maracaibo, como ciudad-puerto, no sólo aanzó estableci-
mientos agropecuarios que garantizaron parcialmente la subsistencia de su
creciente población, sino también:
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...constituyó para nes del siglo XVIII... un centro neurálgico del
comercio antillano. En la primera mitad del siglo XIX, su radio
de acción desbordó el Caribe y penetró con fuerza en el comercio
atlántico, estableciendo frecuentes intercambios con el puerto de
Nueva York, por lo que la onda expansiva del sistema capitalista
hizo sentir sus efectos en las playas maracaiberas y desde aquí se
impulsó hacia el resto de la región (Silva, 1995:19).
De esta manera,
La ciudad-puerto se constituye así en el centro de un doble circuito liga-
do a la dinámica del sistema capitalista: ella servirá de punto de concen-
tración de materias primas demandadas por los centros capitalistas euro-
peos y norteamericanos y de entrada para manufactura extranjera que se
ubicarán en…, en toda su zona de inuencia (Cardozo Galué, 1991:82).
Cuando la región de Maracaibo se adhiere al proceso independentista en
1821, se inicia una nueva etapa de diversicación económica, conformándo-
se, según el historiador Germán Cardozo, el “circuito agroexportador”, cuyo
benecio giraba en torno al café:
Las facilidades ofrecidas a los extranjeros, primero por los gobiernos
de Colombia y luego por Venezuela, constituida éstas en República
a partir de 1830, atrajeron hacia sus puertos un creciente número de
comerciantes y hombres de negocio europeos y norteamericanos, cuya
activa presencia se dejó sentir principalmente en Maracaibo, pero que
se extendió hacia Cúcuta, San Cristóbal y los más apartados rincones
de la región. Procedían, mayormente, de las Antillas inglesas, danesas y
holandesas, con tradición y experiencia en el tráco del Caribe y hacia
Europa. La masiva desaparición de los agentes mercantiles españoles,
que habían monopolizado el circuito, les permitió ocupar y controlar,
casi de inmediato, las redes de comercialización internas y externas del
occidente venezolano (Cardozo-Galué, 1998a:119).
Según Cardozo, desde el punto de vista geográco, económico y huma-
no, la región que delimitaba el circuito agroexportador comprendía dos
subregiones: las tierras llanas y costas del lago, pertenecientes a la antigua
provincia de Maracaibo; y las cumbres, valles y piedemonte andinos de las
provincias de Trujillo, Mérida y jurisdicción de Cúcuta en Nueva Granada.
La primera englobaba a Los Puertos de Altagracia, La Ceiba, Gibraltar, Santa
Rosa, Zulia, Los Cachos y otros puertos menores que, junto con Maracaibo,
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constituyeron núcleo vital del circuito agroexportador y la segunda era asien-
to de las principales áreas productivas y, por lo tanto, estímulo creciente para
los intercambios con el exterior (Cardozo-Galué, 1998a).
Este auge comercial, del circuito agroexportador, aumenta entre la sexta
y octava década del siglo XIX en la cual se da inicio a uno de los períodos de
mayor actividad económica que conduciría gradualmente hacia la consolida-
ción del circuito agroexportador.
Para mediados del siglo XIX, las transacciones mercantiles entre Maracaibo
y los puertos del área sur del Lago se calculan anualmente en 5.750.000 kilogra-
mos. De éstos, 4.600.000 representan el volumen de los frutos exportados hacia
Maracaibo; los 1.150.000 restantes corresponden a las mercancías venezolanas y
extranjeras que se introducen con destino a los cantones del sur de la Provincia de
rida y jurisdicciones fronterizas de la Nueva Granada (Borgucci et al, 1999).
Sin embargo, la movilización de capitales ocurre durante la década de 1850
y esto tiene que ver con la llegada a Maracaibo del elemento alemán. El arribo a
Maracaibo de estos comerciantes afectaría la dinámica económica de la región
y su inuencia será considerable durante el resto del siglo XIX y principios del
XX. Mientras más se acerca el siglo XX, diversas rmas comerciales aparecen, y
no solo alemanas, dado el predominio y éxito del café como principal producto
que consolida el circuito agroexportador marabino, entre ellos:
... las alemanas Breuer Möller & Cía, Blohm & Cía, Steinvorth & Cía,
Blohm & Cía, Van Diessel Rode & Cía., Christem Zinng. & Cía.,
Rayhrer & Firnhaber, la norteamericana H.L. Boulton Jr. & Cía., que
también representa intereses alemanes; las italianas Dall’Orso & Cia,
Fossi F. & Cía., A. Manzini & Cía., Lovisi & Caruso; las holande-
sas J.& H. D.C. Gómez, Jacobo López H., D.A. De Lima y Jacob M.
Henríquez. Para nes de siglo habrán surgido importantes rmas de
maracaiberos como París Hermanos, Julio A. Añez & Cía y otros, de-
dicados principalmente al comercio local (Cardozo, 1998b:32).
De esta manera la ciudad-puerto se constituye así en el centro de un doble
circuito ligado a la dinámica del sistema capitalista: “ella servía de punto de
concentración de materias primas demandadas por los centros capitalistas
europeos y norteamericanos y de entrada para manufacturas extranjeras que
se ubicarán, en contrapartida, en toda su zona de inuencia; repitiendo una
situación similar a la que sufrían otras regiones y puertos venezolanos: La
Guaira, Carúpano, Ciudad Bolívar” (Ortega, 1986:14).
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Maracaibo, en las últimas décadas del siglo XIX, prácticamente actuaba
aisladamente, sin ninguna relación con el resto del país. Este fenómeno se
debía a que las provincias coloniales que luego integraron el país no fueron
concebidas como una nación; por ello no se les comunicó entre sí y cada
una realizaba sus operaciones fundamentales de espaldas a las otras. Así se
las mantuvo en un alto grado de dependencia primario-exportadora que, al
iniciarse la República, no motivaba en mucho a la integración nacional.
4. Maracaibo, siglos XIX y XX: De la importancia de la ciudad-
puerto, a la explotación petrolera
Venezuela, a nales del siglo XIX y principios del XX, no tenía vías de
comunicación internas, dividiéndose el país en cuatro regiones: centro oc-
cidental, (antigua provincia de Caracas), occidental (Zulia, Andes y Bari-
nas); oriental (Sucre, Monagas, Anzoátegui, Nueva Esparta) y guayanesa.
La inexistencia de carreteras aislaba a ciudades y pueblos. Para principios del
siglo XX, Maracaibo, sin embargo, seguía teniendo una intensa actividad
económica que giraba en torno al intercambio comercial.
Para esta época, las casas comerciales extranjeras eran muy numerosas. La
norteamericana era la más prolíca (Enero-Junio 1910); la inglesa había casi
desparecido, quedaba la Botica Inglesa de los Cook y alguno que otro comer-
cio; los españoles trabajaban en negocios de menor importancia y los nego-
cios de tela al detal y quincallas estaban en manos de libaneses, sirios, hebreos
y marroquíes a quienes el pueblo llamaba “turcos”. Los curazoleños habían
decaído bastante en su situación comercial y existía para esa época una sola
casa comercial de origen curazoleño “La Casa Azul” de H. Da Costa Gómez,
una ferretería de mayor y detal (Lucas, 1998).
En cambio, los italianos guraron cualitativa y cuantitativamente; las casas
Fossi & Compañía y Oliva Riboli & Cía., desempeñaban un papel importante
en el comercio del café. Sin embargo, quienes dominaron por mucho tiempo
la economía de Maracaibo fueron las casas de comercio alemanas, como las
ya señaladas: Breuer Möller & Co., y Blohm & Co., a la cabeza; Beckman &
Co., van Diessel Rode & Co., y Gustavo Zinng. Esas casas comprendían desde
ferreterías, importadoras de alimentos y mercancías secas, hasta curtiembres,
cueros y pieles, telas, etc., pero todas compraban y vendían café. Además de las
casas de comercio extranjeras, existían comercios mayoristas en manos de crio-
llos ubicados en “La Marina”; entre ellos podemos mencionar a: Pérez Conde,
Juan E. París, Numa P. León, Molina & Co., y otros (Lucas, 1998).
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La actividad industrial se inicia tímidamente en el Zulia, a mediados del
siglo XIX y se expande posteriormente con la estructuración de la industria
petrolera, actividad que absorbió mucha gente y sirvió de señuelo para que
llegaran al Zulia trabajadores y aventureros de otras regiones venezolanas y
del extranjero.
Con respecto a la explotación petrolera, ya en 1884, en el territorio zulia-
no se concedieron las primeras concesiones para las exploraciones del subsue-
lo. En esa oportunidad el gobierno favoreció a José Andrade y Sixto Sánchez
para que procedieran a trabajar en esas actividades. El petróleo será la activi-
dad predominante en el Zulia durante todo el resto del siglo XX y hasta la
actualidad (Gómez Espinoza, 1984).
En 1907, hacia el Sur del Lago, y en la Costa Oriental, se otorgaron conce-
siones de tierras a Andrés Vigas y Antonio Aranguren, respectivamente, para
explorar las tierras con nes al trabajo exploratorio posterior, (estas extensio-
nes serían negociadas posteriormente por la Shell). En 1909 se entregaron
concesiones para el mismo objetivo a John Alles Tregelles. Lo mismo lograría
en 1912 Max Valladares (Gómez Espinoza, 1984).
Ya para 1914, Venezuela entró a ser un país gran productor de petróleo,
con el descubrimiento del Pozo Zumaque 1, acontecimiento que tuvo lugar
el 18 de abril de ese año en el Cerro La Estrella, cercano a la actual población
de Mene Grande.
En 1922, en virtud del petróleo, el nombre de Maracaibo y del Zulia se
conoció en todo el mundo. En diciembre de ese año, se produjo el famoso
reventón del Pozo petrolero del Barroso, en las inmediaciones de Cabimas.
5. Venezuela independiente: el inicio de las relaciones exteriores.
El establecimiento de los primeros consulados en Maracaibo
Desde que Emparan fuera despojado del Poder por la conjuración del
19 de abril de 1810, las Relaciones Exteriores de Venezuela como entidad
autónoma cobran vigencia y ecacia pues, aunque después de los aconteci-
mientos citados la fraseología ocial declaraba “delidad a nuestro desgra-
ciado Monarca” (Fernando VII), ya estaba Venezuela impregnada del sen-
tido independentista que animara los acontecimientos subsiguientes. En la
primera Junta, establecida como consecuencia de la citada efemérides, fue
nombrado Secretario de Relaciones Exteriores el insigne patriota venezola-
no Dr. Juan Germán Roscio.
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Por indicación del Dr. Roscio, se enviaron agentes diplomáticos a las An-
tillas inglesas, Londres, Washington y a las provincias de Nueva Granada.
Los Estados Unidos nombraron a Robert Lowry, el 20 de junio, Agente Co-
mercial en todos los puertos venezolanos.
Cuando en 1820, Morillo decidió parlamentar con los patriotas, era Minis-
tro de Relaciones Exteriores del Gobierno de Angostura José Rafael Revenga,
quien no aceptó las proposiciones españolas y reclamó en cambio la indepen-
dencia total de Venezuela. Tres meses después se celebraban conversaciones que
llevaron al Tratado de Armisticio, rmado el 25 de noviembre; al día siguiente
se rmó el Tratado llamado de Regularización de la Guerra. El 27 de noviembre
se encontraban personalmente, en Santa Ana, Bolívar y Morillo, donde éste últi-
mo representó a España y Bolívar a Bogotá, nombrando El Libertador dos ple-
nipotenciarios: José Rafael Revenga (Ministro de Relaciones Exteriores) y José
Tiburcio Echeverría (Gobernador de Bogotá), para que negociasen la paz en Es-
paña sobre la base de la total independencia de la Gran Colombia. Estos hechos
hacen referencia a los primeros aspectos y acciones emprendidas por el naciente
Estado, ya sea como unidad política (Venezuela) o unido a Nueva Granada.
De todas maneras, a pesar de la turbulencia de esas épocas, el reconocimien-
to a la Independencia de Venezuela (1811), la Nueva Granada (1819) y nal-
mente, a la Venezuela separada de esta última (1830), llegó con prontitud.
Francia y Suecia consideraron con simpatía la independencia de los países
americanos, en tanto que Rusia y los Estados alemanes manifestaron explíci-
tamente su simpatía por España. Respecto a la actitud de Inglaterra, este país
se manejó con cautela con respecto a los nuevos países
Construir la historia de cada uno de los consulados que existen o han existi-
do en Maracaibo y Zulia es un esfuerzo, no sólo complejo, sino difícil, dada la
inexistencia de archivos de cada consulado que remonten a épocas lejanas, o la
pérdida de muchos de ellos, o el carácter honorario de la mayoría de las represen-
taciones consulares que han sido establecidas en la ciudad, lo que ha signicado
que los archivos de cada cónsul honorario terminaran por convertirse en patri-
monio personal y de las familias de los mismos (Morales Manzur, 2004). Sin
embargo, se tratará de establecer una relación de la presencia de los mismos en
la región y, de ser posible, su duración, toda vez que muchos han desaparecido.
Ya para 1824, Estados Unidos concertó con la Gran Colombia un Trata-
do de Paz, Comercio y Navegación y Gran Bretaña reconoció ocialmente a
la Gran Colombia solo en enero de 1825. Las Ciudades Libres de Hamburgo
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y Bremen, y los Países Bajos, enviaron Cónsules Generales a Bogotá en 1827.
Antes, en 1826, Francia nombró en Colombia un Agente Superior de Co-
mercio y en abril de 1829 llegó a Bogotá un Comisionado del Rey de Francia,
y el mismo año dicho Rey expidió el exequátur a Leandro Palacio como Cón-
sul General de Gran Colombia en París. Por n, el 30 de diciembre de 1830,
Francia reconocía, sin restricciones, al gobierno colombiano.
En 1832 se permite a los españoles libre entrada en el territorio de Vene-
zuela y por Decretos de 1837 y 1838 se conceden amplias franquicias a los
buques y productos de la Península, con lo que se fueron sembrando bases de
recíproca comprensión que cristalizó, en 1845, con el Tratado de Reconoci-
miento, Amistad y Comercio que puso n al resentimiento existente entre la
antigua metrópoli y la joven República.
Así, Venezuela, consecutivamente, desde su independencia, se incorpora
al concierto de las naciones libres y los Acuerdos, Tratados y Convenciones
señaladas, traen como consecuencia el establecimiento de relaciones diplo-
máticas y consulares con diversos países de mundo.
En Maracaibo, el intercambio económico derivado de la actividad portuaria
(importadora – exportadora), que se ha explicado, trae consigo una dinámica
especial que caracteriza, no solo a la ciudad, sino a todos los puertos del país;
tal actividad económica trae consigo el establecimiento de los primeros consu-
lados que estarían llamados a resguardar los intereses de los negocios y ciudada-
nos extranjeros que en la ciudad – puerto, y se establecieron a partir de la segun-
da década del siglo XIX, comenzando por los de Inglaterra y Estados Unidos.
Es de hacer ver que algunos estadounidenses participaron activamente en
la Batalla Naval del Lago de Maracaibo, peleando en la ota al mando del
General Padilla quien, ya para enero de 1823, había comenzado el bloqueo
del Lago y con ello a las fuerzas españolas en Maracaibo. En mayo de 1823
el barco de Estados Unidos Peacock capitaneado por Peter Sthorm, arribó al
Lago, trayendo alimentos destinados a las tropas colombianas. Invitado por
el General Padilla, el Capitán Sthorm, decide reunirse a la causa de la Inde-
pendencia y participar en tan magna batalla, siendo su barco el único de ori-
gen extranjero en combate. El 4 de agosto de 1824 se decidió abrir el consula-
do de Estados Unidos en Maracaibo, correspondiéndole el cargo de Cónsul a
Abraham Nones. Nones era nativo de Filadela, pero hablaba perfectamente
el idioma español. Llegó a esta ciudad en el bergantín Happy Retum, el día 4
de agosto de 1824, pocos días después de la llegada a esta ciudad de Robert
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Juan Carlos MORALES MANZUR
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Sutherland, nombrado, a la sazón, Cónsul Británico en Maracaibo. Suther-
land y Nones fueron los dos primeros Cónsules en Maracaibo.
De esta manera, Robert Mackay Sutherland fue el primer representante de
un país extranjero en Maracaibo. Por su parte, Nones, además de servir como
Cónsul, se estableció como comerciante en Maracaibo, vendiendo mercancía a
las tropas colombianas. Fue Cónsul en la ciudad-puerto hasta 1833, habiendo
trabajado bajo las órdenes de 4 Embajadores, siendo el último, William Henry
Harrison, electo más tarde Presidente de los Estados Unidos.
La agencia consular honoraria de Francia en Maracaibo tiene vieja data en la
ciudad, siendo el tercer consulado establecido, seguido por el de los Países Bajos.
Es uno de los consulados que más repercusión y actuación ha tenido en el desen-
volvimiento de la vida regional, especialmente en lo cultural. Entre los primeros
cónsules de Francia estuvo Alexandre Mellinet, quien se arraigó fuertemente en
Venezuela. La presencia francesa en la ciudad no sólo se limita a la agencia con-
sular honoraria que desde hace más de 180 años existe en la ciudad; la Alianza
Francesa es un ente cultural de indudable signicado para la sociedad zuliana,
lo que, unido a las estrechas y siempre fructíferas relaciones franco-venezolanas,
dan un sentido especial a esta representación consular en la ciudad.
El consulado de los Países Bajos (Holanda) es, junto con el de Estados Uni-
dos, Inglaterra y Francia, de los más viejos de la ciudad y su establecimiento tiene
su razón de ser en el hecho de las relaciones comerciales que se desarrollaban en
aquella época y siguen desarrollándose, porque Holanda y las Antillas se hallan
unidos en una especial simbiosis con Maracaibo y Zulia. El primer cónsul fue E.
Brooke Penny 1827-1840, nombrado por Decreto Real el 22 de febrero de 1827.
Terminó sus servicios o falleció antes de 1840 (Morales Manzur, 2004).
Después del establecimiento de éstos primeros consulados en Maracaibo,
en las décadas posteriores, se establecieron muchos otros consulados, lo que
se explica por la intensa actividad comercial del siglo XIX, ya descrita, y por
la importancia de la industria petrolera en la región, ya en el siglo XX.
Varios lustros después de darse la separación de Venezuela y Colombia,
formando la llamada Gran Colombia, se establece el viceconsulado de Co-
lombia en Maracaibo, designándose cónsul (1844?), al Prócer de la Indepen-
dencia Juan Nepomuceno Santana, ilustre militar nacido en Caracas, quien
residía en Maracaibo, donde fue muy respetado y cuyos restos reposan hoy en
el Panteón Regional. El Viceconsulado siguió funcionando ininterrumpida-
mente, y hasta la actualidad se mantiene, convirtiéndose en un consulado de
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carrera, con una profusa actividad, dadas las relaciones de vecindad y econó-
micas determinantes entre Venezuela y Colombia. El consulado colombiano
es el que mayor cantidad de cónsules ha registrado acreditados en Maracaibo
y además es uno de los pocos países que ha contado con representaciones
consulares en otras poblaciones del estado Zulia, como Encontrados, San
Carlos del Zulia, Machiques y Paraguaipoa, dado esto último por la gran
cantidad de colombianos residentes en la zona sur del Lago de Maracaibo (de
las tres primeras ciudades mencionadas) y la actividad fronteriza de carácter
económico en el punto Maicao-Paraguaipoa, que justicó la presencia con-
sular colombiana en la frontera norte del Estado (Morales Manzur, 2004).
El consulado honorario de Ecuador en Maracaibo es otro de los más an-
tiguos en la ciudad. Ya para 1845, quince años después de la separación de
Ecuador de la Gran Colombia, se instala en la ciudad el primer consulado
honorario a cargo de Pedro Villasmil, presencia que ha permanecido, con
algunos vacíos, desde hace más de 170 años.
El Viceconsulado honorario de España en Maracaibo se establece casi
desde el reconocimiento como Estado Soberano que la antigua metrópoli
hiciera a Venezuela, siendo su primer cónsul el destacado médico sevillano
Manuel de Arocha y Fernández, en los primeros años de la década de los cua-
renta del Siglo XIX. Durante el resto del siglo XIX y hasta 1991, funcionó
un viceconsulado, año en el cual la representación de España en Maracaibo
fue elevada de Viceconsulado honorario a Consulado honorario, para subra-
yar la importancia de la segunda ciudad del Estado venezolano donde reside,
a su vez, una importante colonia española.
El consulado chileno en Maracaibo es sumamente antiguo, ya que para
1867, actuaba como cónsul en la ciudad el Sr. Bernardo Casanova, quién es-
taría más de dos décadas en dicho cargo. Con posterioridad, el Dr. Francisco
Ochoa, primer Rector de la Universidad del Zulia, ocupa ese cargo de 1906 a
1907, cuando fallece; volviendo a nombrarse a un cónsul honorario en 1910,
aproximadamente y hasta el año 1931, cuando el gobierno chileno clausura
el consulado, el cual habría de ser reabierto en la década de los cincuenta,
funcionando hasta la actualidad (Morales Manzur, 2004).
La presencia consular de Brasil también es muy antigua. El Viceconsula-
do de Brasil en Maracaibo data de 1860 cuando se nombró a José Antonio
Montovio, factor principal del comercio zuliano, como el primer represen-
tante consular de ese país en la ciudad-puerto. Este cónsul fue sucedido por
Historia consular del Zulia: consideraciones para su estudio
Juan Carlos MORALES MANZUR
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Heinrich Bornhorst, quien también había sido cónsul alemán en la ciudad y
luego por Miguel Capriles, comerciante destacado perteneciente a una fami-
lia judío-curazoleña, pero dicho viceconsulado se extingue a nes del siglo
XIX, abriéndose nuevamente en 1994 (Morales Manzur, 2004).
El consulado de Honduras en Maracaibo se inauguró en 1890, siendo
su primer cónsul Francisco Ochoa, quien fue uno de los más distinguidos
miembros de la intelectualidad zuliana del siglo XIX, llegando a ser el pri-
mer Rector de la Universidad del Zulia, máxima Casa de Estudios constitui-
da en la región en 1891. Cuando Honduras, Nicaragua y El Salvador, cons-
tituyen, en 1895, la República Mayor de Centroamérica, el Dr. Ochoa pasa
a ostentar el cargo de Cónsul de dicha República unicada, permaneciendo
en el cargo hasta 1904, cuando pasa a ser cónsul honorario de Chile en la ciu-
dad, como lo hemos señalado. En 1904 es nombrado otro intelectual como
Cónsul de Honduras: Orángel Rodríguez Boscán, que un año después pasa a
ser Vicecónsul, nombrándose Cónsul a Manuel Alberto Lares, otro intelec-
tual zuliano. El consulado nalmente desaparece (1947), perdiéndose así una
tradición de continuidad consular que se extendió por más de medio siglo en
la ciudad lacustre (Morales Manzur, 2004).
En Maracaibo, a pesar de los vínculos históricos señalados, sólo se registra la
presencia de un consulado boliviano de 1872 a 1901, luego de lo cual jamás fue
establecida una representación ni de carrera ni honoraria, en la ciudad-puerto.
El consulado sueco en Maracaibo tiene muchos años en la ciudad, dado
que ya a nales de la década de los setenta del siglo XIX, existía un vicecon-
sulado del Reino de Suecia y Noruega, países éstos que estaban unidos bajo la
corona del rey sueco. Es a partir de 1925 y hasta 1942, que se establece un vi-
ceconsulado sueco en la ciudad y a partir de 1948 este es elevado a consulado,
perdurando hasta 2003, cuando el Sr. Carlos Enrique d’Empaire, es jubilado
y no se nombra a otro cónsul. (Morales Manzur, 2004).
El consulado del Reino de Dinamarca en Maracaibo data del siglo XIX. El
establecimiento del consulado danés existía ya en 1848, en la persona del Sr.
Hermann Casper Gra, que sería también cónsul de Alemania y otras naciones
en la ciudad. El consulado, como se ha señalado, es muy antiguo y ha permane-
cido, con intermitencias, hasta la actualidad. (Morales Manzur, 2004).
El imperio de Austria-Hungría instaló un consulado en la ciudad de Ma-
racaibo en 1867, casi con la constitución de la Monarquía dual formada por
el Imperio de Austria y el Reino de Hungría. En ese año el cargo de cónsul
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lo ostenta el del Sr. Eduardo Schmilinsky. Este consulado continuó funcio-
nando incluso con posterioridad a la desaparición de la monarquía, en 1914.
Desde esa fecha y hasta 1957, éste hizo presencia en la ciudad, aunque no de
manera permanente. El consulado austriaco fue restablecido nuevamente el
21 de Diciembre de 1967 y fue cerrado el 15 de enero de 1996, por la jubila-
ción del cónsul honorario. (Morales Manzur, 2004).
Los orígenes del consulado belga datan de la séptima década del siglo
XIX, cuando se establece el consulado en Maracaibo. Ya en 1872, los libros
de Anales de la Cancillería venezolana registran a Karl Vogeler como Cónsul
de Bélgica en Maracaibo. En 1942, se reorganiza el consulado belga en la per-
sona de Antonio Carías Finol, quien durante varias décadas tendrá a cargo el
consulado, el cual se extiende hasta los años ochenta, hasta el fallecimiento
del último cónsul, Enmanuel Beufrand, en 1989 (Morales Manzur, 2004).
Argentina instala un consulado en Maracaibo en 1895, recayendo en la
persona de Alberto Estrada, importante empresario de la ciudad, de origen
colombiano. En la década de los años treinta del siglo XX, vuelve a instalarse
un viceconsulado honorario, a cargo de Eduardo Cossimi, seguido por José
Benchimol, pero esta representación desaparece en dicha década, jamás vol-
viéndose a abrir una representación consular argentina en Maracaibo.
Desde el año 1872 y en adelante, la historia registra la presencia de cónsules
honorarios de México en la ciudad de Maracaibo, siendo los primeros cinco co-
merciantes alemanes establecidos en la ciudad, pero a principios del siglo XX,
el consulado desaparece y sólo se reinstaura en 1954, en la persona de Servando
Alzati, siguiéndole Manuel Belloso Villasmil y posteriormente y hasta la actua-
lidad su hijo Manuel Belloso Vengoechea (Morales Manzur, 2004). El estableci-
miento del consulado honorario de Paraguay en Maracaibo data de 1892, siendo
su primer y único cónsul, el distinguido médico e intelectual, Helímenas Finol.
En Maracaibo, ya para 1895, se encuentra la presencia consular nicara-
güense, en las personas de importantes factores comerciales, como Asdrúbal
Urdaneta, David Belloso y J.M. Leonardi como Cónsules Ad-honorem. Para
la década de los años ochenta del siglo XX, desaparece el consulado de Nica-
ragua en Maracaibo.
El consulado de Guatemala en la ciudad data del siglo XIX, cuando
Eduardo Dagnino, hijo del gran médico de origen italiano, Manuel Dagni-
no, es nombrado cónsul honorario de ese país. Su permanencia en el cargo
fue breve y sólo en la década de los años treinta del siglo XX, se reabre el con-
Historia consular del Zulia: consideraciones para su estudio
Juan Carlos MORALES MANZUR
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sulado honorario en la persona del insigne historiador zuliano Juan Bessón.
A partir de la década de los años sesenta y hasta la actualidad, este país ha
mantenido una presencia consular continua (Morales Manzur, 2004).
El consulado italiano también es muy viejo, ya que data de 1867 siendo
Francisco Fossi (1867-1894), el primer cónsul. Se transformó, en los años cin-
cuenta del siglo XX, en un consulado de carrera e Italia también ha tenido cón-
sules honorarios en Cabimas, creado en 1993 y en Ciudad Ojeda, desde 1970.
Para 1860 el reino de Prusia abrió un consulado honorario en Maracaibo,
el cual fue dirigido hasta 1865 por el señor Emil Adolf Minlos Jaeger, natu-
ral de Lübeck y quien era socio co-propietario de la empresa Minlos, Breuer
& Cía. Por su parte, el señor eodor Schön, antiguo cónsul de la Ciudad
Libre de Hamburgo, había sido designado igualmente cónsul de ese reino. El
otro co-propietario de la rma Minlos, Breuer & Cía., el señor H.G. Breuer,
sustituyó a Minlos en 1875 (Nagel, 1987). En 1867 se creó la Confederación
del Norte de Alemania, decidiéndose que las relaciones consulares fueran
asumidas paulatinamente por Prusia, convirtiéndose éste país en el deposi-
tario de la representación consular en Maracaibo de toda la Confederación.
Durante los años 1929 y 1930, el consulado alemán desapareció de la ciudad.
En 1931 se designa como cónsul a Arno Gerlach, nacido el 6 de abril de 1887
en Dresde. Su presencia fue breve ya que durante los años 1932 y 1933 el
consulado fue dirigido interinamente por Edward Georg Hartwig von Jess
Lossada, manteniéndose en el cargo hasta que en 1941, cuando Venezuela
rompiera relaciones con el Reich Alemán. El consulado se reabre después de
la Segunda Guerra Mundial y permanece hasta el presente.
Los orígenes del consulado noruego en Maracaibo se remontan al siglo
XIX, cuando Suecia y Noruega estaban unidos en la corona sueca. Cuando
alcanza Noruega su plena independencia, en 1905, Noruega comienza a de-
sarrollar su política exterior. El consulado de ese país en Maracaibo fue esta-
blecido en la década de los años veinte del siglo XX, siendo su primer cónsul
Rafael C. París, permaneciendo activo en esta ciudad por ochenta años, hasta
la persona de Fernando Belloso Belloso, el último cónsul hasta hace pocos
años (Morales Manzur, 2004).
La República Dominicana, cuyos lazos históricos y políticos siempre han
sido estrechos, inauguró el consulado honorario en Maracaibo en 1872, cuando
el versátil intelectual Francisco Suárez fue nombrado Cónsul, permaneciendo
en dicho cargo hasta 1902. Después de más de veinte años de su cierre, se reabre
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el consulado en 1927, ocupando el cargo de Cónsul el conocido empresario
Luis Guillermo Ferrer. Aunque con intermitencias, dicho consulado se mantu-
vo en la ciudad hasta la década de los ochenta, en la cual se clausuró el mismo.
Establecido a principios del siglo XX, el consulado de Costa Rica tuvo
como primer cónsul al empresario J. de J. Añez Luengo, de gran guración en
la economía zuliana de las primeras décadas de dicho siglo. El consulado cos-
tarricense fue cerrado en 1999, en concordancia con la política del gobierno
de ese país, de clausurar gran parte de sus consulados honorarios alrededor
del mundo (Morales Manzur, 2004). El consulado honorario de Portugal
data de 1915 cuando un intelectual, Diódoro Alvarado, asume el cargo, el
cual, con algunos lapsos de inoperancia, perdura hasta la actualidad.
Desde 1902 y hasta 1906, los intereses cubanos fueron atendidos por el per-
sonal consular de los Estados Unidos de América acreditado en Venezuela. Cuba
designa a su primer representante diplomático en 1906, mientras Venezuela lo
hace tres años más tarde, en 1909. Con respecto al consulado cubano en Ma-
racaibo, cuando este país se independiza, delega el manejo de sus intereses, a los
representantes diplomáticos y consulares de Estados Unidos. Así, E.H. Pluma-
cher
2
, cónsul de ese país durante décadas, ejerce la representación cubana entre
1901 y 1906, luego de lo cual se termina esa modalidad y no será sino a partir
del año 1958 en el que Cuba establecerá un consulado honorario en la ciudad en
la persona del Capitán Antonio Blanco Bargoza, quien es sucedido por Esther
Rodríguez Colón, cónsul de carrera. El cónsul Blanco fue destituido y llevado a
proceso judicial en Cuba por el gobierno revolucionario, por presuntos hechos
de corrupción en el ejercicio del cargo consular (Morales Manzur, 2004).
Es a partir de 1925 que se establece un viceconsulado honorario de Perú
en Maracaibo, siendo su titular el Sr. Jorge Escribens. En 1994, por resolu-
ción suprema N° 023-94 RE del 9 de febrero de ese año, se cancelan las letras
patentes a los cónsules honorarios en Barquisimeto y Maracaibo, por “reite-
rados incumplimientos” de sus respectivos cónsules. Desde esa fecha se ter-
mina una relación consular de setenta años (Morales Manzur, 2004).
Con respecto a Panamá, hasta el establecimiento de la Legación Venezo-
lana en ese país, que ocurre el 24 de julio de 1926, las relaciones se limitaban a
meras demostraciones protocolares de afecto entre los dos países. Los prime-
2 Vease la obra de Plumacher, Eugene Hermann. Eugene H. Plumacher: memorias. (Traducción
de Josephine Beck de Nagel). Maracaibo. 2003. Acervo histórico del Estado Zulia y Ciudad
Solar Editores. Plumacher fue cónsul de más de diez países, y sus memorias describen la ciudad
de Maracaibo y sus personajes por largo periodo de tiempo.
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Juan Carlos MORALES MANZUR
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ros cónsules fueron E.H. Plumacher, Encargado de los intereses de Panamá.
(1903-1907?), Armando Capriles, Cónsul (1919?-1922?), y Rafael Cruz Pa-
rís, Cónsul. (1924-1935?). Lizette Avila Hatmann es la actual Cónsul.
En Maracaibo se creó el consulado del Líbano en 1955, siendo su titular el
Sr. José Assaf, quien lo ostentó por más de una década. Luego el consulado fue
clausurado y no se ha vuelto a reabrir. Líbano es el único país asiático que ha teni-
do presencia consular en Maracaibo, de manera formal, hasta que se instaló, solo
hace pocos años, el consulado de Turquía en Maracaibo (Morales Manzur, 2004).
En Maracaibo se creó el consulado del Líbano en 1955, siendo su titular
el Sr. José Assaf, quien lo ostentó por más de una década. Luego el consulado
fue clausurado y no se ha vuelto a reabrir. Líbano es el único país asiático que
ha tenido presencia consular en Maracaibo, de manera formal, hasta que se
instaló, solo hace pocos años, el consulado de Turquía en Maracaibo (Mora-
les Manzur, 2004).
En Maracaibo, sólo se conoce la creación de un efímero consulado ad ho-
norem de Haití que duró menos de un año, entre 1958-1959, a cargo del
señor Ivicic Morton, que lo ejerció durante esos meses, retirándosele el exe-
quátur, por parte del gobierno venezolano, en 1959, por motivos que se des-
conocen. Actualmente se ha nombrado otro cónsul en la persona del señor
Philippe Fortuney (Morales Manzur, 2004).
El consulado honorario de Finlandia en Maracaibo es relativamente nue-
vo, ya que data del 29 de octubre de 1969, cuando es designado por el Go-
bierno nés el señor Juan Mendiri. Para esa fecha, la embajada de Finlandia
en Venezuela estaba domiciliada en Lima – Perú. A la muerte del Sr. Juan
Mendiri, su esposa, Cecilia Sansón de Mendiri, fue nombrada Cónsul Ho-
noraria por el Gobierno de Finlandia el 30 de marzo de 1973 y continuó
al frente del Consulado en Maracaibo hasta noviembre de 1983. El 21 de
octubre de 1986, María Cristina Mendiri de Cordary recibió el exequátur
del Ministerio de Relaciones Exteriores de Venezuela conrmando su nom-
bramiento por parte del Gobierno de Finlandia como Cónsul Honorario en
Maracaibo, sustituyendo a la señora Cecilia Mendiri. Actualmente es cónsul
de ese país Michel Svoboda Mendiri (Morales Manzur, 2004).
La primera representación suiza en Maracaibo que registran los Libros
Amarillos de la Cancillería venezolana, es la de Alfred Paul Frey, quien ejer-
ció la representación consular desde 1936 y hasta 1938. La embajada suiza
en Caracas, sin embargo, tiene como fecha de establecimiento de la primera
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representación de la Confederación Helvética en la ciudad, el 1 de enero de
1949, cuando fue nombrado el Sr. Walter Hegwein como Agente Consular
(1949-1950). Es a partir del 27 de octubre de 1977, que Hans W. Briner B,
se encargó del Consulado de Suiza en calidad de Cónsul Honorario, hasta
2004, cuando asume su hija Amaya Briner de Foglio.
Desde 1948, funcionó en Maracaibo una representación consular de El Salva-
dor, cuyo primer cónsul fue Eugenio París, extendiéndose hasta el fallecimiento del
segundo cónsul, el Sr Vidales, hace más de una década. (Morales Manzur, 2004).
El consulado de Grecia es uno de los más nuevos en el estado Zulia y tuvo
su inicio en el año 1987 por decisión de la República de Grecia y del Mi-
nisterio de Relaciones Exteriores de Venezuela. El consulado de Rumania se
estableció en 1995 y solo tuvo una cónsul, Margaret Ana Dimutru Barreto,
hasta que ésta cesó en sus funciones hace más de una década. Por su parte, el
consulado de Lituania también es uno de los más nuevos instalados en Ma-
racaibo. El único cónsul ha sido el Sr. Boris Petrasevicius quien está al frente
de dicho consulado desde el año 2001. El consulado de la República Checa
fue inaugurado en Maracaibo en el año 2001, con el objetivo primordial de
promover el intercambio económico y cultural entre Zulia y ese país centro-
europeo, siendo su cónsul honorario el Sr. Manuel Graubard Domínguez,
quien ejerce el cargo hasta su fallecimiento. Desde nales de 2001, existe en
Maracaibo el consulado honorario de la República de Polonia, el cual fue in-
augurado por el Embajador de ese país para la época, Sr. Jacek Perlin, siendo
nombrado como cónsul el Sr. Wojciech Galazka.
La presencia consular en el Zulia data del siglo XIX. Después de adherirse
el Zulia a la causa independentista (1821), comienzan a establecerse diversos
consulados en la región, cuando aún la misma pertenecía a la República de la
Gran Colombia, dándose determinadas condiciones y aspectos económicos
que facilitaron el establecimiento de esas primeras representaciones consu-
lares, tal como se ha reseñado en los apartes anteriores. En total, en el Zulia
existen actualmente 20 representaciones extranjeras, lo que más que en cual-
quier otra ciudad del territorio de la República.
Conclusiones
La presencia consular en Maracaibo, casi bicentenaria, se justicó por las
especiales características de la ciudad y en denitiva, del estado venezolano
más importante desde el punto de vista económico: el Zulia. Dicha presen-
Historia consular del Zulia: consideraciones para su estudio
Juan Carlos MORALES MANZUR
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cia consular, que tan profusa y dinámica ha sido, ha contribuido a mantener
enlazada a la ciudad – puerto con el resto del mundo.
Si bien es cierto que en una primera etapa los cónsules, principalmente
los honorarios, representaban los intereses económicos foráneos en la ciu-
dad por ser éstos comerciantes y empresarios de distintas nacionalidades, los
mismos, con el transcurrir del tiempo se convirtieron en factores de cambios
profundos, conformando parte integral de la sociedad zuliana.
Por estos motivos, es prudente asegurar que la presencia consular en Ma-
racaibo y Zulia revela los siguientes aspectos esenciales: Maracaibo, como
epicentro económico durante los siglos XIX y XX, desarrolla una actividad
que atrae capitales extranjeros y crea condiciones que propician, desde 1824,
el establecimiento de representaciones consulares. Como ciudad – puerto
de importancia capital para el comercio caribeño y atlántico, Maracaibo se
desarrolla como centro de actividad económica que, a su vez, involucra al
occidente venezolano y al noreste colombiano, especícamente Santander;
todo lo cual explica fehacientemente la presencia de los capitales extranjeros
descritos y de distintos consulados en Maracaibo que resguardarán los inte-
reses de sus países de origen.
Durante el siglo XIX, los cónsules acreditados en Maracaibo, especialmente
los honorarios, participan activamente de las actividades económicas y sociales
de la ciudad, se mezclan con el elemento criollo y son factores importantes de
grandes iniciativas cívicas en benecio de la ciudad y colectividad.
Los cónsules acreditados en Maracaibo, durante el siglo XIX, y principios
del XX, sufren las consecuencias propias de la distancia geográca con Ca-
racas y más, de sus países de origen. Además éstos tienen que resguardar los
intereses de sus países y de los ciudadanos o súbditos de los mismos, y hasta
sus propias vidas y las de sus familias, ante las luchas internas de Venezuela,
las arbitrariedades de los gobiernos locales y nacionales, el irrespeto constan-
te de las prerrogativas inherentes a sus cargos y, en denitiva, las precarias
condiciones de vida de una ciudad (Maracaibo), y de un país que pretendía
insertarse en la dinámica político-económica internacional.
Durante 180, años se encuentran países de América, Europa y Asia repre-
sentados en la ciudad, con estrecha vinculación con la colectividad y otros
factores económicos y sociales de la ciudad, tal como se ha señalado. De
igual forma, durante el siglo XX, la explotación petrolera aumentó el interés
de distintos países por la región zuliana, lo que produjo, a su vez, el incre-
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mento de la presencia extranjera, el establecimiento de industrias diversas y
el desarrollo del comercio, lo que intensica las relaciones de esta parte de
Venezuela con el mundo, y propicia al establecimiento de nuevos consulados
en la ciudad de Maracaibo y otras poblaciones del Estado.
Aunque durante y después de la segunda guerra mundial dada la belige-
rancia existente y el apoyo de Venezuela a los países aliados y, posteriormen-
te, con la política exterior del Presidente Rómulo Betancourt y por último,
debido a las condiciones que han sumergido a Venezuela en una crisis eco-
nómica, a partir de los años ochenta del siglo XX, desaparecen distintas re-
presentaciones consulares, pero, actualmente, un número signicativo de las
mismas persiste, destacándose con ello, la importancia de Maracaibo como
segunda ciudad del país siendo Maracaibo representada, a través del tiempo,
principalmente por cónsules honorarios, la función de éstos adquiere cada
día más importancia en las relaciones internacionales. Prueba de ello es el
Convenio de Viena del 24 de abril de 1963 que en su Capítulo III (en el
punto “régimen aplicable a los funcionarios consulares honorarios”) recono-
ce la equivalencia entre los funcionarios consulares honorarios y de carrera.
Muchos Estados europeos, con motivo del elevado coste de mantenimiento
de las Ocinas Consulares de carrera, han ido sustituyéndolas con represen-
taciones honorarias. La conrmación de ello es el hecho que también Estados
muy industrializados (EE.UU., Reino Unido, Bélgica, etc.) o los países que
antes o inmediatamente después del último conicto mundial habían regis-
trado fuertes inmigraciones, especialmente desde Europa (hacia Argentina,
Brasil, Venezuela, Uruguay, Estados Unidos, entre otras) se sirven actualmen-
te del auxilio de los consulados honorarios. Además de eso, han aparecido en
la escena internacional naciones recién independizadas - tanto en el conti-
nente africano como en el asiático - las cuales, por escasez o falta completa
de recursos nancieros hayan requerido la creación de estas representaciones
consulares para asegurar una asistencia adecuada a sus ciudadanos.
La presencia de numerosas representaciones en Maracaibo, capital del Zu-
lia, es claro índice de su progreso e importancia comercial a nivel mundial, por-
que estas representaciones de países amigos de Venezuela, tienen como especial
y muy importante objetivo ampliar las relaciones de comercio ya existentes,
abrir nuevas áreas para esas relaciones y unicar la amistad entre los pueblos.
Historia consular del Zulia: consideraciones para su estudio
Juan Carlos MORALES MANZUR
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