Perspectivas: Revista de Historia, Geografía, Arte y Cultura
Año 6 N° 11 / Enero-Junio 2018, pp. 89-105
Universidad Nacional Experimental Rafael María Baralt
ISSN: 2343-6271
* Lcda en Filosifía de la Universidad del Zulia. Maestrante en Antropología, mención: Antropo-
logía Social y Cultural de esta misma casa de estudios. Docente e investigadora en el Instituto
de Tecnología de Maraacaibo y en la Universidad del Zulia.
Recibido: 08/07/2017
Aceptado: 30/10/2017
La ceguera en las cciones literarias: reejo
de la comprensión de la sociedad en Ernesto
Sábato y José Saramago
Rebeca CHACÍN*
Universidad del Zulia
Instituto Universitario de Tecnología de Maracaibo
chacinhayde@hotmail.com
Resumen
Se presenta un estudio comparativo entre Ernesto Sábato y José Saramago sobre la noción de
ceguera. La etnografía de texto se realizó con dos obras literarias, del género novelesco, que se
acercan a la problemática de la carencia de un órgano de la percepción, sus efectos en el cuerpo
y en el entorno social, más allá de un abordaje descriptivo se propone un análisis interpretati-
vo, por lo cual se utilizará a Le Breton, quien desde su antropología del cuerpo proporcionará
las bases teóricas sobre la comprensión de los ojos como los órganos del distanciamiento. Las
ideas sobre la percepción desde la antropología nos dan visos de modos de vida, es decir que
cabe la interrogante de si el humano es a través de lo que percibe, interpreta y eventualmente
comunica e indiscutiblemente tenderemos a dar respuestas armativas.
Palabras clave: Ceguera, Antropología del cuerpo, Sábato, Saramago.
Blindness in Literary Fiction: Reection of the Understanding of Society in
Ernesto Sábato and José Saramago
Abstract
is paper presents a comparative study between Ernesto Sábato and José Saramago on the
notion of blindness. Text ethnography was carried out with two literary works, of the c-
tional genre, that approach the problematic of the lack of an organ of perception, its eects
on the body and the social environment, beyond a descriptive approach proposed an inter-
pretive analysis, for which Le Breton will be used, who from his anthropology of the body
will provide the theoretical bases on the understanding of the eyes as the organs of distan-
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cing. e ideas about perception from anthropology give us glimpses of ways of life, that
is to say, the question is whether the human being is through what he perceives, interprets
and eventually communicates and we will unquestionably tend to give armative answers.
Keywords: Blindness, Body Antropology, Sábato, Saramago.
lisa y llanamente abre los ojos
se coloca la máscara del día
las zapatillas de rodar sobre el abismo
Lydda Franco Farias
Aspectos preliminares
En la época circundante existe una conanza extremada en lo visual, por
ello es que Le Breton a dedicado parte importante de su obra a reivindicar al
olfato como único sentido vinculado con la memoria, entre otras cosas el au-
tor nos recuerda que los ojos imponen un distanciamiento entre la cosa obser-
vada y el observador, así la sociedad vigilada, el panóptico y todas las alegorías
que implican y promueven ejercicios de percepción vinculados a la distancia.
El uso de los ojos, le imprimen a la cotidianidad formas luminosas, ex-
puestas, miradas, así se hace imperativo el estudio de las sombras, por lo que,
partiendo de reexionar sobre la problemática de la ceguera, sus efectos en
el cuerpo y el entorno social mediante la comparación de la narrativa de Er-
nesto Sábato y José Saramago desde las cciones narrativas realizaremos un
acercamiento a la problemática sobre la ceguera, sus efectos en el cuerpo y en
el entorno social, más allá de un abordaje descriptivo .
1. Entre cegueras y tumbas
Ernesto Sábato y José Saramago compartieron inclinaciones políticas simi-
lares, pues entre todas las opciones que la militancia política puede presentar,
fueron miembros activos del partido comunista de sus países de origen, Argenti-
na y Portugal, respectivamente, en sus tiempos de juventud, así mismo, compar-
tieran un destino como escritores y fueron seducidos por personajes vinculado
a la perdida de la visión. Además, ambos fueron hombres nacidos en el campo,
por lo que la tierra para ellos es un símbolo ineludible. Esto es evidente en el
caso de Sábato, especialmente en su texto Sobre héroes y tumbas
1
donde la tierra,
1 Publicada en 1961 en Buenos Aires Argentina, se considera como parte de una macro historia
iniciada por el autor con la obra El Túnel cuya obra fue considerada por Camus como pieza
ineludible del existencialismo de la época, a saber sobre héroes y tumbas fue reimpresa en el
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la madre, la patria y el territorio habitado, junto a la continuidad y la ruptura de
las tradiciones familiares generan el enclave del género discursivo por el cual el
autor expresa sus ideas. Saramago, por su parte, deja a sus personajes sin sus espa-
cios personales y nos atrevemos a suponer que ello se vincula con el drama de los
campesinos sin tierra, que ven reducidos sus espacios cada vez más, pero que a la
vez deben descubrir formas del espacio público no descrito o dicho.
Sábato fue miembro del “Boom Latinoamericano
2
.Su obra fue reconocida
por Albert Camus como un ejemplo del absurdo de la existencia humana, por
lo que se le comprende implícitamente como un autor existencialista, hombre
que cuestiona los sistemas de armaciones comunes de su época a partir de un
análisis concienzudo de su tiempo, a saber, en los ámbitos educativo, político,
ético y religioso. Nació y murió en Argentina (1911-2010) a la edad de noven-
ta y nueve años, tras llevar varios años ciego; por otra parte, durante su desa-
rrollo profesional como físico también cosecho reconocimientos. El año en el
que publica su segunda obra literaria, en 1961, el mundo político se enfrenta
con momentos emblemáticos de la política internacional, los cuales fueron: el
levantamiento del muro de Berlín y la ruptura de las relaciones diplomáticas
entre Cuba y Estados Unidos, además del desarrollo del juicio de Eichmann
en Jerusalén por las atrocidades cometidas en los campos de concentración.
José Saramago, por su parte, fue reexivo y profundamente crítico con los
movimientos generados en mayo del ‘68, pues estaba inconforme de la idea de
la prohibición de la prohibición, debido a que el portugués estaba convencido
de que para cambiar algo exterior antes debemos cambiar de vida interior; es
decir que como sociedad violenta y egoísta debemos enfocarnos en algo más
que la competitividad, por ejemplo, en la solidaridad con el género humano.
Nació y murió en Portugal (1922-2010). Considerado uno de los más grandes
exponentes de la literatura contemporánea según los críticos, tanto en lengua
española como portuguesa. El año de la publicación de Ensayo sobre la cegue-
ra
3
fue 1995, momento histórico posterior a la caída del muro de Berlín en el
que el mundo veía progresar la paz y sus acuerdos, en el caso de Oriente Medio
pese al asesinato de Isaac Rabin, quien fuera presidente de Israel.
2003 y 2006 por Seix Barral, también ha sido traducida a diferentes idiomas.
2 Fenómeno literario que surgió entre los 60-70 del siglo XX en los que se encuentran autores
como García Márquez, Cortázar, Vargas Llosa y Fuentes.
3 Publicada en 1995, en el idioma materno del autor, reimpreso en español por Santillana con
traducción de Basilio Lossada en el mismo año, también fue reimpresa (2000, 2004) por Edi-
tora Aguilar, Altea, Taurus, Alfaguara y Editorial Nomos.
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2. Ojos, percepción y comunicación desde una perspectiva de la
antropología del cuerpo
Le Breton recordará el Renacimiento como la época donde una minoría
privilegiada promovió los fundamentos de su sociedad “erudita” (Copérnico,
Bruno, Kepler, Galileo), sus criterios de precisión cientíca, relacionada con
la seguridad en los números, los cálculos y las abstracciones, consiguieron,
por medio de sus aportes, inuir en los conceptos fundamentales con los que
el hombre de occidente comprendía el mundo que le rodeaba, además de las
repercusiones inherentes sobre la desconanza en lo sensorial o los sentidos.
El siglo XVII engendró la losofía mecanicista, separada de los conceptos re-
ligiosos y sus cargas trascendentes, situando su interés a la altura del hombre,
dando así origen al concepto moderno: de cuerpo.
Dada la separación de las culturas de la época (eruditas y populares/co-
munitarias) se advierte existían dos visiones del cuerpo: “una lo desprecia, se
distancia de él y lo caracteriza como algo de materia diferente a la del hombre
al que encarna, se trata, entonces, de poseer un cuerpo, la otra mantiene la
identidad de sustancia entre el hombre y el cuerpo, se trata entonces de ser un
cuerpo” (Le Breton, 2002:60). Al revisar la signicación de los verbos poseer
y ser (de acuerdo con la Real Academia Española) encontramos, que el pri-
mero se reere a la tenencia de una cosa u objeto, mientras que el ser da cuen-
tas sobre la esencia o naturaleza de una cosa en sí. Creemos en la actualidad
que lo sensitivo es lo que constituye al humano, aunque no exclusivamente,
dado a su condición de ser vivo y racional le liga con cualidades diversas, que
son expresadas por medio de su materia (que le exige ocupar un espacio).
Una de esas escisiones de las deniciones del cuerpo, produjo un trata-
miento de objeto sobre los seres humanos, algunas teorías han llamado a di-
cho fenómeno cosicación, sin embargo, nuestro interés radica en indicar
como no sólo se afectó la dimensión cognitiva, sino también la dimensión
afectiva, las relaciones interpersonales y el poder, pues por medio de esa de-
nición se penetro en el campo de las relaciones sujeto-medio, además de la re-
lación del sí mismo y sus órganos. “Los ojos son los órganos que se benecian
con la inuencia creciente de la “cultura erudita” (Le Breton, 2002:41). El
discurrir del tiempo nos dejó ver como el “sentido de la distancia, se convirtió
en el sentido clave de la modernidad puesto que permitía la comunicación
bajo su juicio” (Le Breton, 2002:41). Cabe la pregunta retórica ¿Cuáles fue-
ron los juicios de la vista?
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La comunicación, según el autor del Azar y la necesidad
4
, posibilitó: “el
desarrollo de la performance especíca del hombre, el lenguaje simbólico,
acontecimiento único en la biosfera, abre el camino a otra evolución, creado-
ra de un nuevo reino, el de la cultura, de las ideas, del conocimiento” (Mo-
nod, 1986:127). Por ende hemos de coincidir con Sperber cuando advierte
las nociones sobre la signicación de los símbolos son absurdas, pues los fe-
nómenos no son signos, por ende su interpretación no signica, por lo cual el
simbolismo como sistema cognitivo no se encuentra restringido, además los
sistemas culturales se relacionan con los paradigmas y los estilos cognitivos
como nos subrayan Flores (1993) y García Gavidia (1987).
El humano puede, por medio de la lengua, comunicar sus ideas para so-
brepasar las fronteras impuestas por la piel; sin embargo, también puede
optar por el silencio y generar abismos ónticos al reservar sus palabras crear
para sí una defensa intencional frente a la posibilidad de contacto (con el
otro), sin que ello se reera a un detrimento de sus capacidades cognitivas.
Las experiencias de distanciamiento y separación no son recientes para los se-
res humanos. La herencia epistemológica del siglo XVIII está estrechamente
relacionada con el divorcio del cuerpo (cuyo precursor fue Versalio). Añadi-
mos la siguiente consideración “El divorcio también se plantea, y el hecho es
signicativo, respecto de la imaginación considerada como poder de ilusión,
fuente de errores. Además, la imaginación es en apariencia una actividad in-
útil, improductiva, irracional” (Le Breton, 2002:71).
Parece que el boceto del hombre moderno nos conduce a un sujeto que se
erige sobre sus pies y anda, mientras desconfía de su órgano más extenso que es
la piel. Si le libramos de ella, terminamos con un ser muscular capaz de separar-
se de la carne para no quedar en el mundo expuesto a sensibilidades (incluidas
las gustativas). Entonces, los restos serán unos huesos que no transpiran pero
que resguardan órganos secretores, responsables de la “vitalidad”, podríamos
creer percibir una lágrima que corre del ojo, que quedó atrapado en medio de
una maquina funcional e intenta desde su sensibilidad dar cuenta de una condi-
ción humana, a través de una corporalidad que le es ajena y carente de densidad.
Damos cuenta constantemente de nuestra condición humana por medio
del lenguaje simbólico, nos hacemos de nuestro reino gracias a la palabra y la
4 Monod en esta obra reere la relevancia de la denominada segunda evolución humana, la de
la simbolización, además de armar lo más importante de la evolución es la estabilidad de las
formas, sino imagínese el lector como el cuerpo humano podría ser tratado como un topos de
206 huesos, 500 músculos, multiorgánico y con un compendio de sistemas (respiratorio, circu-
latorio, digestivo, excretor, entre otros).
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percepción sensorial y cognitiva, podríamos buscar términos dicotómicos para
estos conceptos y sin duda alguna encontraríamos la relación entre la palabra
articulada y el silencio, más cuan profundo abría que penetrar para coincidir
con un término opuesto a la percepción. Conforme al silencio tenemos que “es
como un vacío que sumerge al grupo en el desconcierto a no ser que alguien
lo rescate con una palabra” (Le Breton, 2006:29). Ahora nos interrogamos si
puede percibirse el vacío, la ausencia, si puede ser comprendida la idea de per-
cepción sin el uso de los sentidos. Por lo que cabría citar a Merlau-Ponty:
Un cuerpo humano está aquí cuando, entre vidente y visible, entre
quien toca y lo tocado, entre un ojo y el otro, entre la mano y la mano
se hace una especie de recruzamiento, cuando se alumbra la chispa
entre el que siente y lo sensible, cuando, prende, ese fuego que no ce-
sará de quemar, hasta que tal accidente del cuerpo se deshaga lo que
ningún accidente hubiera bastado para hacerlo (1964:18).
Con todo, los órganos perceptivos no sólo nos permiten reconocer, sino
que nos permiten producir impresiones sensoriales, de acuerdo a los psiquia-
tras puede ser considerada (la percepción) como la conciencia de los objetos
y de las relaciones, que proceden de la estimulación de los órganos sensoriales
periféricos, razón por la cual susbordes (en oposición) más próximos son: las
enfermedades degenerativas, el coma vegetativo o la muerte.
De allí que las enfermedades degenerativas (de algunos de estos órganos),
puede suprimir total o parcialmente las funciones de estos, por lo que generan
carencias o deciencias que permiten la diferenciación entre los cuerpos sanos
y los enfermos. Existe una relación con el cuerpo y el exterior, se acepta que el
hombre actúa sobre el mundo mientras este actúa sobre él, ello genera que el
tratamiento recibido por los cuerpos enfermos funcione como un reejo de
las particularidades simbólicas del mundo respecto a las relaciones de alteri-
dad. Otro extremo diferencial de la percepción será el coma o estado vegetati-
vo, dado a que comprometo las percepciones sensoriales periféricas y por ende
cercena toda posibilidad de expresión sensorio- motora, y por último la muerte
porque pone n al mundo sensorial y al mundo perceptivo cognitivo.
Pese a nuestro interés actual no se hallé supeditado a los modos en los que
la humanidad ha lidiado con la angustia causada por la pérdida de los órga-
nos perceptivos sensoriales y cognitivos, debemos manifestarlo para poder
ir más allá de esta descripción cargada de lo que la muerte nos hace perder
en el cuerpo y señalar la falta del otro como objeto de afectos, deseos, entre
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otros, por lo cual cabe cuestionarnos sobre el valor de ese cuerpo enfermo, en
estado vegetativo o muerto, desde la dimensión axiológica, pues Le Breton
armaba debía entenderse que:
1. El cuerpo es la fuente de identidad del hombre al que da vida.
2. El cuerpo, como el movimiento al mismo tiempo social e íntimo del símbolo.
Tanto la identidad como los símbolos son confrontados con el recruza-
miento con el otro, dado a que “el cuerpo es una construcción social y cultu-
ral y su ‘realidad última’ no está dada. El cuerpo mezcla desordenadamente,
sus acciones y sus constituyentes con la simbólica social y sólo puede com-
prendérselo en relación con una representación que nunca se confunde con
lo real, pero sin la cual lo real no existiría” (Le Breton, 2002:182).
Considerando que la Modernidad bajo el dominio de los ojos ha edica-
do su construcción social, fundamentando su obra con la eliminación de los
rasgos que le eran propios a estos órganos de percepción como la exploración,
la sorpresa, el descubrimiento, arrojó a la humanidad a una sobreexposición,
ávida de iluminar todo escondrijo de las sombras. Lo anterior evoca la tarea
de los limpiadores de estrellas del cuento de Julio Cortázar, donde la noche
quedo abolida, así pues, pareciera que casi nos hemos convertido en habitan-
tes de un mundo aséptico, ergo de cuerpos semejantes, salvo los de aquellos
que por fortuna habitamos en la actualidad suelo venezolano y sin embargo,
mantenemos nuestra condición de herederos del rigor erudito donde “la re-
presentación, incluso de la vigilancia, es el vector esencial de la apropiación
que el hombre realiza de su medio ambiente” (Le Breton, 2002:182).
Al conar en los referentes Jungnianos de la psicología, diremos que la
humanidad posee áreas o cualidades que se encuentran en sombra, es decir
que aquello que el hombre no pone de maniesto, que tiende a olvidar, que
no es coincidente con ideas favorables sobre sí mismo incluso sus instintos o
impulsos creadores pertenecen a esta área. La sombra puede estar constituida
por sueños, producciones artísticas o acciones (contenidos en el exterior), más
el afán moderno que el sentido de la vista incito hizo que la prolongación de
la iluminación arropará incluso la corporalidad humana, representándonos
como un haz de luz, desnudo, observado y signicado, capturado más que su-
jeto pues el mundo interior o “El espacio interior del hombre está tanto más
expuesto que su espacio social” (Le Breton, 2002:202). Reducidos a signos,
meros, transitando una posesión fragmentada de órganos y quimeras senso-
riales. Sobre la base de las observaciones mencionadas al respecto del hombre
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aséptico e inmaculado (o iluminado) citaremos a Dan Sperber, con suabordaje
de la interpretación de los símbolos a modo de símil: “Quienes tratan de inter-
pretar símbolos en sí mismos miran la fuente de luz y dicen ‘no veo nada. Pero
la fuente de luz está ahí no para que se la mire a ella, sino para que se mire y vea
lo que ella ilumina. E igual pasa con el simbolismo” (1988:98).
Si el simbolismo ha de tratarse como un producto de la focalización y
evocación, resultado de un dispositivo general del humano y estrategias de
aprendizaje, capaz de construir identidades, mas inacabado, implicativo
y contradictorio, tendremos que cada individuo pesé a su contexto social,
histórico y económico engendra matices a veces imperceptibles pero que le
permiten concebir su libertad “elemento frágil del edicio humano, reposa
sobre la imaginación tomada a la vez en el sentido ilusorio y en el de la libe-
ración a través de los símbolos” (Leroi Gourhan, 1971:387) la libertad como
sombra duplicativa, proyecta las dimensiones constitutivas del hombre y se
transforma en eje de la construcción del lenguaje simbólico. Añadimos que
el símbolo es siempre el producto de los imperativos biopsiquicos por las
imitaciones del medio” (Durand, 1981:36).
Considerando nuestra performance especica como especie humana de em-
plear un lenguaje simbólico y que la historia del pensamiento de la humanidad
nos advierte que conforme a los valores promovidos por cada época los sentidos
externos adquieren un uso casi jerárquico en la cotidianidad, hemos de asumir aún
hay espacios íntimos, inconscientes e imaginativos que encontraran su cauce a la
sombra quieta y espesa de nuestro cuerpo social, lo que para Piaget era un símbolo
funcional, Para Bachelard es un símbolo motor y en denitiva lo relevante al res-
pecto es que “El hace la unión (…)entre los gestos inconsciente de la sensoriomo-
tricidad, entre las dominantes reejas y las representaciones” (Durand, 1981:53).
Los cuerpos son resultado de cosmovisiones y ello posibilita la constitución
de la identidad, debido a que “El simbolismo social es la meditación por me-
dio de la que el mundo se humaniza, se nutre de sentido y de valores y se vuelve
accesible a la acción colectiva. El ser metáfora, cción operante, pertenece a
la naturaleza del cuerpo” (Le Breton, 2002:182). Así es como los arquetipos,
según Jung esquemas o potencialidades funcionales, se vivican en los actores
sociales, como nos encarnamos en vigilantes, nos experimentamos a través del
nombre o denominación. Entonces la boca que no es marco del rostro hace su
parte al verbalizar y dejarnos expuestos, hasta como creadores de cciones. Sin
embargo, añadimos el símbolo no se desarrolla en una sola dimensión pues no
debe ser comprendido como sí su naturaleza fuera lingüística.
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3. Construcción de un análisis a partir de un desmembramiento
del cuerpo literario
Para los existencialistas, las obras que mejor reejan la realidad del mundo
circundante son las novelas, no sólo por los recursos literarios empleados por
los autores para su desarrollo, sino porque el escritor se ve obligado a enmar-
car a sus personajes en una narración cticia, con tiempos verbales, un am-
biente, una sociedad y además en un cuerpo nicho de afecciones, sensaciones,
pensamientos y angustias, por lo cual más allá de todo tratado o maniesto,
resulta aprehensible la condición humana a través de ellas. Esto es posible por
el uso de los símbolos colectivos y arquetipos según Jung.
De acuerdo a Durand, los arquetipos Jugnianos son sustanticaciones de
los esquemas, queson tejidosfuncionales de la imaginación, mientras que él
se enfoca en las relaciones entre los esquemas, los gestos y estructuras, en-
tendidasetiológicamente en este caso.Éstas son entendidas como “una for-
ma transformable, que juega el papel de protocolo motivador para toda una
agrupación de imágenes y susceptible a su vez de agrupación en una estruc-
tura más general que nosotros llamaremos Régimen” (Durand, 1981:57). Te-
nemos así que, de acuerdo con lo investigado, puede decirse que Ensayo sobre
la ceguera y Sobre héroes y tumbas poseen elementos del régimen diurno de la
imagen, siendo los más resaltantes los símbolos catamorfos, pese a la presen-
cia de un bestiario enriquecedor de los símbolos teriomorfos, a saber, exis-
ten sendas referencias a perros, pájaros, dragones, entre otros... Tanto Sábato
como Saramago se valen, a nuestro juicio, de la actitud heroica adoptada por
la imaginación diurna la cual “lejos de dejarse conducir hasta la antífrasis y la
inversión de valores, engrosa hiperbólicamente el aspecto tenebroso, ogresco
y maléco del rostro de cronos” (Durand, 1981:114).
Advertimos que nuestro análisis inicia con la revisión de la obra de Sarama-
go, pese a que no se siga ello del orden cronológico de su producción literaria,
nuestro criterio para dicha presentación responde a dos aspectos,en primera
instancia deben ser vistas las novelas como microcosmos constitutivos de un
macrocosmo, debido a que Ensayo sobre la ceguera es entendida como piedra
angular de Ensayo sobre la lucidez, mientras que Sobre héroes y tumbas de Sábato
es un puente o más bien la narración de un tiempo pretérito, que forma parte de
un tránsito temporal entre “El túnel” y “Abaddón el exterminador”.Por último,
la obra del portugués responde a los juicios emitidos por los enfermos; es decir,
que se emplea el pronombre personal: nosotros, mientras que la del argentino
está escrita desde la mirada del otro, por lo cual el pronombre empleado es ellos.
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4. Saramago y la mujer sombra
5
La cura de una enfermedad inicia al diagnosticar su causa, cuando la so-
ciedad se enfrenta con la posibilidad del contagio, ignorando los agentes res-
ponsables de la transmisión o contaminación; muy probablemente se obtiene
como respuestas a este estimulo además de un miedo generalizado al contac-
to, una sospecha distante sobre los cuerpos enfermos y entonces se expone
la relación del cuerpo con el exterior. Lo anterior deja en evidencia la idea
de “la interioridad tenebrosa y sangrante del cuerpo” (Durand, 1981:113)
la cual indiscutiblemente puede aplicarse a los individuos y al cuerpo social,
por lo que los enfermos ocuparan espacios de sangre y sombra en la novela de
Saramago. “No, amor mío, no puedes, me quedo aquí para ayudarte y para
ayudar a los que vengan, pero no les digas que yo veo. Qué otros, No creerás
que vamos a ser los únicos, Esto es una locura, Debe serlo, estamos en un
manicomio” (Saramago, 2004:61).
Así como los leucocitos por medio de la fagocitosis desechan microor-
ganismos que pueden ser bacterias, hongos, virus o cuerpos extraños, así el
humano que en un tiempo fue útil, puede ser rechazado por el grupo si es
considerado una amenaza. En escenarios de guerra se ha evidenciado el tra-
tamiento del otro como peligroso, por lo que debe ser exterminado sin titu-
beos, más conforme el texto narrativo se desarrolla, vemos como se reserva
el hacinamiento a todo aquel que sea germen de lo desconocido al perder su
facultad visual, en algunos casos aún sin haberla perdido. Entendemos “La
ceguera, como la caducidad, es una lisiadura de la inteligencia” (Durand,
1981:88) y por ende se limitan los espacios vitales, así como los desplaza-
mientos, disminuyendo las posibilidades gestuales y los contactos. Así den-
tro de la obra encontramos la siguiente reexión “tan lejos del mundo que
pronto empezaremos a no saber quiénes somos, n siquiera se nos ha ocurrido
preguntarnos nuestros nombres, y para qué ningún perro reconoce a otro
perro por el nombre que le pusieron” (Saramago, 2004:84).
Cabe acotar que ese gesto de separación engendra dos males: el desco-
nocimiento y el silencio. Cada uno afectaórganos diferentes, entre ellos, los
ojos, pues la retina es receptora de las ondas electromagnéticas y por ende
se obtienen sensaciones de claridad, oscuridad y colores; se tiene que estos
5 Cuando hablamos de la mujer sombra nos referimos a la esposa del médico de la obra de Saramago,
quien es capaz de mentir respecto de su condición de enfermedad para cuidar y quedarse cerca de su
esposo en el escenario más incierto, aquel en el que el “contacto físico o proximidad directas, serían re-
cogidas y aisladas para evitar ulteriores contagios (…) por progresión geométrica.” (Saramago, 2004).
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promueven el distanciamiento, pero sin sobrepasar sus límites naturales de
estimulación, dado a que para percibir hace falta un vínculo espacial entre el
objeto y el observador. Se entiende que las ideas de Saramago son expuestas
a partir de símbolos de mutilación; sin embargo, habría que idear un modo
de clasicar esta ceguera, pues en su particularidad de estar cargadas de una
luz incesante, revaloriza la noción de inconsciente, pues no son arrojados los
personajes a las tinieblas sino a las luces. Gracias a ello nos encontramos con
la idea de la “‘translucidez ciega’ que simboliza el espejo” (Durand, 1981:88)
cuyo isomorsmo de símbolos entre la ceguera y el espejo deviene en un “es-
pejo que mira el destino del mundo” (Durand, 1981:89), por lo que parecie-
ra que el contagio es del golpe de la realidad veladora que imposibilita toda
construcción cotidiana o segura. A su vez, el silencio
6
puede ser impuesto o
elegido por lo que responder a un tipo de personalidad introspectiva o a un
intento de atadura del habla y por tanto de la identidad del humano.
Saramago desembaraza a sus personajes de un nombre, más no de una más-
cara, les endilga, labores, estados civiles, relaciones de parentesco y movilidad,
aquella que recuerda los rasgos más animales, la dominante sensoriomotriz de la
postura vinculada con la vista, por lo cual el autor se ve obligado a describir cier-
tas modicaciones reejadas en el cuerpo. Indiscutiblemente, somos un sistema
orgánico, pues el paralelo de los pies y la postura vertical puede ser mantenida
gracias a las funciones de los ojos. Ahora, la carencia de dicha percepción reque-
rirá de una modicación de la posición del dorso, en un gesto casi involucionado
o de retorno, pues la traslucidez visual puede dejar al hombre a tientas “Luego
descubrió que la posición convenía perfectamente a un ciego, si avanzaba a gatas
podría encontrar con más facilidad el camino” (Saramago, 2004:104).
Ante la enfermedad ¿Qué nos identica? ¿Qué nos hace ser? Las enferme-
dades vulneran nuestras certezas, nuestro lugar en el mundo, incluso el valor
axiológico. En Ensayo sobre la ceguera, por ejemplo, la mirada es extrapolada a
la yema de los dedos, donde la distancia impuesta por el sentido de la vista es
quebrada junto a las conanzas anidadas en el siglo XX y XXI como herederos
de la vigilancia. Los contactos dejan de ser visuales y son en la piel y así el acer-
camiento se hace inevitable, entonces la rapidez y la premura son sustituidas
por un inujo de sudores, respiraciones y pausas, por una continuidad tempo-
ral sin consciencia del transcurrir de las lunas “los ojos de aquellos hombres
6 Hasta que llegó el momento en que las palabras se callaron y el viejo de la venda negra se encontró
sin nada que decir. Y no fue porque la radio se hubiera averiado o se agotaran las pilas, la experien-
cia de la vida y de las vidas cabalmente demuestra que el tiempo no hay quien lo gobierne, parecía
que este aparatito iba a durar poco, y alguien tuvo que callarse antes que él (Saramago, 2004:204).
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buscaban golosamente las mujeres, algunos tendían las manos ávidas, si fugaz-
mente tocaban a una, sabían al n para dónde mirar” (Saramago, 2004:241).
La ceguera “es una cuestión privada entre la persona y los ojos con que na-
ció” (Saramago, 2004,48), transgura la temporalidad a partir de los estados
de digestión y de hambre, capaces de arrastrar al grupo a una postergación de
toda acción vital hasta tanto no se sacie su necesidad, debido a que “la necesi-
dad es de orden cronológico y no de orden ontológico” (Durand, 1981:41).
El gesto de la alimentación de los enfermos puede prolongar su vida y ello, no
necesariamente, implicará mejoras en sus condiciones de salud. Este orden
se corresponde con Dumezil y la dominante de la nutrición, en el orden -
gurativo tendremos que Durand (1981:113) advierte: “En efecto, aunque el
tubo digestivo sea el eje del desarrollo del principio del placer, es así mismo,
en nosotros la reducción microcósmica del tártaro tenebroso y los meandros
infernales, es el abismo, eufemico y concentrizado.
Hemos de comprender porque los aspectos menos cándidos de esta c-
ción fueron relegados a la boca y todos los procesos que del deglutir se des-
encadenan, encontramos que así como la boca es la encargada de las mani-
festaciones respecto de nuestros personajes sin nombre y por tanto de surcar
los bemoles del tiempo, de los cambios impuestos por la enfermedad, del uso
de la memoria para dar descripciones acerca de las últimas imágenes a las que
estuvieron expuestos las que la imaginación les lleva a crear, y del pronuncia-
miento de exigencias producto de las apetencias sexuales. La boca canal de
mantenimiento de los moribundos que pierden su carácter funesto se con-
fronta con el alimento y devora así un tiempo presente.
El gesto de devorar no sólo se vinculó con los alimentos, hubo humanos
devoradores de pieles, de construcciones sociales y del orden religador, ca-
paces de dicha empresa por medio del uso de la fuerza bruta y de las fuerzas
destructiva del poder “Sordas, ciegas, calladas, a tumbos, sólo con la volun-
tad suciente para no dejar la mano de la que llevaban delante, la mano, no
el hombro como cuando vinieron (…) hay gestos para los que no se puede
encontrar una explicación fácil, a veces ni la difícil se encuentra” (Saramago,
2004:245), Así pues, se manifestó “el tercer esquema terroríco, el de la caí-
da, se reducía al microcosmo de la caída en miniatura, de la caída interior y
coenestésica bajo su doble forma sexual
7
y digestiva. Transferencia gracias a
7 Cuando el médico y el viejo de la venda negra entraron en la sala con la comida, no vieron, no podían ver, a
siete mujeresdesnudas, la ciega de los insomnios tendida en la cama, limpia como en su vida lo había estado,
mientras otra mujer lavaba, una tras otra, a sus compañeras y después a sí misma” (Saramago, 2004:249).
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la cual la actitud angustiosa del hombre ante la muerte y ante el tiempo irá
acompañada siempre de una inquietud moral ante la carne sexual e incluso
digestiva” (Durand, 1981:114).
Vulnerar el órgano extenso en un acto consumador no consensuado es llama
aniquiladora o ardiente que quema pero no mata, someterse a ello a condición
de la satisfacción digestiva conduce a las interrogantes sobre la vida, lo humano,
lo animal y las elecciones, ocupar el lugar de la cosa devorada conduce al límite
de la desvinculación por medio de la penetración, La violación de los terrenos
femeninos es un símbolo del cultivo de las agresiones, el intento de la contención
de lo profundo encuentra su imposibilidad en el gesto vinculador de las fuerzas ,
donde lo peor según un personaje femenino es sentir placer al ser violada.
Hilar las manos como gesto vinculante de los símbolos del tiempo, del
inconsciente, de la profundidad, la agitación y la impureza, hilo de cuerpos
femeninos que andando en la espesura de la noche y la mierda pronto uirán
más allá de las temibles realidades mortales y temporales, desde el espacio de la
sombra, gracias a que el símbolo se dinamiza y se atravesará a los cuerpos cti-
cios a través de las imágenes de limpieza y puricación, primero con aguas li-
mitadas, luego con lágrimas de una mujer vidente que serán relamidas por un
perro y nalmente aguas precipitadas, ilimitadas, incontenidas y arrasadoras
de tiempos que se disfrutaran por tres mujeres en un espacio elevado, más allá
de un manicomio reducido a cenizas por el fuego abrazador, luego encuen-
tran el mismo elemento amable pero contenido en una lámpara que delimita
a la oscuridad y le imposibilita ser toda, en un nicho microcosmico (hogar)
que genera la recuperación de la postura erguida, la saciedad del hambre, la sed
y de compromisos antes que encuentros sexuales, en un mundo exterior que
recobra la relación del afuera y el adentro, del deseo de los sujetos. Pero que
fue posible desde el momento en el que se reconoce “es necesario matar, (…)
Cuando está muerto lo que aún está vivo” (Saramago, 2004:259).
5. Sábato, máscaras, el dragón y la legión
8
El rostro de Alejandra parece una genealogía de las máscaras familiares,
sólo el personaje secundario Bruno podrá dar cuenta de ello, pues él es respec-
to a ella el ojo que mira asombrado buscando en una lo que era propio de la
8 La subdivisión acá presentada reera a su vez la propuesta por Sábato en su obra en los cuatros
capítulos que la conforman donde la máscara reeres a los capítulos denominados los rostros in-
visibles e informe sobre ciegos, mientras que el dragón, destaca el capítulo uno titulado el dragón
y la princesa y por último la legión se vincula con el capítulo llamado un dios desconocido.
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otra, entre Ana María, Georgina y Alejandra, cada vez más engañado por el la-
berinto de los rostros en el tiempo de estas mujeres, demarcará el camino para
diferenciar como en antaño los latinos entre las máscaras, máscaras trágicas
y rituales: la persona dirá Mauss “viene de per/sonare (la máscara a través de
la cual (per) resuena la voz (del actor)” (Mauss, 1979:323). Esas resonancias
en busca de interlocutoreso receptores dan cuenta de una identidad, dado a
que el cuerpo no es un atributo de la persona sino un lugar y tiempo donde se
construyen las identidades, aquella de la que Sábato, al más puro estilo de los
romanos
9
, asigna a sus personajes, por medio del uso de nombres, apellidos e
historias que se ciñen a su destino, aun en un texto sin Dioses, pero con héroes.
Fernando parece ser una tentativa del arquetipo del héroe en términos
Jugnianos, para profundizar en ello podríamos señalar sus faltas, por medio
de los pecados funcionales del guerrero de los que nos habla Dumezil, si bien
no traiciona a un rey, concibe el modo de dañar aunque no de muerte a quien
gozaba de su hospitalidad bajo un n persecutorio de la legión de ciegos,
interés mayor que la conanza y la amistad depositadas en su mano, luego no
se olvida de sus compromisos adquiridos por medio del matrimonio, más hay
en él hábitos sexuales devoradores e irresponsables, por lo que ciertamente
arremete contra el deber conyugal. Si existiera Dios en la obra podríamos
creer que “son los dioses quienes dirigen aquí el juego” (Dumezil, 1996:34).
Pareciera que no es más que por la angustia del devenir que el personaje ter-
mina por representar el nosotros de los alucinados y los vigilantes vigilados,
por lo que añadiremos el siguiente referente: “El mito universal, por ejemplo,
siempre se reere a un hombre poderoso o dios- hombre que vence al mal en-
carnado en dragones, serpientes, monstruos, demonios y demás, y que libera
a su pueblo de la destrucción y la muerte” (Jung, 1995:79). Este hombre que
sueña con la mutilación de sus ojos, que penetra un ojo en busca de grietas de
ensoñaciones que terminan sujetándolo en una humedad alucinada o premo-
nitoria ¿De quién es héroe?
Advertimos en la obra existe la presencia de símbolos nictomorfos e iso-
morfos donde el agua nocturna corresponde por anidad a la representación
del tiempo por lo que en primera instancia acotamos “El agua sombría es
devenir hídrico. El agua que corre es amarga invitación al viaje sin retorno
(Durand, 1981:90). Así es un devenir preñado de terror, perteneciente a un
9 Los héroes antes de su constitución pasan por rupturas espacio-temporales, dentro de las cuales
se encuentran la traición al rey o a la ley del grupo social, la traición de los compromisos adqui-
ridos por medio del matrimonio o con la dimensión doméstica.
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arquetipo universal, pues: “es el elemento mineral que se anima con mayor
facilidad. Por eso es constitutiva de ese universal arquetipo, a la vez teriomor-
fo y acuático que es el Dragón” (Durand, 1981:90). El agua no sólo se asocia
con Fernando, sino también con Martín cuyo referente materno es hilado
con la noción de cloaca, agua estancada, tiempo inmundo e incomprensible
que imposibilita toda creación de un cuerpo amparado y animado. Por lo que
fácilmente termina como presa de la agitación el cuerpo cloaca, es estreme-
cido y expuesto a los movimientos rápidos e indisciplinados que Alejandra
encarna desde el esquema de lo animado.
Mujer revestida de animalidad que es “símbolo de la agitación y del cambio,
endosa de forma más simple el simbolismo de la agresividad, de la crueldad”
(Durand, 1981:78), germen del incesto, creada entre fuerzas dominantes y
sumisas, por tanto complementarias y que se presentan anidadas en la princesa
que devora mientras somete a una castidad no muy prolongada al otro, objeto
de deseo y de sordidez, que en la medida que se place habita el tártaro tenebro-
so y digestivo, que pronto se religara con el espacio de las cloacas. “como si fue-
ra una princesa-dragón, un indiscernible monstruo, casto y llameante a la vez,
candoroso y repelente al mismo tiempo: como si una purísima niña vestida de
comunión tuviese pesadillas de reptil o de murciélago” (Sábato, 2006:120).
Por otra parte, serán los pájaros los animales ligados a la legión de la mu-
tilación, aquella constituida de símbolos del régimen diurno, a saber, laberin-
tos, aguas oscuras, además de esquemas de ascenso los cuales generalmente
“van acompañados siempre de símbolos luminosos, de símbolos tales como
la aureola o el ojo” (Durand, 1981:38). Ojo que es penetrado por Fernando
motivado por una voz “que salía o parecía salir del ojo. Dijo estas palabras:
ahora entra este es tu comienzo y tú n” (Sábato, 2006:376) y le conduce a
un escenario teatral, lugar subordinado por antonomasia a la mirada del otro,
desde antes de nuestro siglo. Acaso la espera de la ciega y los constantes des-
mayos y recuperaciones del personaje se corresponden con que “la parte pro-
funda de la consciencia se encarna en el personaje ciego” (Durand, 1981:88).
Desde la aparición de los lósofos de la duda el hombre ha intentado asir
al inconsciente por medio del análisis de sus estadios conscientes, así como a
la imaginación por medio de tratados y esquemas cientícos, sometiendo a
las trampas de la signicación a los símbolos colectivos, aquellos que pueden
hacerse desde la fantasía creadora, gracias a las intimaciones con el medio y
los imperativos biopsiquico.
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Entre los mundos consciente e inconscientes encontraremos a los escrito-
res en estado de vigilia, quienes según Jung tienen unos orígenes primitivos
vinculados con que “la capacidad del hombre para reexionar procedan de las
dolorosas consecuencias de violentos entre chocamientos emotivos” (Jung,
1995:76), entonces si Fernando es arquetípicamente (en términos Jungnianos)
un escritor de su tiempo, reducido a una movilidad entre escenarios típicos del
control y observación, como la Iglesia, el manicomio y el mirador. Hemos de
comprender su afán por los esquemas terrorícos (en términos de Durand) que
se vinculan con la angustia por el tiempo y sus efectos en las máscaras de la
humanidad, incluidas las de los héroes encarnados (y desencarnados) desde la
cción que gritan avatares de las derrotas y los tiempos de antaño que siempre
terminan por construirles a nuestros personajes modos vitales. Así pues, entre
las alucinaciones y las premoniciones, algunos escritores hacen menguar a las lu-
nas sin evitarse su destino, manteniéndose vivos y adentro de sus circunstancias.
A modo de cierre
La ceguera inesperada y tratada desde el ámbito privado como Saramago,
apela al efecto que su carencia ejerce sobre el resto de los sentidos, además
de los modos de habitar el espacio y el tiempo si estos no son más que un
indicador secundario de la experiencia de estar en una ceguera totalmente
iluminadora. Ahora, la ceguera proyectada por Sábato, data de las formas
en las que la colectividad acostumbra a encontrarla en su contexto vital, a
pues, su valor agregado al respecto de esta enfermedad es la posibilidad de la
aparición de un grupo organizado de ciegos, capaces de moverse de modo
imperceptible para la mayoría.
Así pues, partiendo del uso de las teorías de Durand y Dumezil se ha podido
realizar la interpretación de las piezas de cción que pueden desde su carácter
de distópicas, convertirse en una expresión exagerada de los rasgos más viscera-
les y dolorosos de la sociedad humana, donde lo bello y el reconocimiento de la
condición humana quedan relegados a segundos o terceros planos imaginarios.
Por lo que en ocasiones, las referencias a la ceguera pueden ser entendidas
en Saramago como una actitud ante los hechos factuales que afectan a la colec-
tividad pero que son tratados como los enfermos en la novela y son relegados a
un espacio que se controla y reprime hasta que el contenedor de lo contenido
forma parte de lo insano, patológico y anormal, Sábato es mucho más crudo y
permite que al nal de su obra su personaje principal no se pierda en las som-
bras sino en la aurora de un nuevo viaje, congurándolo en su propio héroe.
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Referencias
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