
Perspectivas. Revista de Historia, Geografía, Arte y Cultura
Año 6 N° 11/ Enero-Junioe 2018 / ISSN: 2343-6271
100
buscaban golosamente las mujeres, algunos tendían las manos ávidas, si fugaz-
mente tocaban a una, sabían al n para dónde mirar” (Saramago, 2004:241).
La ceguera “es una cuestión privada entre la persona y los ojos con que na-
ció” (Saramago, 2004,48), transgura la temporalidad a partir de los estados
de digestión y de hambre, capaces de arrastrar al grupo a una postergación de
toda acción vital hasta tanto no se sacie su necesidad, debido a que “la necesi-
dad es de orden cronológico y no de orden ontológico” (Durand, 1981:41).
El gesto de la alimentación de los enfermos puede prolongar su vida y ello, no
necesariamente, implicará mejoras en sus condiciones de salud. Este orden
se corresponde con Dumezil y la dominante de la nutrición, en el orden -
gurativo tendremos que Durand (1981:113) advierte: “En efecto, aunque el
tubo digestivo sea el eje del desarrollo del principio del placer, es así mismo,
en nosotros la reducción microcósmica del tártaro tenebroso y los meandros
infernales, es el abismo, eufemico y concentrizado”.
Hemos de comprender porque los aspectos menos cándidos de esta c-
ción fueron relegados a la boca y todos los procesos que del deglutir se des-
encadenan, encontramos que así como la boca es la encargada de las mani-
festaciones respecto de nuestros personajes sin nombre y por tanto de surcar
los bemoles del tiempo, de los cambios impuestos por la enfermedad, del uso
de la memoria para dar descripciones acerca de las últimas imágenes a las que
estuvieron expuestos las que la imaginación les lleva a crear, y del pronuncia-
miento de exigencias producto de las apetencias sexuales. La boca canal de
mantenimiento de los moribundos que pierden su carácter funesto se con-
fronta con el alimento y devora así un tiempo presente.
El gesto de devorar no sólo se vinculó con los alimentos, hubo humanos
devoradores de pieles, de construcciones sociales y del orden religador, ca-
paces de dicha empresa por medio del uso de la fuerza bruta y de las fuerzas
destructiva del poder “Sordas, ciegas, calladas, a tumbos, sólo con la volun-
tad suciente para no dejar la mano de la que llevaban delante, la mano, no
el hombro como cuando vinieron (…) hay gestos para los que no se puede
encontrar una explicación fácil, a veces ni la difícil se encuentra” (Saramago,
2004:245), Así pues, se manifestó “el tercer esquema terroríco, el de la caí-
da, se reducía al microcosmo de la caída en miniatura, de la caída interior y
coenestésica bajo su doble forma sexual
7
y digestiva. Transferencia gracias a
7 Cuando el médico y el viejo de la venda negra entraron en la sala con la comida, no vieron, no podían ver, a
siete mujeresdesnudas, la ciega de los insomnios tendida en la cama, limpia como en su vida lo había estado,
mientras otra mujer lavaba, una tras otra, a sus compañeras y después a sí misma” (Saramago, 2004:249).