Perspectivas: Revista de Historia, Geografía, Arte y Cultura
Año 6 N° 11 / Enero-Junio 2018, pp. 121-137
Universidad Nacional Experimental Rafael María Baralt
ISSN: 2343-6271
* Licenciado en Supervisión Educativa, Especialista en Educación Artística y Magister en Educación,
en el ámbito de procesos de curricularización. Actualmente, está culminando el Doctorado en Cien-
cia Política de la Universidad del Zulia. Es personal docente y de investigación (activo) en la Univer-
sidad del Atlántico en el programa de licenciatura de Educación Musical y; en la Universidad Simón
Bolívar en el Departamento de Ciencias Sociales y Humanas en Barranquilla Colombia.
Recibido: 08/07/2017
Aceptado: 30/09/2017
Devenir de las políticas culturales en
Barranquilla: protagonismo histórico en la
dinámica cultural de Colombia
Álvaro Hernán LOBO ALVIS*
Universidad del Atlántico - Colombia
alobo@unisimonbolivar.edu.co
Resumen
El objetivo de esta investigación es comprender el protagonismo histórico desempeñado por
Barranquilla y la Región Caribe en la dinámica cultural de Colombia, en el marco de lo que
representan el advenimiento de la constitución de 1991. Metodológicamente la investigación
se desenvuelve en los dominios de la fenomenología-hermenéutica. Se concluye que, la realidad
cultural del país acusa una fuerte presencia de la cultura regional del Caribe colombiano, en
una suerte de tropicalización de la sociedad nacional, donde el personaje de la Costa, ya carac-
terizado o ya caricaturizado, está presente en todas las producciones de los medios y se rescatan
o visibilizan acuarelas costumbristas de la región. Tal pareciera que la consideración Caribe no
tomara sólo a la Costa Norte, sino a la condición bordeante del país en la cabecera norte del
sur del continente americano como referente identitario de una región pujante históricamente.
Palabras clave: Políticas culturales en Colombia, región caribe, Barranquilla, políticas públicas.
Becoming Cultural Policies in Barranquilla: Historical Protagonism in the
Cultural Dynamics of Colombia
Abstract
e objective of this research is to explain the historic role played by Barranquilla and the Ca-
ribbean Region in the dynamics of Colombia, within the framework of what the cultural poli-
cies that are implemented since the advent of the 1991 constitution represent. Methodologically,
the research develops in the domains of phenomenology-hermeneutics. It is concluded that the
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cultural reality of the country shows a strong presence of the regional culture of the Colombian
Caribbean, in a kind of tropicalization of the national society, where the character of the Coast,
already characterized or already caricatured, is present in all productions of the media and cos-
tumbristas watercolors of the region are rescued or made visible. It seems that the Caribbean con-
sideration will not only take the North Coast, but the bordering condition of the country in the
northern head of the south of the American continent as an identity reference of a region.
Keywords: cultural policies in Colombia, Caribbean region, Barranquilla, public policies.
Introducción
En el marco del proceso investigativo que se lleva a cabo, la formalidad
de la construcción teórica que lo acompaña, expone la fuerza operativa del
objetivo formulado, encaminado a comprender el protagonismo histórico
desempeñado por Barranquilla y la Región Caribe en la dinámica cultural de
Colombia, enunciado que permite develar la realidad histórica de una región
que no cesa de representar un referente para el desarrollo cultural y productivo
del país. En efecto, las condiciones sui géneris que caracterizan el nacimiento
de la ciudad de Barranquilla, la proyecta como una región que se erigió para
aglutinar fuerzas productivas; ser enclave de una economía globalizada y pun-
to nodal de una cultura-región en un proceso que mantuvo el argumento de
una posición geográca privilegiada entre sus pobladores e inmigrantes.
El desarrollo de los acontecimientos que tributario a la localización de
la región de “Tierradentro, la conversión en sitio de libres y su gradual y
posterior estructuración urbana, son indicadores de una cadena de sucesos
que comportan gestiones personales, dedicación de vida y acciones sinérgi-
cas entre colectivos que dieron el surgimiento de múltiples manifestaciones
culturales y un arraigo identitario que conserva la población barranquillera al
día de hoy, en tanto punto nodal de la región caribe.
La condición de entrada al continente por el Atlántico, convirtió a Ba-
rranquilla en la “Puerta de Oro de Colombia, en alusión al ujo vanguardista
de la región, de inusitado crecimiento y captación de aspectos culturales a
nivel local y regional, ante un país ruralizado y decimonónico, con altos ín-
dices de violencia, sectarismo y una fuerte tendencia centrista. Como ciudad
que entroniza la civilización de ultramar y contribuye a consolidar procesos a
nivel endógenos que, de cara al fenómeno del modernismo, pone la primera
piedra para un país y una región que se construye desde lo cultural; Barran-
quilla, intenta una vez más, retomar el liderazgo que le es históricamente le-
gítimo, inserta en una institucionalidad de Nación, una crisis de dirigencia
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local y los retos de unos tiempos que imbrican nuevos enfoques de cultura,
identidad, ciudadanía y sistemas productivos.
1. Semblanza histórica de Barranquilla como punto nodal del
país Caribe
Barranquilla, “ciudad de brazos abiertos para el mundo, como se la con-
sidera en el imaginario nacional, es un espacio material y simbólico en el cual
conuyen manifestaciones culturales de la región Caribe nacional e inter-
nacional. Otrora, denominada por el Presidente Marco Fidel Suárez como
“Barranquilla Pórtico Dorado de la República, y posteriormente en 1946,
durante la inauguración de los primeros Juegos Centroamericanos y del
Caribe, el Presidente Mariano Ospina Pérez, conrmó esta denominación
llamándole “Barranquilla Puerta de Oro de Colombia” (Blog Ocial Con-
sejería para el Bicentenario de Barranquilla, 2012), ostenta el mérito de ser
entrada y corredor, desde principio del siglo XX, de auencias culturales que,
de alguna manera, hicieron tránsito al resto del país, cuando no echaron raí-
ces en ámbitos locales de la región costeña.
De igual manera, Barranquilla logra además ser considerada el primer
puerto marítimo y uvial de la costa norte y zona industrial, comercial, ban-
caria y cultural, lo que impulsa un gran ujo inmigratorio de población na-
cional y extranjera. En este sentido Consuegra, sostiene: “Para ese entonces,
cuando corría el año 1901, Barranquilla contaba con una población aproxi-
mada de 39.723 habitantes entre nativos y foráneos…” (2001:102). En con-
secuencia, se forma un mosaico sociocultural de ubicación estratégica en la
ciudad que da como resultado concentraciones en zonas o barrios, como los
negros palenqueros en los barrios Valle, la Manga, Sourdís; los guajiros, en
Los Nogales; los comerciantes interioranos o cachacos, en la zona Cachacal,
y de manera general, las organizaciones o colonias de Santandereanos, Cor-
dobeses y de las provincias o pueblos periféricos” (Viloria et al, 1995:107).
En estas circunstancias, la pujanza de la joven ciudad construye su desarrollo
económico sobre un uido comercio y una avanzada industrial que direcciona al
interior del país y al resto del continente el musculo empresarial y nanciero de
la naciente economía urbana. Debido a esto y como prueba de reconocimiento,
el 17 de agosto de 1993, mediante el Acto Legislativo número 01, la ciudad es
declarada Distrito Especial, Industrial y Portuario de Colombia y de contera, el
puerto de mayor movimiento comercial de la región, en este sentido: “La crea-
ción de un puerto capaz de permitir el acceso de cargueros y tráco (Bocas de
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Ceniza) convirtió a la ciudad en la gran puerta de Colombia y del Caribe y en
la tercera más importante económicamente del país” (Deuschesne, 1954. s/p).
Por otra parte, la dirigencia local ejerció liderazgo en el desarrollo de la ciu-
dad, al tiempo que se enfrentaba a los persistentes intentos de despojos, desvíos
presupuestales u obras por parte de la dirigencia interiorana. Sin embargo, la ciu-
dad de Barranquilla ostenta el mérito de ser pionera en la navegabilidad comer-
cial del Río Magdalena; la construcción férrea y puertos de acceso al continente;
el muelle de Puerto Colombia, segundo más largo del mundo, entonces: “En
el año 1919, se fundó en Barranquilla, la primera empresa de aviación comer-
cial no solamente del país, sino de América. Fue la SCADTA, hoy AVIANCA,
cuyo prestigio universal no se puede desconocer” (García, 2006:16).
En el aspecto del desarrollo urbano, se destaca la construcción de una
moderna urbanización al estilo de los “suburbios residenciales de los Estados
Unidos, con grandes avenidas, parques, zonas verdes y de amplios solares,
donde se levantaron hermosas quintas, lo que constituye un hito arquitec-
tónico, hoy declarado de interés cultural para el país” (Sourdís, 2009, s/p).
Por todo ello, la arquitectura republicana, presente en diferentes puntos de
la ciudad, es igualmente un paso vanguardista en la región, materializada en
casas residenciales, iglesias, edicios públicos e instituciones universitarias.
Barranquilla, carga también, con el honroso mérito de introducir para el país
y gran parte de la región latinoamericana, las primeras manifestaciones de la
radio comercial y la práctica del futbol organizado y profesional.
2. Caribización del país
Como extensión del fenómeno por el cual la cultura del Caribe Colom-
biano se expande a nivel nacional y ante el boom del arraigo africano en las
expresiones musicales a nivel global, más la proyección de las industrias cul-
turales, el carácter costero del Caribe se observa en la postura descomplicada,
lenguaje extrovertido, tono vocal fuerte y abierto en la imagen del país, pro-
yectada en los medios masivos de comunicación.
Conviene resaltar también la valiosas y sólidas manifestaciones culturales
de la región Caribe colombiana, que imbrican la consonancia de la trietnia
1
distintiva de los pobladores de esta zona y que, en buena medida, Barran-
quilla, también denominada “Curramba, la Bella, durante mucho tiempo
recepta e incorpora a sus manifestaciones culturales. Esto la constituye, prác-
1 Se reere el mestizaje del blanco, indígena y negro.
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ticamente, como centro cultural de la costa norte de Colombia. Ahora bien,
si hay un campo donde esta ciudad ejerce liderazgo permanente es en la ori-
ginalidad de sus expresiones culturales, cuya fuerza y proyección del arte, las
letras, el deporte y las estas patronales está caribizando el estatus cultural del
país y su identicación en el contexto regional e internacional.
En estas circunstancias, juega un papel preponderante la celebración de los
carnavales, cuya proyección trasciende lo nacional, como quiera que hoy esté
declarado por la UNESCO como “Patrimonio inmaterial e intangible de la
humanidad. Su poder convocante arrastra con la cultura regional y aanza los
nexos ontológicos de la esencia caribe, permeada, a la vez, por otras manifesta-
ciones anes con predominancia afro. No obstante, la originalidad del caribe-
ño, le permite asimilar el carácter simbólico que comporta esta esta, ya que:
Con el disfraz, la máscara o el maquillaje del rostro, el individuo evade la rea-
lidad, incluso elude su propia manera de ser para imitar a otro y en ocasiones
hasta convertirse en alguien distinto. Durante ese tiempo efímero todo se
vale, en el sentido de romper las normas del diario vivir, jamás las reglas tran-
sitorias e inmorales del propio carnaval (Rodríguez, 2013:109-110).
En este contexto, en buena parte estimulada por la industria del espectá-
culo, la naturaleza caribe de la cultura se ha posicionado en la vitrina mundial
con niveles competitivos pocas veces visto antes.
Estamos, pues, ante un fenómeno de masicación de la cultura que irriga
todos los géneros, desde los más convencionales a los más liberales de la expre-
sión cultural. Así, vemos que las Artes, la literatura, el cine y cualquier híbrido
artístico, destacan o reivindica la cultura caribe en una de las múltiples caracte-
rísticas que la identican. Paradójicamente, mientras se mantiene la concentra-
ción de poder centralizado, en una muy astuta estrategia política se le da “pan-
talla” a la cultura regional. En virtud de ello, somos consumidores de realitis,
telenovelas, películas, conciertos, performance. Desde luego, todo obedece a un
fenómeno de consumo en un mundo competitivo, donde la cultura y la cultura
caribe, en especial, es un insumo del boom de la industria del espectáculo. En
esa medida, Barranquilla es una cantera de cultura caribe que se resiste a perder
su originalidad por cuenta de la falsa sensibilidad hacia la misma, por parte de
algunos dirigentes de la clase política tradicional de la región.
Finalmente, la vigencia del carácter vanguardista de Barranquilla en la Re-
gión del Caribe colombiano se mantiene “capoteando” los avatares de una polí-
tica centralista que aún considera que a nivel cultural lo digno de mostrar, está
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relacionado con la cultura foránea, mientras las regiones aanzan su esencia
cultural en las manifestaciones de su pueblo. En esta circunstancia, Barranqui-
lla deja aorar su dinámica propositiva en el escenario cultural nacional, apor-
tando elementos simbólicos que enriquecen la industria del espectáculo, mu-
chas veces a fuerza de una insoportable caricaturización que no caracterización.
Bien es cierto que el auge que se ostentó en el pasado ha perdido fuerza en estos
tiempos, pero la esencia y las características de un grande en la historia nacional
se mantienen incólumes para futuras manifestaciones culturales.
Los acontecimientos en distintos momentos de la historia de Barranquilla
están insertos en coyunturas o circunstancias de la dinámica planetaria que dan
cuenta de gestas expansionistas por parte de sociedades con avances tecnológi-
cos y culturales que posibilitan trascender sus fronteras. Se consideran aquí las
campañas conquistadoras, los procesos de coloniaje y la conguración cultural
de carácter simbiótico que impactan las localidades intervenidas.
Barranquilla, como parte de un bloque hemisférico y cabeza bordeante
de un territorio continental, receptó la auencia de visitantes “aventureros
obnubilados por la Leyenda del Dorado y lo exótico de esta parte en el imagi-
nario del peninsular. Como quiera que sea, ya desde los primeros tiempos de
la conquista se conguraron las condiciones que habrían de proyectar, siglo
después a esta región en la vanguardia de los nuevos acontecimientos. Al res-
pecto, el historiador Villalón, en entrevista sostenida para esta investigación
arma: “…Barranquilla es la principal ciudad de la Región Caribe, digamos
del mare nostro, del mar Mediterráneo que se llama mar Caribe, es la ciudad
más importante de acá de una vasta Región” (Villalón, 2018:3).
Se inere, a partir de lo considerado hasta ahora que la privilegiada ubica-
ción geográca del sitio en que hoy se erige la ciudad de Barranquilla, consti-
tuye una puerta de entrada y salida al exterior por el Atlántico, que permitió
un ujo inmigratorio de diferentes culturas; el ejercicio de una intensa activi-
dad comercial como puerto de paso de exportación y un inevitable desarro-
llo económico que la posicionaba de manera diferenciada con otros puntos
geográcos del continente. Se desprende de aquí, además, la evidencia de un
incipiente desarrollo portuario que liderará durante mucho tiempo el des-
pegue económico de la Región, mientras el tejido social tomaba forma en la
localidad. En este aspecto el Doctor Villalón sostiene, igualmente:
(…) Barranquilla sí fue líder como un siglo aproximadamente, en-
tre 1850 y 1950, en ese sentido Barranquilla llegó un momento…
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digamos en 1920 ya desde antes de 1920 o hasta 1920 Barranquilla
era el principal puerto de exportaciones de café en ese momento
y de importaciones que venían del exterior, de Europa y Estados
Unidos principalmente…, era en nexo entre el mundo y la econo-
mía del interior del país, o sea, Barranquilla tuvo un liderazgo por-
tuario,… era la puerta de entrada y salida del comercio exterior, en
ese sentido fue líder… (Villalón, 2018:1).
Ahora bien, es evidente que, a partir de las invasivas campañas proceden-
tes del viejo mundo, se generó una gran expectativa relacionada con lo nove-
doso y prometedor de estas tierras desconocidas para los europeos, que trajo
aparejados fenómenos de diversidad cultural, procesos transculturativos y,
sobre todo, el carácter hegemónico fundamentado en la noción de poder que
se confería la Corona.
Se exalta esta información en consideración a que para el investigador
Candela estas circunstancias dan margen a que: “…en la base de la ciudad está
la diversidad cultural como el motor que va a servir para todo lo que se vino
cien años a ciento cincuenta años después” (Candela, 2018:2). En efecto, esta
nueva comunidad constituye el hito diferenciador del origen de Barranquilla
cuando se trata de reseñarlo enmarcado en los patrones originarios que osten-
tan la mayoría de las ciudades del país. Más claro aún, Barranquilla:
No es el resultado de un acto formal, expreso y único de fundación,
plasmable en una diligencia escrita y rmada por diez o veinte fun-
cionarios y particulares. Ella es el producto laborioso de todo un
proceso étnico, económico y social; es el resultado de una conju-
gación geográca histórica en la cual semejante papel jugaron el
ambiente físico y la acción humana (Blanco, 2011:81).
Como quiera que sea, los acontecimientos van marcando la historia en
el proceso de mestizaje que ya está en estos sitios de libres, son la impronta
de una generación de criollos que asumen con dinamismo el progreso de su
localidad, donde, por fuerza del otrora adoctrinamiento están presentes ins-
tituciones de manera indiscutible. Se establece, entonces, en la ciudad una
generación con marcada identidad institucional, con conciencia de territorio
y apertura del siglo venidero.
A comienzos de la era Republicada (1815-1820), Barranquilla ya acusa
una intensa dinámica comercial, que incluye servicios de prestamistas y una
regular compra y venta de terrenos que satisfacen la auencia de inmigrantes
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de regiones circunvecinas y del exterior del país, al igual que se la ve como una
localidad desde donde se satisfacen las necesidades de los habitantes propios
y vecinos. Denota, además, una comunidad que por fuerza de la oralidad se
mantiene cohesionada culturalmente y Barranquilla como un centro de aco-
pio de las culturas de las provincias de la Costa Caribe.
3. Constitución de 1991: nueva visión del acontecer cultural
Con la Constitución de 1991, renacen las esperanzas de un nuevo país
que experimentó la crudeza de la violencia, el miedo y el marginalismo cultu-
ral. Se plantea en la Carta Magna una visión de país incluyente y multicultu-
ral, que en palabras del investigador Candela, sostiene:
La Constitución de 1991, dio un paso importante en reconocer la
diversidad y la multiculturalidad del país y eso trajo benecio para
la regulación de Políticas Públicas, sobre todo en un comienzo en
los primeros diez años del ejercicio de la Constitución en los pri-
meros diez o quince años, se dieron muchos elementos y activida-
des políticas para rearmar los derechos de la diversidad cultural
especialmente de los grupos étnicos… (Candela, 2018:10).
Entra, entonces, en el dominio de la gestión pública el concepto de Polí-
ticas Públicas, cuya importancia en el nuevo proyecto de país enunciado en
la Constitución, tiene sentido por los alcances de una nueva comprensión de
país cultural que supera la concepción prejuiciosa hasta hace poco impuesta
en la sociedad colombiana y a la cual hace referencia el Doctor Candela:
Desde lo nacional, aquí hubo como dos o tres etapas sobre todo en el si-
glo XX de las Políticas Públicas Nacionales, hubo una primera que tuvo
que ver con la visión que se tenía desde el centro del país que a todas luces
muy muy nefasta, polémicas o algunas digamos demasiado complicadas
para la región; sobre todo a partir del modelo que estableció Luis López
de Meza, en los años 30 y 40 que se trasladó a los libros de consulta y de
estudios en los colegios, en la cual se diseñó un mapa cultural en la cual
esto está dividido en cinco regiones y de las regiones que para Luis López
de Meza tenía mayor desarrollo, era la más civilizada, era la región cen-
tral, mientras lo demás era la Costa Pacíca que era la periferia, la Costa
Atlántica que eran mestizos y el Amazonas, que eran indígenas, esa era la
visión que teníamos y nos enseñaron a través de las Políticas Educativas y
que se reejó en las Políticas Culturales (Candela, 2018:11).
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Ahora bien, sería poco objetivo redundar en los acontecimientos cultu-
rales post-constitución y no reconocer la implementación de planes y pro-
gramas en las administraciones de turno que precedieron a 1991. Planes y
programas que, en algunos casos, obedecen al cumplimiento de una nece-
sidad de búsqueda de la homogenización cultural y legitimación del poder
centralizado, por demás, a través de “un esquema tradicional y tecnocrático
sustentado en la formulación e implementación de políticas provenientes
desde el Estado” (Arroyave, 2010:97), hasta un gradual reconocimientos
de las nuevas circunstancias en la nueva sociedad colombiana y regional que
clama por más participación en la vida nacional, a lo que se suma, la valora-
ción de las regiones con las necesidades de sus comunidades.
Constituye este evento la antesala de un cambio de institucionalidad en la
que: “A partir de la Constitución de 1991, Colombia adoptó un nuevo mar-
co institucional, el cual legitima el desarrollo de instrumentos, que aumentan
la eciencia del Estado e incrementan la participación ciudadana en la toma
de decisiones” (Mendoza y Barragán, 2005:168). Se abre, entonces, una nue-
va perspectiva de la realidad del país en tanto que:
Esta nueva Constitución y todo el proceso de descentralización vi-
vido en Colombia trajeron consigo un cambio estructural en la ma-
nera de concebir y plantear las Políticas Públicas en el país, puesto
que ya no era un asunto exclusivo del poder central, sino que cada
vez más, diferentes entes territoriales tales como Departamentos
y Municipios tuvieron la oportunidad de tomar decisiones que se
ajustaran a sus necesidades reales (Mendoza y Barragán, 2005:168).
Al día de hoy, transcurrido casi tres décadas a partir de la promulgación
de la Constitución de 1991 y la operacionalización de los postulados cons-
titucionales han sido posible en las nuevas exigencias por la existencia de la
Ley General de Cultura, Ley 397 de 1997; Ley de Ordenamiento Territo-
rial, de 1988; Ley General de Participación (Ley 715 de 2001), como: “
instrumentos políticos jurídicos para el desarrollo de las Políticas Culturales
en el orden regional y local y para el fortalecimiento de la institucionalidad
cultural” (Bravo, 2010:58).
Además, la constitución del Sistema Nacional de Cultura, considerado
como: “Un conjunto de instancias de procesos de desarrollo institucional,
planicación e información articulados entre sí, que posibilitan el desarrollo
cultural y el acceso de la comunidad a los bienes y servicios culturales según los
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principios de descentralización, participación y autonomía” (Bravo, 2010:59),
ello ha sido de vital importancia, como quiera que se estructura con el Minis-
terio de Cultura, los Concejos Municipales, Distritales y Departamentales que
orientan la cultura. Igualmente, los Fondos Mixtos de Promoción de la Cultura
y las Artes, al tiempo que recoge a las entidades de carácter público privado que
tengan que ver con actividades culturales (Bravo, 2010).
Conviene resaltar, además, la importancia de los planes y programas nacio-
nales de desarrollo que al igual que los existentes antes de la Constitución del
91, contribuyen a consolidar una política continua de desarrollo cultural en el
país, dado que establecen políticas a mediano y largo plazo, acorde con otros
planes o proyectos estatales en la visión de país. En el período post-constitución
que nos ocupa se conoce el Plan Nacional de Cultura 1992-1994: “Colombia
en el camino de la paz, el desarrollo y la cultura hacia el siglo XXI, que contri-
buyó a consolidar el Sistema Nacional de Cultura y el Desarrollo Institucional
del Sector, como a insertar las Políticas Culturales en el ámbito internacional.
Del 2001 al 2010, el Plan Nacional de Cultura: “Hacia una ciudadanía
democrática y cultural”, resultado de masiva participación en su etapa de
ideas y discusión preparatoria, a pesar de los momentos difíciles de conicto
y represión que vivía el país. Tiene la virtud de reconocer la condición rela-
cional entre lo político y lo cultural, lo que permite proceder desde la Política
de Estado frente a la globalización y considerar procesos de negociación de
propuestas culturales insertas en las nuevas dinámicas globales. En esta es-
tamos en la actualidad, reconociendo nuevos elementos al tiempo que las
dinámicas culturales se debaten entre el valor de la originalidad espontánea y
los condicionantes de un mercado cada vez más impositivo.
4. Devenir de las políticas culturales en Barranquilla: las indus-
trias culturales y la construcción de ciudadanía
Más que ser un imperativo, es una realidad vinculante. En efecto, en la
exposición precedente parece que Barranquilla estuviera ausente. No puede
estar más lejos de la verdad, pues la percepción es engañosa cuando se asume
la digresión desde lo nacional, ya que, de manera paradójica, mientras en la
nueva Constitución se reconoce a las regiones y se da, por lo menos en el pa-
pel, cierto grado de autonomía, lo cierto es que las líneas gruesas de las Po-
ticas Culturales emanan del centralismo estatal, su alcance sistémico engloba
a nivel nacional los entes rectores en las regiones.
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Por otro lado, el mismo país se inserta en una dinámica global que responde a
una lógica del mercado con una fuerza dicotómica: vincula o excluye. Para com-
prender esto, es conveniente considerar el análisis desde los alcances de la llamada
economía naranja, hoy tan difundida en los dominios del mundo cultural.
Lo interesante del fenómeno Economía Naranja, término acuñado por el
Banco Interamericano de Desarrollo (BID), se dene por:
El conjunto de actividades que de modo encadenado permiten que las
ideas se transformen en bienes y servicios culturales, cuyo valor está de-
terminado por su contenido de propiedad intelectual. El universo naranja
está compuesto por: 1) la economía cultural y las industrias creativas, en
cuya intersección se hallan las industrias culturales convencionales; y 2) las
áreas de soportes para la creatividad (Luzardo y Pérez, 2017:4).
Es decir, el insumo que le da razón a la Economía Naranja parte de la dimen-
sión intangible que tiene el ser humano y que traduce en actos creativos asocia-
dos a la realidad en que está inmerso, en tanto, que el olfato de la economía del
mercado capta la oportunidad de asimilar al producto creativo en la condición
de mercancía. En este contexto, se parte de considerar al bagaje creativo como
economía cultural que estructurado en una lógica del mercado pasa a constituir
las industrias culturales que en concepto del Ministerio de Cultura:
(…) representan sectores que conjugan creación, producción y comer-
cialización de bienes y servicios basados en contenidos intangibles de
carácter cultural, generalmente protegidos por el derecho de autor.
También son denominadas en algunos países: industrias creativas (crea-
tives industries) y conocidas en el ámbito económico como industrias
de futuro (sunrise industies) o, en medios tecnológicos, como industrias
de contenido (content industries) (Ministerio de Cultura, 2010:554).
Sí, es un fenómeno avasallante que se ve insistentemente en la realidad
cultural del mundo y, por su puesto, Barranquilla no es ajena a ello. Siendo
una localidad que muestra una concentración cultural diversa se ve abocada
a sintonizarse con el lenguaje de la economía del mercado en los términos
remozados de la Economía Naranja, máxime si es la línea de políticas que el
Estado pretende asumir en la búsqueda de la supuesta competitividad.
Se advierte aquí que mientras ello ocurre, se corre el riesgo de dejar por fue-
ra muchas manifestaciones culturales que, por razones de incumplimiento de
criterios de validación para los entes rectores, deben ser excluidos o sometidos a
transformaciones para que se asimilen al dominio de la rentabilidad. No obstan-
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te, para los actores activos de la cultura en Barranquilla, asimilarse a las industrias
culturales es una necesidad, al respecto el investigador Candela sostiene:
(…) a la par de fomentar y estimular la cultura y ligarla con lo de las
industrias culturales, hay que establecer también los sistemas de in-
fraestructuras, porque en el sistema de infraestructuras está el elemen-
to de ciudadanía que te lleva a crear ciudadanos a formar y fortalecer
ciudadanos, pero también crear consumidores de tu propia cultura y
eso lo hace desde la educación, por eso ese doble papel de ciudadanía,
ciudadano activo, pero que también puede valorar lo suyo, pero eso si
no se tiene una infraestructura es complicado (Candela, 2018:12-13).
Por otro lado, no deja de sentirse un hilillo de frescura al escuchar en los
eventos donde se discute el tema argumentar la necesidad de orientar las Po-
líticas Culturales vinculadas a las industrias culturales, respetando la esencia
cultural de las comunidades, preservando y no mercantilizando el patrimo-
nio cultural que es el que le otorga identidad a las comunidades y a las futuras
generaciones. Cosa difícil. Ya se verá.
5. Personajes signicativos en el liderazgo cultural de Barranquilla
A la luz de la teoría de las Representaciones Sociales, se puede compren-
der la emergencia de algunos actores que asumieron acciones de liderazgo en
la historia cultural de Barranquilla. Se percibe en cada uno de los momen-
tos históricos del empuje cultural de la ciudad, que las personas reseñadas
en el abanderamiento de las actividades o proyectos culturales procedían
de familias acomodadas económicamente, con rasgos de alcurnia o familias
prestantes. Se comprende fácilmente esto, porque en la naciente ciudad de
Tierradentro” al momento de quedar en la condición de sitio de libres, la
auencia de individuos incluyó personajes emparentados o asociados con la
realeza hispana, como también los inmigrantes de Norteamérica o países eu-
ropeos hicieron asiento en esta tierra.
Sea como fuere, la asimilación de la cultura local y los procesos simbióticos
históricamente establecidos pusieron a prueba la capacidad de gestión de pres-
tantes personajes que terminaron liderando las aspiraciones culturales de las
comunidades. El fenómeno que se da en las relaciones interpersonales de estos
individuos con la comunidad estructura un patrón cultural compartido:
…es decir la esquematización de las propiedades comunes de los
modelos individuales de los integrantes de una comunidad y el
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establecimiento de sus relaciones, orientadas por la organización
socio-cultural y la lógica conceptual de una comunidad, congu-
raron un Modelo Cultural (Pardo, 2002:4).
El individuo líder hace lectura de los modelos mentales de los individuos
que en comunidad pueden consensuarse en torno a un objeto social, algo que
cubre el interés colectivo, y es precisamente de estas circunstancias donde:
…las representaciones sociales proceden de la existencia de un grupo y del
amalgamiento conceptual en torno a un objeto social que uye en el grupo
en virtud de los procesos comunicativos y los factores socio-cognitivos que lo
determinan…” (Pardo, 2002.2).
A lo largo de la historia cultural de la ciudad de Barranquilla, surgieron
individuos, grupos, entidades que de una forma u otra contribuyeron a orien-
tar las manifestaciones culturales desde sus propias bases hasta convertirse en
un objeto compartido socialmente.
Conclusiones
En denitiva, la historia de Barranquilla comprendió un proceso históri-
co que la proyectó con las características que hoy sostiene su población: un
habitante abierto, espontáneo, desprevenido y muy creativo –esto al decir de
ellos mismos–, que no endosó su desarrollo cultural a criterios eurocéntricos
o al manejo prejuicioso de la cultura nacional que la dirigencia del interior
del país pretendiera homogenizar o replicar. El protagonismo desempeñado
por Barranquilla y la Región Caribe en la realidad cultural del país, obedeció
a una dinámica propioceptiva que uyó naturalmente en la relación espacio-
población hacia la construcción de una identidad cultural y social distintiva.
Es innegable que la ubicación privilegiada del espacio geográco donde
se erigió la ciudad fue determinante para ejercer liderazgo en la región y na-
cionalmente, habida cuenta de su apertura al mundo y la condición de pun-
to referente para las auencias inmigratorias debido a su pujanza comercial
y zona de embarcaderos. Aún en su incipiente realidad, el futuro se marcó
por su potencialidad y particular estructura socioeconómica, lo que, a su vez,
prohijó la conformación de comunidades culturales y un entorno vinculante
para las manifestaciones culturales de las zonas aledañas, como también para
ser paso inmigratorio hacia el resto del país.
En este orden de los acontecimientos, la ciudad no solo receptó inmigrantes
de diferentes nacionalidades, sino que se constituyó en lugar de asiento o residen-
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cia nal de los mismos. Así, por esta ciudad llegaron italianos, españoles, árabes,
alemanes, norteamericanos, ingleses que se adhirieron a la sociedad en formación
y contribuyeron a forjar un comercio, desarrollo industrial y portuario que activó
la economía productiva del país en su conjunto. En este sentido, se mencionan
a personajes como Pedro Biava, músico insigne de origen italiano, quien alen-
tó la cultura musical con la creación del Conservatorio de Música, la Orquesta
Filarmónica y la formación de generaciones de músicos que han mantenido en
alto las producciones musicales en la región. En el ámbito del urbanismo se des-
taca el norteamericano Karl Parrish, quien modeló una ciudad vanguardista en
su momento, con la construcción al estilo republicano, edicaciones que hoy son
declaradas patrimonio arquitectónico de la Nación. Samuel Hollopeter, de ori-
gen norteamericano, decidido empresario que gerenció las conocidas Empresas
Públicas Municipales, entidad que dotó a la ciudad de acueductos, redes de alcan-
tarillado y servicios de aseo, dándole un aspecto de orden citadino a la localidad.
En el aspecto de las letras, la presencia de intelectuales, ya por nacimiento,
ya por adopción, forjaron unas instituciones que elevaron el desarrollo cultural
y educativo de la ciudad, entre estos se mencionan, Julio Enrique Blanco, escri-
tor, pedagogo y humanista, quien fundó la Universidad del Atlántico y autor
de textos académicos; Amira de la Rosa, insigne poetisa que enalteció las letras
del país y autora de la letra del Himno de Barranquilla, Alberto Asa, incansable
gestor de la cultura, de origen alemán que fundó la Facultad de Idiomas de la
Universidad del Atlántico, al Instituto de Lenguas Modernas y a la Institución
Educativa Experimental. Fue, además, el fundador del “Concierto del Mes,
sala permanente de conciertos que permitió escuchar a lo más granado de los
instrumentistas nacionales y extranjeros. También, Barranquilla fue el terruño
de la poetisa Meira del Mar, de reconocidas letras en el ambiente nacional e
internacional y como corolarios de estas menciones, no sin antes advertir el
riesgo de dejar por fuera a muchos personajes de igual importancia, Barranqui-
lla fue el asiento experimental y creativo del Nobel de Literatura Gabriel García
Márquez, quien en compañía de destacados intelectuales proyectó liderazgo
cultural en la región a nivel nacional e internacionalmente.
Es evidente igualmente que la trayectoria política que se encauzó en el
país a partir de su naturaleza republicana estableció una organización admi-
nistrativa y política que alternó entre un Estado central a un Estado descen-
tralizado, con sus consecuentes particularidades en las funciones políticas,
scales y administrativas. Así se sucedió de una Constitución Política de ca-
rácter federalista, en 1863 a otra de carácter centralista, la de 1886, para a más
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de cien años después proclamar la Constitución de 1991, de actual vigencia,
que liberó al país, al menos en el plano constitucional, del anacronismo en
que la había sumido la Constitución de Rafael Núñez, Presidente Gestor de
la Constitución de 1886, ya que: “…omitía e ignoraba aspectos culturales,
sociales y económicos de la vida nacional, con el pretexto de unir al país tan
fuertemente fragmentado por las guerras y confundido por los múltiples
modelos, políticas administrativas adoptadas por las diversas constitucio-
nes” (Mendoza y Barragán, 2005:167). Se resalta lo expresado para advertir
que el signicado que asume la naturaleza del Estado incide en dos grandes
conquistas del Estado moderno, como son la condición de un Estado Social
de Derecho y su determinación en la noción de Derechos Humanos, De-
rechos Culturales, Ciudadanía Cultural y todos los conexos que de manera
afín reivindica la condición cultural del ser humano; mientras el otro aspecto
es la concepción de región y diversidad cultural, claramente maniesta en la
Constitución de 1991 que sucedió a la conservadora de 1886.
En este contexto, es decir en el de la vigencia de la Constitución de 1886,
hasta la promulgación de la Constitución 1991, se pasa del manejo de la rea-
lidad cultural centrado en el liderazgo particular, la convergencia de intereses
culturales compartidos o mecenazgos privados a un direccionamiento insti-
tucional de la cultura. Así se evidencia que “…la cultura era responsabilidad
de las dependencias secundarias del Ministerio de Educación Nacional, de
la Secretaría de Extensión Cultural, y de la Secretarías de Educación en los
Departamentos en donde aún no existían los Institutos Departamentales de
Cultura” (Mendoza y Barragán, 2005:166).
Constituye esta situación antecedente valioso para que se formalizara ins-
titucionalmente el organismo que se encargaría especícamente de la Política
Cultural en el país, COLCULTURA (Instituto Colombiano de Cultura),
en 1968, pero como una dependencia del Ministerio de Educación Nacional.
No obstante, desde este organismo se implementaron planes, programas y
proyectos, modalidades que caracterizaron hacia adelante las Políticas Cultu-
rales en los Planes de Desarrollo de las distintas administraciones, pues años
después se proclamó la Constitución de 1991 vía asamblea constituyente,
que dio paso de la Democracia Representativa a una Democracia Participati-
va, por lo menos así se promulgaba en su texto.
Este espíritu libertario y reivindicador de la Carta se hizo sentir en el re-
conocimiento de una Nación pluricultural y de regiones; el realce de los De-
rechos Humanos y la participación ciudadana. Se consolidaron los Planes de
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Desarrollo Cultural y la descentralización del manejo de las Políticas Cul-
turales a través de entes a nivel departamental, distrital y municipal, como
a nivel nacional se instauró el Sistema Nacional de Cultura que coadyuvó al
surgimiento del Ministerio Nacional de Cultura actualmente vigente.
La realidad cultural del país acusa una fuerte presencia de la cultura regio-
nal del Caribe colombiano, en una suerte de tropicalización de la sociedad
nacional, donde el personaje de la Costa ya caracterizado o ya caricaturizado
está presente en todas las producciones de los medios y se rescatan o visibili-
zan acuarelas costumbristas de la región. Tal pareciera que la consideración
Caribe del país no tomara sólo a la Costa Norte, sino a la condición bordean-
te del país en la cabecera norte del sur del Continente Americano.
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