
Manuel Trujillo Durán y La casa de la bahía
Vanessa DAVIES, Alexis FERNÁNDEZ**
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AF: A mediados del 2002, indagando sobre los tranvías en la ciudad, me
encontré con una página web, dedicada a los tranvías en América del Sur, de
Alex Morrison, en Nueva York, donde ubiqué unas excelentes fotografías de
los tranvías en Maracaibo. Inmediatamente le escribí inquiriéndole sobre la
posible vinculación de MTD y omas Alva Edison, como unos años antes
me lo había referido Kuruvinda, nuestro estimado Kuruvinda. Inmediata-
mente me respondió, indicándome desconocer tal relación, pero si me ha-
bló de una referencia que había encontrado en el Reino Unido, en Who’s
Who of Victorian Cinema de Luke McKernan, donde se hablaba de MTD.
Inmediatamente le escribí y en segundos me contestó que las referencias a
nuestro personaje las había ubicado en el texto Hennebelle and Alfonso Gu-
mucio-Dagron’s Les Cinémas de l’Amérique Latine: Pays Par Pays, l’Historie,
l’Economie, les Structures, les Auteurs, les Oeuvres (Paris: Lherminier, 1981).
Le escribí a Alfonso Gumucio Dagron en Bolivia, al enterarme que Guy Hen-
nebelle había para la fecha, ya fallecido. Gumucio Dagron, igualmente me
respondió con asombro, “¡Alexis te has metido con los fantasmas del pasado,
ese libro está en tu país, debe tenerlo Rodolfo Izaguirre, ya que fue quien
escribió sobre MTD…!”. Efectivamente llamé a Rodolfo Izaguirre quien me
conrmó que sí, que él tenía el libro en referencia y que los datos propor-
cionados eran el resultado de las investigaciones del profesor Ignacio de la
Cruz. Ya para entonces, las investigaciones del estimado profesor Ignacio de
la Cruz, habían sido rebatidas por su discípulo Jaime Sandoval: MTD no ad-
quirió el Vitascopio, no lmó las dos primeras películas que se le habían ad-
judicado, es un mero operador del ingenioso aparato patentado por Edison.
¡Aquello aguijoneó mi inquietud! Las referencias sobre MTD, no estaban
en la web, no estaban en los interesantes y rigurosos ensayos sobre la Historia
de la Cinematografía en el país. Estaban en los viejos y apolillados periódicos
y los maltratados libros impresos de la época. De modo que me dedique por
10 años a armar aquel tinglado de datos, referencias, anuncios publicitarios,
envejecidas y desvaídas fotografías, rutas seguidas como empresario trashu-
mante, montado siempre en el oleaje ccional (la noción es de Luis Rafael
Sánchez) para adelantar esta narrativa que aún no concluye. Literalmente me
volqué sobre los cronistas, historiadores, periodistas, memoriosos de la ciu-
dad. Releí cuidadosamente a Juan Besson, Fernando Guerrero Matheus, Ani-
ceto Ramírez y Astier, Ciro Nava, Ciro Urdaneta Bravo, Régulo Díaz, Kuru-
vinda, Vinicio Nava Urribarrí, Luis Villalobos Villasmil, el Teacher Arrieta,
César Chirinos. Me incliné en los periódicos de la época, Ecos del Zulia, El