Perspectivas. Revista de historia, geografía, arte y cultura de la UNERMB
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Génesis de los movimientos obreros y sindicalismo
petrolero en el Estado Zulia
Iván, SALAZAR*
El Estado Zulia en los inicios de la era petrolera
En el período comprendido entre las décadas de los años 10 y 20 del pasado
siglo XX, existía en el Zulia una escasez de mano de obra en los sectores donde
se estableció en 1914 la naciente industria petrolera, especícamente en la costa
oriental del Lago de Maracaibo. Esta situación origino en la región una importación
de mano de obra campesina que era explotada y sometida a un régimen similar
a la esclavitud. En la disciplina laborar se les aplicaba azotes, cepos, etc., y
eran prácticamente obligados a contraer una deuda de por vida con el patrono.
Conscientes de esta situación, algunas autoridades locales, en su carácter
de jefes civiles de los distritos petroleros del Estado Zulia, se decidieron a
informar al presidente de la nación sobre la situación en que vivían los
agricultores pobres en sus jurisdicciones. Calicaban de desastroso y tirano
el trato que en todas las haciendas de la zona se daba a los peones jornaleros,
a quienes los hacendados trataban como animales y esclavos. Enterado el
gobierno sobre esto, decidió destituir a estos jefes civiles favoreciendo de
esta manera a los explotadores de los campesinos (Linder, 2000: charla).
Debido al maltrato recibido y a las condiciones de trabajo existentes en
las haciendas, el campesinado vio en la naciente industria petrolera su tabla
de salvación. Se produjo un éxodo de campesinos oriundos de oriente,
los andes, Lara y Falcón hacia la costa oriental del lago. Brito (1973:
418), en unas estadísticas, nos indica que en el año 1916, emigraron hacia
la zona petrolera la cantidad de 1.135 campesinos, el 15 % de ellos entró
en la industria petrolera como obreros, un 37% ingreso en actividades
suplementarias a la naciente industria, mientras que un 18% emigró a
las ciudades, volviendo un 30% a su lugar de origen. Para 1921, la cifra
de emigrantes campesinos ascendía a 3.360. De este número, el 40% fue
Perspectivas. Revista de historia, geografía, arte y cultura.
Año 7 N° 12/ Enero-Abril 2013, pp. 127-141
Universidad Nacional Experimental Rafael María Baralt
ISSN: 978-980-12-6373-9
Recibido: Enero 2018 Aceptado Febrero de 2018
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incorporado a la industria petrolera como obreros, el 30% en actividades
complementarias, mientras que el 18% emigró a las grandes urbes, y el
12% regresó a sus lugares de origen. De la vecina isla de Trinidad fueron
traídos alrededor de 3.000 negros antillanos contratados para supervisar y
trasmitir órdenes de los Jefes de la Industria a los trabajadores venezolanos.
Eran remunerados con uno o dos bolívares extras y se les instruía para que
abusaran verbalmente de la masa obrera. De esta manera los trabajadores
creían que sus enemigos eran los antillanos y no los blancos extranjeros.
En el archivo histórico del Estado Zulia existen documentos que nos
reeren que en 1926, algunos dueños de posesiones solicitaban el apoyo de las
autoridades para evitar la fuga de peones de sus haciendas, debido a los mejores
jornales que ofrecían las compañías petroleras. Por tal motivo se enviaban
comisiones a los campos en búsqueda de los peones fugados que al ser localizados
eran castigados “de acuerdo con el Código de Policía, es decir tres días de
arresto que es lo que en estos casos establecía la ley” (A.H.Z., 1926: t.I-leg.I).
Los dueños de las posesiones pretendían que las autoridades los castigaran
con cepos o calabozo como lo habían hecho anteriormente otras autoridades.
Entre las causas que motivaron la fuga de los peones para ir a buscar trabajo
en las compañías petroleras se encontraban:
El mísero jornal que pagaban los hacendados de 3 bolívares diarios.
Una desnutrida y desbalanceada dieta alimenticia.
El maltrato que recibían por parte de los capataces y en oportunidades de
los mismos dueños de las haciendas.
Los peones se quejaban de que mientras los productos de los dueños de
haciendas (ganado en pie, queso, mantequilla, etc.) subían de precios y
obtenían grandes ganancias, a ellos les seguían pagando el mismo sueldo
(A.H.Z., ídem).
Cabe destacar, que por inuencia de las compañías petroleras, amparadas
por la Ley de Expropiación por Causa de Utilidad Pública, y con el apoyo
de los jefes civiles, a los campesinos que sembraban libremente en terrenos
baldíos, con el propósito de obtener el sustento diario, se les perseguía y
encarcelaba. Esta situación los obligó también a abandonar sus prácticas
agrícolas de subsistencia y buscar empleo en las empresas petroleras (A.H.Z.,
1926:t.I, leg.11).
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La decisión tomada por los campesinos de emigrar hacia los campos
petroleros no implicaba que las condiciones de trabajo y de vida en las
compañías petroleras eran mejores. Pero lo que si era obvio, es que la
Venezuela agraria de aquellos tiempos era explotadora, represiva e inhumana,
y no ofrecía a la mayor parte de los ciudadanos otra alternativa que no fuera la
del llamado del oro negro. Es por esto, y por razones de orden económico, que
se vieron como empujados hacia el camino que les ofrecía la industria petrolera
como una posible solución a sus problemas, con la esperanza de poder trabajar
como obreros libres asalariados. Sin embargo, se puede decir, que aunque las
condiciones laborales y de subsistencia en las haciendas eran duras, no era
menos cierto que las de los campos petroleros eran muy parecidas. La única
pequeña diferencia radicaba en que en las haciendas, mientras que los salarios
eran de 2 a 3 bolívares, en la industria petrolera eran de 4 a 5 bolívares diarios.
Primeros movimientos obreros petroleros en el estado Zulia
En la etapa comprendida entre los años 1921 a 1925, la explotación del
petróleo se intensicaba en el Zulia. A los campamentos petroleros auían cada
día más un gran número de obreros de todas clases y de muchos lugares, lo que
generaba ciertas condiciones o situaciones excepcionales en la comunidad. Esto
se debía más que todo a las variantes existentes en las culturas, costumbres, y
manera de actuar de cada uno de los grupos de venezolanos que procedían de
diferentes regiones del país. Por eso, los trabajadores, desde un principio, se
empezaron a denir a ellos mismos como regionalistas de acuerdo a su lugar
de procedencia: margariteños, andinos, larenses, zulianos, etc.
El marcado regionalismo existente no les permitía a los obreros unirse en contra
de los atropellos que cometía la industria petroleras, más bien mantenían entre
ellos mismos diferencias de tipo costumbristas en sus relaciones laborales que
se proyectaban y provocaban fricciones en la vida cotidiana de esos grupos que
inicialmente ellos conformaron. La supuesta conciencia regional individualista
trajo como consecuencia también una competencia y rivalidad en el trabajo, al
querer probar con esto que los mejores en las labores que se les asignaban eran
los de su región de origen. De esta situación se aprovechaban al máximo las
autoridades de las compañías petroleras, acentuando las marcadas diferencias
que existían entre ellos, para seguir de esa manera explotándolos al máximo.
Para ese entonces, la situación de los obreros era tan crítica que el Ministro
de Relaciones Interiores dictó una resolución, por disposición del Presidente
de los Estados Unidos de Venezuela donde se comisionaba al ciudadano
Rómulo Farías Nones, para que se trasladara el Estado Zulia, con el objeto
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de inspeccionar las condiciones en que se encontraban los obreros que
trabajaban en los campos de explotación petrolera (A.H.Z., 1926: t.V, leg.I).
La jerarquía de la sociedad de los campos petroleros funcionaba como
una especie de sistema de casta. Estaba constituida principalmente por los
jefes, supervisores, y técnicos anglo-holandeses-norteamericanos, luego
le seguían los negros antillanos. Los líderes de las empresas petroleras que
inicialmente eran europeos y posteriormente norteamericanos, reejaron
sus mentalidades en la construcción de los campamentos petroleros, ya que
construyeron barreras físicas (cercados de alambre) que los mantuvieron
separados de las poblaciones periféricas no petroleras, que nacieron o se
acrecentaron con el establecimiento de la industria petrolera y conformadas
por un grupo social desamparado por el gobierno de turno, además de
que no recibían ninguno de los benecios que ofrecían las petroleras.
El panorama social que ofrecían estos campamentos petroleros, les
permitió a los obreros reexionar acerca de lo difícil que era la vida en sus
comienzos. Entre los grandes males que los envolvían se encontraban entre
otros:
Jornadas de trabajo de 9 de la mañana a 9 de la noche.
Viviendas especie de “covachas” (bohíos fabricados de palmas y
madera), sin servicios sanitarios mínimos.
Ausencia total de servicios médicos asistenciales.
Condiciones deplorables de insalubridad en el trabajo y en los
campamentos.
Carencia de agua potable.
Proliferación de plagas transmisoras de enfermedades como el
paludismo y malaria.
En ese mismo orden de ideas, eran tan deprimentes e inhumanas las
condiciones de trabajo de los obreros pioneros de la industria petrolera que
debían diariamente atravesar intrincadas selvas plegadas de eras, y otros
tipos de alimañas como serpientes y mosquitos. Como medicamento, la
compañía petrolera solo les otorgaba una pastilla diaria de quinina que servía
como paliativo a las enfermedades provocadas por las picadas de mosquitos.
Se veían en la imperiosa necesidad de beber el agua insalubre del lago de
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Maracaibo. No contaban con sitios recreacionales o de entretenimientos
salvo los expendios de bebidas alcohólicas y lupanares ubicados en las
afueras del campamento, donde acudían en las noches supuestamente para
aliviar sus penas. En ese entonces, ningún familiar (Padres, abuelos, tíos,
hermanos, etc.), tenía derecho a vivir con el trabajador e inclusive tenían
prohibido el acceso a los campamentos, solamente estaban autorizados los
obreros para habitar las viviendas que se les asignaban, primeramente como
solteros y posteriormente se les permitió habitar con su esposa (o concubina)
e hijos legalmente reconocidos. (Severeyn, 1994: entrevista). Por último
cabe destacar que los campamentos eran cercados con alambres de púas y
con vigilancia policial, muy semejante a los campos de concentración.
La discriminación social, las deplorables condiciones de trabajo, la
política de opresión y explotación permanente mantenida por las empresas
petroleras desde el inicio de la explotación del oro negro y que cercenaba
las justas aspiraciones del obrero petrolero, fueron los factores esenciales que
contribuyeron a que fueran desarrollando una conciencia de clase, que trajo a
su vez una serie de conictos laborales y descontentos, que con el transcurrir
del tiempo dieron origen a los sindicatos de obreros y empleados petroleros,
y a los primeros movimientos obreros y huelgas en la industria petrolera
establecida en el Estado Zulia.
En esos tiempos, el panorama ofrecía una ola de rebeldía y se presentaban
algunos que otros pequeños conictos de escasa duración, pero que dieron
como resultado el despido o la expulsión a su lugar de origen de todo obrero
que tuviese madera de líder, con el propósito de atemorizar al resto de los
trabajadores. Dado a la situación reinante, los obreros expulsados se las
ingeniaban cambiando sus nombres para poder solicitar trabajo en otros campos
petroleros. Igualmente, estos señores difundían sus experiencias anteriores y
poco a poco fueron estableciendo una mayor comunicación entre los diferentes
campamentos, disminuyendo el aislamiento que existía entre ellos, y al mismo
tiempo que tomaban conciencia de su explotación, se convertían en una clase
obrera sin ideas de orden regionalista que los dividiera. De esta manera, la
visión de su mundo fue sufriendo las transformaciones esenciales que les
permitieron ver que el enemigo no eran sus propios compañeros sino el patrono.
En el proceso de toma de conciencia ayudaron algunos trabajadores
extranjeros al tanto de la situación laboral y condiciones de vida de los
obreros. Muchos de los antillanos originarios de Trinidad a pesar de haber
sido utilizados por las compañías para parecer ante los ojos de los obreros
como sus enemigos narraban sus experiencias laborales obtenidas en sus viajes
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por todo el mundo. Para los trabajadores locales eran muy signicativas las
noticias procedentes del mundo exterior, ya que Venezuela para ese entonces
se encontraba casi incomunicada con el resto del mundo y en especial los
nacientes campamentos petroleros. Cabe destacar, que para ese entonces,
el país estaba sometido por su Presidente, General Juan Vicente Gómez
a una dictadura férrea que brindaba todo su apoyo a las transnacionales.
También jugaron un papel muy importante en este proceso algunos
empleados extranjeros, como Domingo Mariani, mecánico y soldador de la
Renería de petróleo de San Lorenzo, quien fue el primero en manifestarle
a los obreros venezolanos la necesidad que tenían de unirse y crear un
organismo que les permitiera agremiarse para poder luchar unidos por
mejores reivindicaciones laborales, económicas y sociales (Salazar, 1996:78).
En el campo de Mene Grande algunos perforadores de origen
norteamericano, también aportaron sus experiencias y conocimientos, al dar a
conocer sus ideas políticas revolucionarias traídas de otras partes del mundo,
permitiéndole a los obreros con esto, orientarse en cuanto a la lucha que debían
emprender (Salazar, ídem).
Antes de producirse la primera huelga petrolera ya el gobierno de turno
tenía conocimiento pleno sobre la llegada clandestina de extranjeros que
tenían como objetivo adoctrinar a la masa obrera, para que se organizaran e
iniciaran sus luchas por mejores reivindicaciones. En ese sentido, el Presidente
del Estado Zulia, empezó a tomar las medidas necesarias al caso, por lo que
inmediatamente solicitó a las autoridades locales una nómina de los extranjeros
que se encontrasen en los distritos petroleros para investigarlos y los que pudieran
considerarse como “individuos peligrosos para el orden y la tranquilidad social”
proceder a extraditarlos como disidentes comunistas (A.H.Z., 1926: t.I, leg.I).
Primer movimiento obrero petrolera en el Estado Zulia
Esta primera huelga petrolera de trabajadores petroleros se fraguo en el año
1925. Fue patrocinada y dirigida por Augusto Malavé, convirtiéndose de esta
manera en el pionero del movimiento obrero petrolero venezolano y a quien
Jesús Prieto Soto describe como un “hombre de estatura baja, rechoncho, de
cara indiada y ojos pequeños, creador de proscenio improvisado sobre calones
de balancines británicos, en el patio de la CaribbeanPetroleumCompany del
campo Mene Grande, líder autentico del proletariado que se atrevió a retar
a la temida dictadura del Presidente Juan Vicente Gómez y a la poderosa
compañía cuando apenas se daba inicio a la construcción en Mene Grande del
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primer campamento petrolero de Venezuela”(Prieto, 1975:78).
La huelga se fraguó en medio de las noches, entre los trabajadores de San
Lorenzo y Mene Grande que viajaban en un carromato de rieles que recorría
a diario la vía existente entre estas dos población. A pesar que estos señores
tenían que empujar por largo trecho la pesada máquina y regresar en la
madrugada a su sitio de trabajo, los obreros oían emocionados las palabras
elocuentes del fogonero Augusto Malavé (Prieto, ídem).
Los motivos de este primer movimiento obrero petrolero fueron
sucientemente explicados en capítulos anteriores. El veterano luchador
sindical, Pantaleón García Salazar, (1982: 16 y 17), en su obra sobre la
historia del movimiento sindical en el Estado Zulia, arma que, para el
momento de la huelga, 40 trabajadores redactaron una carta con una serie
de peticiones, donde se establecía un aumento de sueldo de diez bolívares
diarios, atención médica y vivienda. Los obreros decidieron que el paro sería
hasta que fueran satisfechas sus demandas. La empresa petrolera, en vista
de la situación reinante, optó por enfrentar a los obreros con las autoridades
policiales, con el propósito de hacerlos volver a su sitio de trabajo, pero los
trabajadores en huelga al hablar con los policías lograron ponerlos de su parte.
Esta situación obligó a la compañía a llegar a un arreglo que consistió en:
Una hora menos de trabajo (de 10 am a 9 pm).
Aumento de sueldo mínimo de cuatro a cinco bolívares diarios.
Un médico (pero sin aportar medicinas).
Estudiar el problema de la vivienda.
En denitiva, la huelga duró doce días, volviendo a su sitio de trabajo
todos los trabajadores pero con la promesa de que la empresa cumpliría con
las demás peticiones.
Esta primera huelga petrolera, permitió que los trabajadores comprendieran
la necesidad de agremiarse y luchar sin temores contra los defensores de
las compañías petroleras para así poder lograr sus justas aspiraciones. Lo
lamentable de esta huelga fue el encarcelamiento y despido de algunos
trabajadores y la desaparición de otros como el caso del propio Augusto
Malavé quien fue puesto preso. Pasados varios días fue visto cuando lo
embarcaban en una goleta que lo trasladó por las aguas del Lago de Maracaibo
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hacía un rumbo desconocido, puesto que no se supo más nada de su persona
(Garcés, 1996: entrevista). Mientras sucedía esto, los trabajadores despedidos
por la empresa también se vieron en la necesidad de cambiarse su aspecto
físico y sus nombres, para tratar de esa manera conseguir trabajo en otros
campos petroleros, ya que los nombres de cada uno de ellos estaban reseñados
en lo que llamaban la “Lista Negra” la cual era transmitida al resto de las
compañías asentadas en la región, con el propósito de evitar que estos señores
fuesen contratados por alguna de ellas. A partir de este hecho. Se puede decir
entonces que los obreros de los campamentos petroleros dejaron marcada una
huella en la historia del movimiento obrero petrolero en Venezuela, por haber
sido escenario del primer gesto reivindicativo de este tipo a nivel nacional.
Fundación de los sindicatos de obreros y empleados petroleros en el
Zulia
Partiendo del año 1925 hasta llegar a 1936, en los campos petroleros
se mantuvo la ola de rebeldía ante el patrón inhumano. Aún existían una
serie de factores que motivaron otros conictos laborales. Las condiciones
estaban dadas para iniciar los trámites que conllevaron a la creación de los
sindicatos. “Los obreros petroleros, luego de haber vencido los obstáculos
que contribuyeron a su desarrollo y madurez en estas luchas, logran fundar
sus sindicatos en el año 1936”. (García, ob. cit).
A pesar de las medidas represivas policiales y los controles tomados
por el fallecido gobernante y que continuaron con el Presidente entrante,
General Eleazar López Contreras, para controlar la entrada de extranjeros con
ideas comunista al país, no pudieron evitar que estos señores se inltraran
clandestinamente entre los trabajadores petroleros, para ayudarlos en la
fundación de sus sindicatos. En el mes de enero de 1936, aprovechándose
del cambio de gobierno, el partido comunista en la clandestinidad ordena
a sus miembros activos a organizar a los obreros petroleros en todo el
Estado Zulia, con el n de planicar y crear los sindicatos petroleros. De
esta manera, la inuencia marxista predominó en la fase formal, por medio
de su doctrina y literatura en la constitución de todos los sindicatos que se
fueron creando en las poblaciones petroleras del Zulia: Maracaibo, Cabimas,
Lagunillas, Mene Grande, San Lorenzo, Bachaquero, etc. (Salazar, 2001:19).
Los sindicatos se constituyeron en esa época en medio de la resistencia
contra las políticas laborales agresivas y represivas de las compañías
petroleras, pero principalmente en lo que se refería a la cuestión de los salarios
y las jornadas de trabajo. De esta manera, se convirtieron en los ejes de la
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organización de la clase obrera petrolera.
Es importante destacar, que para la década de los años 30, del pasado siglo
XX, ya se notaba dentro de nuestra política nacional del trabajo una inuencia
losóco-económica de origen marxista, sobre todo en lo concerniente a la
teoría de luchas de clases. Esa losofía, estaba inltrándose y era adoptada
por nuestras sociedades obreras a través de un adoctrinamiento basado
en información obtenida de segunda, de tercera y hasta de cuarta mano,
por lo que la mayoría de las personas que sostenían o apoyaban dicha
teoría lo hacían en ese entonces sin un conocimiento pleno de su origen,
de un modo vago y diluido (New York Times, 1941:1). Esta realidad,
se pudo observar en algunos documentos de la época donde los obreros
manifestaban que su lucha era más que todo de orden social y económico,
por lo tanto no querían aceptar que esta se politizara (Salazar, ob. Cit.: 31).
La gran huelga petrolera de 1936-1937
Con la creación de los sindicatos petroleros, los trabajadores comenzaron
a organizar una huelga general en la industria petrolera. Este conicto que ya
era a nivel nacional, se constituyó en una gran lucha por las reivindicaciones
económicas y sociales, el rescate de la identidad nacional y para acabar de una
vez por todas con el fantasma de la dictadura gomecista, soportada durante 27
años.
Los trabajadores petróleos tenían sobrados motivos para luchar contra el
criminal despotismo, que quería mantener el nuevo gobierno. La razón esencial
de este conicto se debió en gran parte a los hechos ocurridos en el campo de
Mene Grande, el día 24 de junio de 1936, cuando en el cine “San Felipe” de
la localidad, se llevaba a cabo una asamblea sindical, que decretó un paro
conocido como la huelga de junio, en contra de una rechazada “Ley de Defensa
Social”, creada con el único propósito de frenar todas las manifestaciones
populares. La referida Ley fue introducida al Congreso Nacional por un grupo
de adictos al gobierno y su título real era “Ley para Garantizar el Orden
Público y el Ejercicio de los Derechos Individuales”.El comando o dirección
de la mencionada huelga estaba centralizado en la población de Mene Grande,
pero el sindicato de San Lorenzo acató sus directrices, dándole un apoyo total
e incondicional al movimiento. Al atardecer una de las autoridades policiales
que se encontraban bajo la inuencia alcohólica irrumpió de manera violenta
y ordenó a su tropa asaltar la asamblea sindical que se celebraba en el referido
cine. El fuego cerrado de fusilería tronó en el recinto que estaba para el
momento totalmente lleno de trabajadores, lo que trajo como consecuencia
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que lamentablemente murieran asesinados algunos obreros., que pasaron
a ser los primeros mártires de las luchas obreras petroleras en Venezuela.
Tan deplorable hecho, dio pie a que los trabajadores organizados llegaran
a la heroica huelga petrolera de 1936-1937, que se mantuvo por 45 días,
corriendo los trabajadores el riesgo de que si se perdía el movimiento de masas
se irían todos los logros anteriores al suelo, pero si se ganaba, el movimiento
popular recibiría nuevos impulsos para recuperar su antigua fuerza y poder
enfrentarse de esa manera a las pretensiones del nuevo gobierno.
Inspirados en sus mártires y motivados por la emoción efervescente del
movimiento sindical y las medidas represivas puestas en práctica por el
gobierno de López Contreras, los dirigentes obreros decidieron reunirse en
el mes de agosto de 1936, en el campo de San Lorenzo, con el propósito de
discutir la creación de un organismo que uniera a todos los sindicatos petroleros
existentes en todo el país. Todos los dirigentes estuvieron de acuerdo con la
idea. Esto permitió que se constituyera lo que se llamó la “Unión Sindical
Petrolera (U.S.P.)” (García, ob.cit: 18).De la conformación de este organismo
surgió un pliego de peticiones que contenía las cláusulas siguientes:
Aumento de sueldo con un salario mínimo de 10,oo bolívares diarios.
Reconocimiento de los sindicatos como defensa de los trabajadores y a
su Jefe de Reclamos.
Reenganche de los trabajadores despedidos en la huelga anterior.
Suministro de agua potable y hielo.
Servicios médicos y medicinas.
Suministro de vivienda para todos los trabajadores.
Pago de los salarios retenidos por participación en la huelga.
Jornada de trabajo de 8 horas diarias.
Trato decente por los jefes y caporales.
Al inicio de la discusión del pliego de peticiones, las compañías en forma
descarada apenas si ofrecían el hielo, porque el agua según la gerencia,
debían tomarla bien sea de las calderas o del lago. Esta actitud tan inhumana
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indignó aún más a los trabajadores y lógicamente esto impidió llegar a un
entendimiento entre ambas partes (Nehru, ob.cit.:256).
La cerrada intransigencia, el descaro y la arrogancia patronal, así como
también la complicidad maniesta de las autoridades gubernamentales obligó
a los trabajadores a girar instrucciones precisas de preparación de la huelga y
resolvieron introducir los pliegos pero ya con carácter conictivo. Fue así como
se dio el grito de huelga el 14 de diciembre de 1936. Todos los trabajadores
petroleros del Zulia y Falcón pararon .totalmente la industria petrolera llenos
de entusiasmo, ocupando cada uno de los sindicatos sus puestos de combate.
La huelga marchó muy organizada a pesar que las condiciones ambientales
y sanitarias existentes en los refugios de los trabajadores eran deplorables.
El problema de la alimentación para ellos y sus familiares se resolvió
gracias a la organización de un comité de abastecimiento que cumplió con
su función a cabalidad. “Fueron muchas las personas que colaboraron
de una u otra manera. En ese sentido, los agricultores facilitaron todo
tipo de cultivos, igual lo hicieron los pescadores. Todo tipo de ayuda
llegaba a los sindicatos y a los refugios” (Severeyn, ídem”). Esta forma de
organizarse fue lo que permitió que la huelga trascurriera disciplinadamente
y cada trabajador cumplió con los deberes que les fueron asignados.
Algunos sindicalistas supuestamente eran los que comandaban la
huelga pero estratégicamente la huelga era dirigida secretamente por la
directiva titular. De esta manera aparentaban estar desligados totalmente
de sus responsabilidades, pero esto era con el propósito de evitar que les
aplicaran cargos según la tristemente famosa “Ley para Garantizar el Orden
Público”, evitando de esta manera que el conicto quedara sin los cerebros
que la dirigían. “La huelga concluyó a raíz de un decreto dictado el 22 de
enero de 1937, por el Ejecutivo Nacional, donde se ordenaba el reingreso
al trabajo o de lo contrario serían aplicadas fuertes sanciones. Según el
decreto se les concedía el aumento de un bolívar a los trabajadores que
ganaban de 7 a 9 bolívares diarios. Los trabajadores que no tenían vivienda
también obtuvieron un bolívar de aumento adicional. La empresa quedaba
obligada a dotar de agua fría a los centros de trabajo y a los marinos.
Las mismas reivindicaciones fueron logradas para los ayudantesdecocina
que ganaban un salario de 100 bolívares mensuales” (Nehru, ídem).
Los dirigentes del conicto decidieron acatar a duras penas el decreto, pero
bajo una fuerte y enérgica protesta pública, ordenando de inmediato un repliegue
de fuerzas con el n de evitar el desmoronamiento de las organizaciones de masas
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y así poder conservar muy en alto la moral combativa para futuras jornadas de
lucha proletaria. Las medidas que tomaron estos dirigentes del conicto fueron
las más acertadas y el tiempo les dio la razón, puesto que para el momento
del decreto las condiciones no estaban dadas para convertir el movimiento de
corte económico y social al orden de lo político, en el caso de que hubiesen
decidido oponerse al referido decreto. Sin embargo se puede decir que la
huelga de 1936-1937 fue un éxito si se toman en cuenta los aspectos siguientes:
Fue la huelga petrolera de mayor duración, importancia y cohesión que
haya tenido el movimiento obrero venezolano hasta el presente.
Se destacaron y se formaron una cantidad considerable de dirigentes
natos.
Los trabajadores legaron a las generaciones futuras el derecho a huelga y
a crear organismos de tipo gremial y político.
Se logró que por primera vez los trabajadores petroleros pudieron rmar
un contrato con las compañías petroleras.
Como consecuencia de este conicto surgieron una serie de cambios en
el orden de lo económico, lo político, lo social, y lo laboral en la región
zuliana y en toda Venezuela.
Las consecuencias en general de sus acciones, de sus actitudes y de
su sentir democrático y nacionalista se pueden palpar actualmente en
muchos aspectos de la cotidianidad del venezolano.
Se destacó la resistencia ofrecida por los trabajadores, su bien
planicada organización y el elevado espíritu de unión y hermandad.
Quedó maniesto un gran deseo de superar una época de maltratos e
injusticias por parte de los dirigentes de las compañías petroleras y del
mismo gobierno, lo cual era una constante en sus vidas.
Las empresas petroleras se vieron obligadas a darle un cambio radical a
su política laboral.
Se da inicio a la construcción de viviendas dignas para el trabajador
petrolero, además de instalaciones educativas, de servicios médicos,
deportivas, centros culturales y clubes sociales y deportivos.
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Por último, se puede decir, que a partir de estos hechos, fue cuando los
trabajadores se pudieron incorporar a la vida activa del quehacer diario
de la nación y se echaron las bases del régimen democrático, que a pesar
de sus muchas fallas, aún existe en nuestro sistema de gobierno.
Referencias Bibliográcas
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