Perspectivas. Revista de historia, geografía, arte y cultura de la UNERMB
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Educación Universitaria: desde los principio éticos
ambientales
Nereida, MORONTA *
Universidad Nacional Experimental Rafael María Baralt
neremoronta@gmail.com
Resumen
Se aborda la educación universitaria: desde los principios éticos ambientales,
siendo la ética ambiental una reexión aplicada sobre los fundamentos de los
deberes y responsabilidades del ser humano con la naturaleza, los seres vivos y
las generaciones futuras. El objetivo de este ensayo es determinar y analizar como
la ética juega un papel importante en el desarrollo y protección ambiental en los
entornos educativos universitarios, bajo la guía de los principios éticos ambientales,
incorporando varios aspectos tales como: compromiso, conducta Ética, entre otros.
Palabras Clave: Educación, ética, ambiente.
University Education: from the environmental ethical principles
Abstract
The university education is approached: from the environmental ethical principles,
being the environmental ethics an applied ethics that reects on the fundamentals of
the duties and responsibilities of the human being with nature, living beings and
future generations. The objective of this essay is to determine and analyze how ethics
plays an important role in the development and environmental protection in university
educational environments, under the guidance of environmental ethical principles,
incorporating several aspects such as: commitment, Ethical conduct, among others.
Keywords: Education, ethics, environment.
Perspectivas: Revista de Historia, Geografía, Arte y Cultura
Año 8 N ° 1 5 / E ne ro- Ju nio / 2 02 0, p p: 145 -1 58.
Universidad Nacional Experimental Rafael María Baralt
ISSN: 2343-6271
* Licenciada en Ciencias Gerenciales. Ingeniera civil. Especialista en Protección y seguridad Industrial.
Magister en Ciencias Gerenciales. Doctora en Educación. Docente del Postgrado Universidad Nacional
Experimental Rafael María Baralt.
Recibido: Agosto de 2019 Aceptado: Septiembre de 2019
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Introducción
En la actualidad la crisis provocada por el deterioro del medio ambiente, resulta
de mucho interés para las sociedades asimismo para los países a nivel mundial, este
interés se enfoca en dos aspectos fundamentales el primero es el aspecto social y el
aspecto económico, estos dos aspectos integrados conforma muchas veces el principal
eje de desarrollo para un país.
En ese sentido, se observa una práctica donde los docentes universitarios no toman
en cuenta la enseñanza de la educación ambiental para responder a los requerimientos
de las necesidades ecológicas y ambientales presentes en la región. Estas debilidades en
cuanto a las prácticas están íntimamente relacionadas con las competencias del docente
universitario, sin embargo los docentes no han asumido totalmente su responsabilidad
en la gestión, producción y trasferencia del conocimiento, para estar a la vanguardia en
cuanto a la formación y transformación de la sociedad y sobre todo con los temas de
trascendental importancia como es la educación ambiental.
Aunado a la situación anteriormente descrita, se plantea la necesidad de establecer
directrices claras tendentes a que los docentes de educación universitaria se ocupen
sobre todo de enseñar a los estudiantes a aprender y a tomar iniciativas; y no a ser,
únicamente conocedores de ciencia, e igualmente tomar medidas adecuadas en materia
de investigación, así como de actualización y mejora de sus competencias mediante
programas capacitación del personal docente, los cuales estimulen la innovación
permanente en los planes de estudio así como los métodos de enseñanza-aprendizaje,
asegurando condiciones profesionales y nancieras apropiadas a los docentes a n de
garantizar la excelencia en la investigación y en la enseñanza
Para poder determinar y analizar como la ética juega un papel importante en el
desarrollo y protección ambiental en los entornos educativos universitarios es necesario
tener presente los principios éticos ambientales necesarios para lograr e intervenir
directamente los problemas básicos que afectan a toda la comunidad educativa, pero
que se lograran integrando aspectos necesarios de la forma correcta.
Por tal razón, la educación se puede denir como el proceso mediante el cual se
transmiten conocimientos, valores, costumbres y formas de actuar. La educación no
sólo se produce a través de la palabra, pues está presente en todas nuestras acciones,
sentimientos y actitudes. Para pretender dar respuesta a las necesidades de la sociedad
emanadas de la problemática ambiental se ha destacado en las últimas décadas la
importancia de incorporar lo ambiental a la educación con un enfoque ético.
En ese sentido, podemos entender por ética ambiental a la rama de la ética que
analiza las relaciones que se establecen entre nosotros y el mundo natural que nos
rodea. De hecho, entre los productos culturales más importantes de la evolución
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humana están determinadas preocupaciones éticas, incluyendo la preocupación por el
medio ambiente en general y los seres vivos en particular.
Fundamentación Teórica
Principio Éticos Ambientales
Hasta los momento el docente universitario, ha sido considerado como un recurso
profesional competente, creativo, capaz de asumir responsabilidades y compartirlas
en función del logró y de la buena marcha del sistema educativo. Dentro de este
marco, al respecto, García y Torrego (2007) señala “una de las primeras funciones que
incumben a la educación consiste en lograr que la humanidad pueda dirigir cabalmente
su desarrollo”. Por ello, el personal educativo debe involucrarse en conocer los
principios que integran al personal con compromiso para superar cualquier situación
ambiental.
Ahora bien, los principios éticos ambientales según Pérez (2013), representan las
metas ambientales, cuanticadas cuando sea factible, surgen de la política ambiental,
que una organización se propone lograr. La organización establecerá y mantendrá los
propósitos y metas ambientales bien documentadas, en cada función y nivel pertinentes
en la organización. Cuando establezca y revise sus propósitos, cada organización
considerará los requisitos legales y de otro tipo, sus aspectos ambientales signicativos,
sus opciones tecnológicas y sus requisitos nancieros, operativos y comerciales, así
como los puntos de vista de las partes interesadas. Por ello, los principios deben
ser alcanzables en plazos denidos, servir de enlace entre los resultados de los
momentos precedentes y las estrategias que le darán direccionabilidad a las acciones
de intervención.
Desde esta perspectiva, la responsabilidad social es un valor asociado con una serie
de dimensiones que permiten crear condiciones favorables de intercambio social, entre
éstos están los principios éticos ambientales como forma de vida para ser coherente
entre lo que se dice y lo que se hace, ser sincero consigo mismo y con los demás, ser
responsable ante los compromisos contraídos en todos los espacios que se circundan
en la vida.
Por ello la ética ambiental trata desde un punto de vista racional los problemas
morales relacionados con el medio ambiente. Según Marcos(2003:13) “esta rama de
la ética tiene cada día más importancia, dado que los problemas ambientales están hoy
muy presentes, pues nuestra capacidad de intervención sobre el medio es cada vez
mayor”. La idea de que la ética ambiental es sencillamente ética aplicada es errónea,
ello, daría la impresión de que los principios éticos están ahí, ya disponibles y listos
para ser aplicados a los nuevos problemas y no es así, lo que sucede es que los nuevos
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problemas ambientales obligan a repensar los principios y puede que en muchos
sentidos a modicarlos.
Asimismo, los principios éticos Leff(2000), deben orientarse, teniendo en cuenta la
diversidad de la globalidad que en la práctica se maniesta, como el fortalecimiento de
una hegemonía que reorienta el poder en el campo del saber y del conocimiento hacia
un pragmatismo funcional, las cuestiones éticas en los países industrializados están
relacionados con las de la abundancia, el desperdicio y el uso del tiempo libre. A intensivar
la creatividad y participación social para construir los medios eco tecnológicos de
producción para un desarrollo igualitario, descentralizado, autogestionado, ecológico,
equilibrado, sustentable capaz de satisfacer las necesidades básicas de la población
y plantear la coherencia en un conjunto de enunciados valorativos plasmados en el
discurso ambientalista y ver el sentido de su cuestionamiento.
Según García y Torrego (2007), la ética ambiental contra la cultura tecnológica
dominante, debe generar una corriente crítica de los principios y nes de la racionalidad
económica. Frente a la centralización económica , la concentración de poder y la
congestión de macrourbes y los megasistemas de producción y distribución, debe
lograr reivindicar los valores íntimos del individuo, la producción a escala humana,
la diversidad cultural y la democracia participativa, se busca valores de autogestión y
auto conanza sobre todo en las comunidades, se trae a la escena política los valores
del humanismo, integridad humana, sentido de existencia, solidaridad social y hasta el
sentido de lo bueno de la vida.
La ética ambiental incluye los derechos humanos relativos al ambiente que emergen
como una reivindicación fundamental para elevar la calidad de vida, está entendida
no sólo como la satisfacción de necesidades básicas y de cierto nivel de bienestar
social, sino como el derecho a una vida digna, el pleno derecho de sus facultades y a la
realización de las aspiraciones morales, afectivas, estéticas, mediante la reconstrucción
del ambiente sustentado en valores de la paz, la solidaridad, entre otros.
Conducta Ética: Un elemento fundamental para la construcción de una ética
ambiental, sobre todo a mediano y largo plazo, es la educación cuya nalidad es el de
construir nuevas normas de conducta que rijan nuestra relación con el ambiente, así
como para enfrentar los graves problemas ecológicos que vivimos. Si se piensa que no
se tiene posibilidad alguna de contribuir a la solución de los problemas ambientales,
se está en graves dicultades. La participación individual es un requisito insoslayable
para mejorar las condiciones del medio que nos rodea. Sin embargo, son necesarias
nuevas normas de conducta, es decir, una ética ambiental.
Al hablar de estas normas de conducta ecológica se debe remontar a las llamadas
éticas biocéntricas, las cuales ubican al ser humano como parte integrante de la
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naturaleza y con obligaciones morales hacia las distintas formas de vida. Estos
planeamientos se oponen a las concepciones éticas tradicionales que, a lo largo de la
historia, han estado destinadas a regular exclusivamente la convivencia entre los seres
humanos, olvidándose de las relaciones de éstos con los demás seres vivos que habitan
el planeta.
Por estas causas según García (2000) se ha generado un modelo equivocado del
mundo en el que se ubica al humano como el ser más importante y por encima de
las demás formas de vida. Ante la disyuntiva de favorecer el desarrollo económico y
social de las comunidades humanas o mantener intacto un ecosistema, no se trata de
obstaculizar el desarrollo, pero de establecer reglas de conducta que tengan como
principio rector el menor daño posible a la naturaleza y la reparación de los daños
ecológicos.
Las sociedades educativas, como la universitarias son también sociedades
democráticas caracterizadas por una permanente toma de decisiones, por lo que, la
actuación de los docentes es constitutivamente social, ineludiblemente comprometida
con la institución y constitutivamente moral: no es concebible una actuación educadora
neutra, aséptica o sin repercusiones. (Camps,2001). Por ello, según este autor, las
Instituciones universitarias deben estudiar, primero, y valorar y decidir sobre algunas
cuestiones perentorias:
1. Reconocerse en la práctica como organización social y parte de las
instituciones, lo que puede situar su acción en un terreno que se podría
denominar “protomoral”.
2. Aceptarse como servicio público evaluable con todas sus consecuencias.
3. Actualizar permanentemente sus conocimientos y formación para abordar
con mayor solvencia las situaciones educativas de aplicación sobre todo en
aquellas relacionadas con el ambiente
4. Actualizar permanentemente los valores éticos ambientales y profesionales de
manera intersubjetiva y mediante el consenso democrático.
5. Consensuar un modelo operativo de trabajo que contenga tanto objetivos
básicos como operativos, contenidos de intervención, métodos y recursos y
una ética profesional.
Pensar el que-hacer profesional implica una estrecha relación con la ética y en
particular con el concepto de responsabilidad, dicha noción fácilmente es asociable al
poder y se encuentra estrechamente ligado con el reconocimiento del importante papel
social-histórico desempeñado por el conocimiento, el cual engendra un conjunto de
actividades desde sus prácticas y de hecho un incremento de la responsabilidad social.
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Ello, igualmente, genera un incremento de la sensibilidad frente a contextos de vidas
profesionales, sociales y ambientales.
Compromiso: Son aquellos que se adquieren como resultado de un acuerdo de
palabra o de la suscripción de un contrato o convenio. Uno los reconoce por haberlo
procesado en conocimiento de sus exigencias. Ahora bien, la gestión ambiental
propiamente dicha de las universidades puede ser resuelta mediante la consecución
de objetivos de formación y concienciación que permita desarrollar una docencia
que asuma el compromiso ambiental necesario en un mundo que camina hacia el
colapso ambiental en un futuro no muy lejano si no se desarrollan medidas correctoras
sucientes y a tiempo. Por ello, en la educación ambiental, el compromiso del docente
se reeja en el acuerdo que se logre entre todos para garantizar las metas, se apoya
en la disposición y empeño para cumplir los objetivos dentro de ciertas exigencias
previamente determinadas. El compromiso del docente requiere liderizar sobre todo
aprovechando aquellos que por su talento y racionalidad pueden liderizar los logros.
Para Cooper (2007), el compromiso es alinearse con los objetivos de un grupo u
organización, por su parte Goleman (2000), lo considera la esencia del compromiso
como la unión de los propios objetivos con los de la organización. EI compromiso es
emocional: se siente un fuerte apego a las metas del grupo cuando resuenan fuertemente
al compás de las propias.
Quienes valoran el objetivo de una organización y lo adoptan, solo están dispuestos
a hacer por ella un esfuerzo supremo, sino a efectuar sacricios personales cuando sea
necesario. Según el autor, son los que deciden trabajar hasta entrada la noche o durante
los nes de semana, a n de terminar un proyecto a tiempo, son los gerentes dispuestos
a partir de viaje de un momento a otro cuando se presenta un asunto urgente.
Según Goleman y otros (2002), el compromiso se expresa hasta las decisiones
inaceptables que se toman para beneciar a la mayoría, aunque provoquen oposición
y controversias. Los que están realmente comprometidos están dispuestos a hacer
sacricios a corto plazo, sin son para bien del grupo.
Este principio llamado compromiso es el que permite a las personas hacer
sacricios en pos de un objetivo del equipo, sintiendo la sensación de ser útiles en la
misión grupal; hacen propios los valores nucleares del equipo y los utilizan para tomar
decisiones con el propósito de cumplir con la misión del mismo.
En lo que se reere a las universidades y responsabilidad social tienen el
compromiso de incorporar la ética ambiental a todas las actividades -docentes,
investigadoras y de servicios- desarrolladas en sus instalaciones para hacerlas
compatibles con la protección del medio ambiente. A tal n, ha optado por
implantar un Sistema de Gestión Ambiental, denido conforme a los requisitos
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de la Norma UNE-EN ISO 14001 citado por AENOR (2005), que integrará de
forma efectiva en su sistema de gestión.
Prevenir, reducir y eliminar cuando sea posible la afección ambiental que
pueda derivarse de sus actividades.
Cumplir las disposiciones legales que le afecten en materia ambiental
y mantener una relación de diálogo y colaboración con los Organismos
Ambientales competentes en su entorno social.
Informar, formar y sensibilizar a todo el personal de la Universidad para que
se observen las directrices marcadas en esta política ambiental y la normativa
ambiental vigente en el desarrollo de sus funciones.
Promover un creciente nivel de eciencia en la utilización de recursos naturales
y energéticos.
Promover el reciclaje, la recuperación y la reutilización de materiales así como
la reducción de la generación de residuos.
Establecer anualmente los objetivos y metas ambientales y evaluar el grado de
avance conseguido respecto a años anteriores.
Adecuar su política ambiental a las nuevas exigencias del entorno y los avances
logrados bajo un enfoque permanente de mejora continua.
Por su parte, AENOR (2005) señala que el compromiso con el ambiente tiene sus
benecios ya que:
Reduce los impactos ambientales.
Optimiza la gestión de recursos y residuos, tanto desde un punto de vista
cuantitativo como cualitativo, incidiendo en una menor peligrosidad de las
materias primas y productos.
Gestiona los riesgos asociados a situaciones accidentales.
Facilita la tramitación de autorizaciones administrativas.
Permite diferenciarse positivamente de la competencia.
Favorece la comunicación y la comprensión de todas las partes interesadas.
Posiciona a la organización como socialmente responsable.
Solidaridad: Dentro de este principio, se debe ser miembros activos e iniciar la
acción, no esperar que los demás empiecen a actuar, es importante ser los iniciadores.
Para Contreras (2002) la solidaridad es:
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El sentimiento que motiva a los seres humanos a
prestarse ayuda mutua; dispone el ánimo para actuar
siempre con sentido de comunidad, la persona solidaria
sabe muy bien que su paso por el mundo constituye
una experiencia y que, por lo tanto las necesidades,
dicultades y sufrimientos de los demás no le pueden
ser ajenos”.( p. 145)
Este principio es muy importante en la sociedad, por lo tanto se debe hacer énfasis
en él, ya que actualmente se observa poca humanidad en las personas, es entonces,
desde las instituciones educativas que se debe promover y rescatar para una mejor
educación y para su transformación.
Por otro lado, Carrera y otros (2000:126) plantean, que la solidaridad se puede
denir como “la acción que se realiza conjuntamente con otro u otros individuos para
conseguir un mismo n”. Esta acción, aunque a veces, es un benecio para uno mismo,
siempre tiende a beneciar a los demás. Para que este acto se considere cooperativo
tiene que existir reciprocidad; si no existe ésta no se puede hablar de cooperación ni de
solidaridad, sino de ayuda.
La solidaridad en relación a la preservación del medio ambiente, involucra derechos
que según Bellver (2000:15) están asociados con el derecho al desarrollo, el derecho
al patrimonio común de la humanidad y el derecho a la paz. Por otra parte, Bellver
(2000:16), señala que “la solidaridad exigida para la política ambiental son datos no
rebatibles”.
Sin embargo, no se ajustan a los caracteres de estos tipos de derechos, ya que la
solidaridad es un elemento de la política ambiental o, si se preere, de la acción colectiva
de preservación del ambiente; pero el derecho es perfectamente individualizable en
cada ser humano. Porque una característica bastante generalizada entre los derechos
sociales y de solidaridad es la intervención del Estado o de entidades públicas o
privadas de carácter colectivo para su promoción.
Atendiendo a este criterio se podría decir las organizaciones deben respetar y
proteger y así como debe promover o proveer, donde los primeros son imprescindibles
para que una sociedad pueda ser calicada de tal y los segundos son opciones
civilizatorias, actualizables con el desarrollo social y progreso económico en su
contenido.
Actitud: Los individuos son objetivamente diferentes y estas diferencias habría
que buscarlas en rasgos culturales, edad, sexo, circunstancias familiares y por tanto
estas pueden relacionarse con el comportamiento de la persona, por consiguiente
las actitudes personales pueden ser productoras de el comportamiento del individuo
ante la organización. Otro bloque de diferencias que inuye en el comportamiento
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del personal docente, se reere a sus capacidades para llevar a cabo una tarea con
eciencia y ecacia, y las relacionadas con conocimientos, técnicas o experiencias que
permitan ejecutar con destreza alguna labor.
Además, los individuos poseen diferencias psicológicas; es decir, relacionadas
con sus procesos internos, de tal manera que cada persona posee valores diferentes,
experimenta sensaciones distintas ante fenómenos idénticos y observa e interpreta los
hechos desde su propia óptica. En consecuencia la suma de todas estas diferencias
conducirá al comportamiento del personal docente de las organizaciones escolares.
Por otro lado, su correspondencia con la conducta es una de las polémicas que más
aportaciones ha motivado. El concepto de actitud supone, por tanto, una dimensión
valorativa, ya que es, en denitiva, la evaluación del estímulo (entornos, personas,
situaciones, etc.,) la que predispone las acciones relacionadas con el objeto de actitud
(Eiser, 1999).
Por otra parte, algunas observaciones críticas aplicables a las diferentes
concepciones de las actitudes ambientales son la poca correspondencia entre actitudes
y comportamientos, aun a pesar de los modelos de expectativa-valor revisados; la
insuciente claridad de la estructura teórica del concepto y sus dimensiones; además
de la dicultad de su medida, así como la comparación entre diferentes resultados.
También es importante destacar lo que algunos autores, como Iñiguez (2001),
han hecho notar respecto a la, con frecuencia en exceso, concepción demasiado
individualista del concepto de actitud, sobre todo en las estrategias dirigidas al cambio
de actitudes y la promoción de comportamientos proambientales. En este sentido, cabría
recuperar, revisar y aplicar las tradiciones teóricas más “sociales”, como los modelos
teóricos referentes a la inuencia social, las relaciones de poder, las representaciones
sociales del ambiente, entre otros.
Algunas de estas observaciones permiten comprender precisamente la propia
evolución de este ámbito de estudio de la conducta ambiental. Esto es, la cada vez
mayor insuciencia explicativa de los modelos iniciales han dado paso a entender la
preocupación ambiental y el interés por el ambiente como lo que Hernández e Hidalgo
(2002) denominan una “constelación de actitudes que representan la adhesión a una
nueva visión de las relaciones entre el ser humano y el ambiente”
Para Febles (2004:130) las actitudes ambientales deben denirse como una
“predisposición del pensamiento humano a actuar a favor o en contra del entorno
social, teniendo como base las vivencias, los conocimientos y los valores del individuo
con respecto a su entorno; estas no solo se proyectan en una dirección determinada,
también poseen un nivel de intensidad (fuerte o débil)”. Las cuales de acuerdo con
Ramos (2001), cumplen diferentes funciones:
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Por una parte, ayudan a seleccionar el ambiente donde se desea vivir, estudiar,
trabajar o divertirse. Dicha elección conlleva un proceso de reexión, análisis y
predicción de futuras consecuencias de su comportamiento, esta elección estará
determinada por el nivel de satisfacción insatisfacción de las necesidades individuales
en dicho espacio.
Por otra parte, las actitudes ambientales ayudan a los individuos en la toma de
decisiones en el uso y preservación del medio ambiente, por ejemplo, crear o formar
parte de un grupo ecologista, o simplemente dejar de fumar, son expresiones favorables
hacia el medio ambiente. Aunque las actitudes no poseen la capacidad de determinar
de manera directa los comportamientos ambientales, sí en tanto mejoren las actitudes
hacia el entorno, aumentarán y se harán más consistentes las conductas de las personas
con respecto al mismo.
En ese sentido, los problemas ambientales que afectan a la sociedad, no sólo tienen
que ver con la falta de habilidades de las autoridades para proteger el entorno, como el
inadecuado manejo de la basura, la deciente administración del os recursos naturales,
entre otros, sino también con las actitudes y comportamientos de cada uno de los
individuos en la comunidad.
Al respecto Lopez (2006) señala que las actitudes ambientales son “las opiniones
que se tiene acerca de proteger el ambiente y conservar los recursos”, estas inuyen en
los comportamientos pro ambientales que realiza una persona, de forma individual o
en un escenario colectivo, a favor o no de la conservación del ambiente.
Código de Ética: Toda organización según Ferrer (2001:45), la dene como
organización humana debe ser capaz de proyectarse bajo el elemento de responsabilidad
ética. La ética empresarial está fuera del contexto de lo que signica la búsqueda
de la riqueza, eciencia o rentabilidad a largo plazo; se trata de todos aquellos nes
adicionales, y que además la caracterizan como organización humana. Asimismo,
el instrumento normativo mediante el cual se plasman los deberes profesionales y
se materializa la deontología es denido genéricamente como Código de Ética. El
mismo abstrae los valores éticos voluntariamente aceptados por un gremio profesional
y los transforma en reglas de conducta obligatorias por razones de integridad, de
profesionalismo y de responsabilidad social; en síntesis, es un compromiso de
identidad
.
Actualmente, existe creciente preocupación con relación a la ética en las
operaciones institucionales y en particular por la comunicación institucional. Esta debe
divulgar el programa de responsabilidad social al personal, usuarios y comunidad;
igualmente debe sobre los motivos por el cual decisiones que en apariencia reejen
responsabilidad social, en esencia no producirían ventajas a la sociedad.
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Los códigos de ética son ecaces, cuando velan por el desarrollo y comunicación
de preceptos a toda la organización; también si transmiten a todos los niveles actitudes
armativas como apoyo al programa de esos códigos. La mayoría de las organizaciones
que desean mejorar su interacción diaria crean esos, códigos a n de permitir que todos
dentro de la organización, sepan del compromiso en el cual están inmersos.
De allí que el código según Wells, (2002:2) “dene el comportamiento considerado
ético por los miembros de la organización y suministra un conjunto de directrices por
escrito para que todos los funcionarios puedan seguirlas”. La alta gerencia debe no
sólo explicitar su apoyo, sino también actuar en sentido de demostrar que concuerda
con el código en la práctica y no sólo en los discursos.
En ese sentido un código de ética es la máxima expresión de la cultura de una
organización; representa una descripción de los valores que son aceptados por esta; un
compromiso con sus miembros, con la sociedad civil y con el estado. Poseer un código
de ética, signica exponer públicamente la visión y los compromisos que adquiere
al desarrollarlos. Los códigos de ética hacen vulnerable a la organización, pues se le
podrá recriminar con mayor facilidad sus defectos en el cumplimiento de sus contratos
y su posible falta de coherencia entre sus principios y sus acciones.
Por otra parte, Un código de ética ha de explicar las consecuencias de su violación;
debe especicar qué sucede cuando alguien infringe una norma, ya que según Llano
yZagal, (2001:26), “un código ético que no se respeta se convierte en retórica; fomenta
la desconanza hacia la dirección, y genera una pérdida de credibilidad creciente”.
Sin embargo, para que la actuación de las organizaciones pueda ser calicada como
éticamente correcta, el único camino es que las personas que la constituyen vivan
todas las virtudes morales. La razón de esta armación obedece a que puede conducir,
a cumplimientos formales cuando en la práctica, lo que se considera importante es,
simplemente, no ser atrapado en el incumplimiento. El problema del comportamiento
ético no es tanto un problema de normas como un problema del hombre que se realiza
o destruye a través de sus obras.
En ese sentido para que las universidades mantener una visión global e integral
en la solución de problemas ambientales, evitando la transferencia de productos
indeseables o de economías externas entre los ecosistemas o los distintos elementos
que los conforman, así como entre los distintos sectores o grupos de la sociedad deben
tomar en consideración los siguientes lineamento para la creación de un código de
ética en pro del fortalecimiento de su responsabilidad social:
Aportar todos sus conocimientos y cualidades para la solución de los problemas
ambientales que les sean encomendados, sin anteponer intereses económicos o
políticos, individuales o de grupo, a su labor profesional.
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Respetar y hacer respetar las leyes que protegen la propiedad intelectual sobre
productos, diseños o información.
Buscar y propiciar una remuneración económica digna y justa por el ejercicio
profesional, evitando el benecio propio o de grupo con base en la sobre
explotación de personas con menos información y recursos intelectuales,
sociales o económicos.
Respetar la libre competencia entre profesionistas ambientales y colaborar en
la erradicación de prácticas comerciales ilegales, irregulares o monopólicas.
Divulgar ante la sociedad la labor docente ambiental, a través de publicaciones
cientícas, técnicas o periodísticas, con base en los principios que rigen la
educación ambiental como disciplina profesional.
Informar siempre de manera veraz y con soporte cientíco sobre los problemas
ambientales, evitando la tergiversación de hechos, la exageración de los
mismos, la invención de problemas o datos y la alarma injusticada de la
población.
Apoyar el desarrollo y la excelencia de la gestión Ambiental, a través de
la superación personal, el apoyo a colegas y el soporte a las instituciones
académicas y sociedades de profesionistas que fomenten la profesión
Conclusiones Finales
La ética es uno de los ejes centrales para poder valorar el ambiente y el entorno
del ser humano espacialmente en los espacios universitarios, la ética puede hacer
esta valoración a través de la ética antropocéntrica la cual se encarga de darle valor
a la naturaleza con un enfoque basado en el bienestar del ser humano y como este
debe beneciarse de los recursos disponibles para el desarrollo integro de su ser. La
valoración de la naturaleza se da sobre cómo se contempla el individuo en relación
con su entorno. La educación universitaria desde los principios de la ética ambiental
tiene el reto no sólo de contribuir al desarrollo sostenible, sino desarrollar los medios
de sustentabilidad aplicables en las diferentes sociedades y de ayudar a los sujetos a
descubrir nuevas formas de vida más acordes con un planeta armónico.
Existen varias maneras de argumentar a favor de establecer la existencia de una
obligación de la educación bajo el enfoque de la ética de proteger el medio ambiente
para las generaciones futuras. Una razón de poca fuerza teórica, pero de mucho sentido
común, es la que establece que los seres humanos del futuro, los que comprenderán
las generaciones futuras, serán seres como nosotros con necesidades tan parecidas a
las nuestras, lo que puede signicar que la capacidad o la incapacidad que tengan de
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satisfacer sus necesidades a través de los recursos naturales cada vez son más escasos.
Este proceso de construcción y formas de visualización de este ensayo, está
orientado por la diversidad de actores sociales que viven en una comunidad, muestra
un entramado de relaciones conceptuales que provienen de los sistemas de valores,
creencias y mundo subjetivo de cada protagonista.
Este entramado constituyó un componente sustantivo del estudio, ya que en
toda la institución de educación universitaria, independientemente del área en que
se desempeñen, los docentes universitarios, por su condición de formar los futuros
profesionales, deben implicarse en la gestión educativa. Para ello, es necesario actuar
con participación democrática, abordando todas las direcciones posibles para el
desarrollo sostenible, estudiando en posibles escenarios de cambio para el futuro.
Desde la mirada de una dimensión educativa ambiental, el personal educativo,
deben poseer competencias orientadas a los nuevos paradigmas de la educación
ambiental, tales como transmitir que el mejor modo de utilizar la naturaleza depende
de unos valores humanos relativos, una ética socio ambiental, que contemple además
un comportamiento adecuado con otras personas actuales y futuras, crear espacios y
argumentos para la conservación, es decir, preocupación por preservar la biodiversidad
para las futuras generaciones.
Referencias Bibliográcas
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