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Perspectivas: Revista de Historia, Geografía, Arte y Cultura
Año 8 16 /Julio - Diciembre 2020/ pp. 25-43.
Universidad Nacional Experimental Rafael María Baralt
ISSN: 2343-6271
Resumen
En este artículo se estudia el pensamiento doctrinal de Sebastián Francisco de Miranda,
abordando sus planes teóricos para lograr la independencia de todos los territorios de la
América Hispana, como un único Estado confederal. Con el plan mirandino se pretendía
romper los vínculos con la monarquía hispánica, y a su vez se planteaba la necesidad de
construir un Estado unitario, o una confederación americana. Es por ello que Miranda
es considerado como uno de los ideólogos más destacados del pensamiento político
de la unidad de América española, producto de sus aportes a la formación espiritual y
material de los Estados-nacionales de la América meridional. El abordaje de este trabajo
fue a través de una metodología descriptiva-analítica, concluyéndose que sus aportes
fueron signicativos para el desarrollo de una concepción losóca que fue seguida
por los principales pensadores de la Región, del siglo XIX, y principios del siglo XX.
Palabras clave: Francisco de Miranda, unidad americana, identidad, integración con-
tinental, ideas políticas.
Doctrinal aspects of mirandian thought: Continental Unity
Abstract
This article studies the doctrinal thought of Sebastián Francisco de Miranda, addres-
sing his theoretical plans to achieve the independence of all the territories of Hispanic
America, as a single confederal state. The Mirandino plan was intended to break ties
with the Hispanic monarchy, and in turn raised the need to build a unitary state, or an
American confederation. That is why Miranda is considered one of the most promi-
nent ideologues of the political thought of the unity of Spanish America, a product of
his contributions to the spiritual and material formation of the nation-states of South
America. The approach to this work was through a descriptive-analytical methodology,
concluding that their contributions were signicant for the development of a philoso-
phical conception that was followed by the main thinkers of the Region, from the 19th
century, and the beginning of the 20th century.
Keywords: Francisco de Miranda, American unity, identity, continental integration,
political ideas.
*Doctor en Historia, Doctor en Investigación, Doctor en Ciencia Política. Profesor Titular Eméritus
de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas de la Universidad del Zulia, Maracaibo, Venezuela.
Presidente de la Academia de Historia del Estado Zulia.
Recibido: Abril de 2020 Aceptado: Mayo de 2020
Aspectos doctrinales del pensamiento mirandino:
la Unidad Continental
Juan Carlos Morales Manzur*
Universidad del Zulia / Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas
Academia de Historia del Estado Zulia
jcmmanzur@hotmail.com
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Introducción
Una vez sucedidos los acontecimientos en el año de 1808, comienza a gestarse
el debate político en torno a la necesidad de suplir la ausencia real, generándose
así las condiciones propicias para la formulación de un proyecto independentista,
del cual se va cada vez haciendo más eco en los distintos colectivos sociales.
Es así como los criollos revolucionarios comienzan desde este momento a
plantearse la idea de independencia, tal como se maniestan en las juntas de
gobierno conformadas en América en 1810. Las luchas por la libertad y por la
independencia en Iberoamérica involucraron de distintas maneras y en variados
contextos a diversos sectores de la población. Así lo revelan cartas, documentos,
maniestos y proclamas; entre ellas por ejemplo, la Carta dirigida a los españoles
americanos del año 1787 de Juan Pablo Vizcardo y Guzmán; los escritos de
Miranda de 1790, en los cuales le solicita apoyo al primer ministro británico
Williams Pitt, para la independencia de Iberoamérica; el célebre juramento
efectuado por Bolívar en Roma en 1805, en el cual se compromete ante su
mentor Simón Rodríguez a dedicar su vida a la causa de la independencia de los
pueblos de la América meridional. Tomando en cuenta estas consideraciones,
este trabajo se interesa en el discurso emancipador de Francisco de Miranda,
a partir de la necesidad maniesta por el mismo de independizar a la llamada
América meridional de la tutela del régimen monárquico, y cuyo proyecto
político tenía como propósito fundamental la independencia absoluta de las
colonias hispanoamericanas, consideradas como una unidad política y cultural,
basada en una concepción de identidad y unidad que constituye un factor cardinal
de su discurso histórico. Miranda tenía por identidad al conjunto de referentes
tales como: el idioma, la religión y similares contextos históricos, entre otros,
que articulan de manera dialéctica a una multiplicidad de grupos étnicos, que
más allá de sus heterogeneidades, se autodenían como americanos. Por otra
parte, en cuanto a la unidad, la asumía como signicativa estrategia geopolítica,
con un marco jurídico confeccionado por él, para integrar de manera armónica
en un gran de Estado unitario llamado “Colombia” a todos los colectivos étnicos
que estaban históricamente vinculados por su identidad, cuestión evidente en los
blancos criollos en las postrimerías del siglo de las luces.
Sebastián Francisco de Miranda. Perl biográco.
Sebastián Francisco de Miranda, ideólogo e insigne activista para la
independencia iberoamericana, nacido en Caracas, colonia de España, el
28 de marzo de 1750, tuvo por padres al comerciante canario Sebastián de
Miranda Ravelo y a la caraqueña Francisca Antonia Rodríguez; matrimonio
que engendró diez hijos; Francisco fue el primogénito.
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“Nació en Caracas el 28 de marzo de 1750, hijo de
canario y de caraqueña, primogénito de una familia
de “blancos de orilla” venidos a más por el comercio,
desbordó los límites impuestos a los naturales de
este lado del océano. Don Francisco de Miranda
Rodríguez, fue actor protagonista, testigo de excepción
y analista de su tiempo. Hizo de su vida una gran
historia que el mismo relata en sus papeles. Una vida
llena de relevantes acontecimientos y tocada por el
dramatismo. Su proyecto era colosal: encauzar a la
América por la senda de la libertad...” (Rodríguez de
Alonso, 1978 32).
Así, el niño creció protegido por bienes materiales y en un ambiente social
grato, visto que su familia hallábase clasicada entre las de “pureza de sangre”
El niño Francisco había nacido en tiempos de graves convulsiones en
el mundo. De 1750 en adelante, y por espacio de más de una centuria, se
desenvolvieron tres revoluciones simultáneas, la económica, con la aparición
de la máquina (Revolución Industrial) y el correlativo desarrollo de la ciencia
en forma acelerada; la política, con el n del absolutismo en varios países, la
forticación del nacionalismo y la acentuación de las corrientes democráticas.
Y la revolución intelectual, con la presencia de la Ilustración. (Rodríguez de
Alonso, 1978).
El joven Miranda, manifestó desde temprana edad grandes aspiraciones.
En enero de 1771, después de haber estudiado el Bachillerato en Artes en la
universidad de su ciudad natal, emigró a España para completar su formación
ilustrada. Luego de haber obtenido el grado de capitán del ejército español
se inserta en una dinámica de viajes incesantes que lo llevarían a participar
en los más importantes acontecimientos políticos de la época, haciendo de
él un personaje cosmopolita, conocedor privilegiado de distintas realidades.
(Rodríguez de Alonso, 1978).
La escena del Precursor fue otra. Desde el comienzo de su carrera militar
en la Península demostró una vocación por las novedades que lo transformó en
lector voraz de la literatura de actualidad y de las obras clásicas, examinadas
con libertad propias de un investigador autónomo.
Como militar, para 1774 participa en la defensa de Melilla, al norte de
Marruecos, y en el verano de 1775 en el fallido desembarco español en Argel
(norte de África). En 1781 es parte de las tropas españolas que apoyan a los
independentistas angloamericanos en la conquista de la colonia británica de
Pensacola (Florida), acción que le valió el ascenso a teniente coronel.
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El proceso independentista de las colonias anglosajonas del norte de
América, condicionó profundamente sus concepciones políticas e ideológicas.
Fue al calor de estos acontecimientos donde comprendió que las colonias
gobernadas por monarquías absolutas de corte antiguo, tendrían que dar paso
necesariamente, a nuevas naciones estructuradas por estados republicanos
independientes, sustentados por el modelo liberal. (Rodríguez de Alonso,
1978).
A raíz de una serie de conictos con sus superiores españoles, se refugia
en el naciente Estados Unidos de norte América en el año 1783. Allí tiene
la oportunidad de entrevistarse con sus fundadores y líderes históricos
George Washington y el marqués de Lafayette, entre otros. Seguidamente,
en el periodo 1785-1789, recorre las principales ciudades de Europa. En este
periplo desarrolla importantes relaciones de amistad con personalidades como
la emperatriz de Rusia La Grande y el primer ministro británico William Pitt,
ante los que solicitaría apoyo y recursos para el logro de la independencia
de la América española, proyecto en torno al cual dedicaría toda su vida.
(Rodríguez de Alonso, 1978).
En marzo de 1792 ingresa en el ejército revolucionario francés con el
grado de Mariscal de Campo. Su valiosa actuación en la estratégica victoria
francesa de la batalla de Valmy le otorga su ascenso a general. Posteriormente,
decepcionado por el poco apoyo brindado por el gobierno británico a sus
proyectos, se traslada a New York con el propósito de organizar una expedición
independentista que tenía por objetivo ocupar la Capitanía General de
Venezuela y romper sus nexos con la monarquía hispana. Esta expedición de
1806 fracasa en sus objetivos, ya que fue repelida por los realistas de manera
contundente el 28 de abril de ese año, situación que lleva a Miranda y su
pequeña milicia a replegarse para realizar un segundo intento de ocupación
entre el 1 y 4 de agosto del mismo año, intento que fracasara de la misma
forma, por no tener el apoyo de la clase dominante criolla. Luego de sus
fallidos esfuerzos insurgentes en su tierra natal, Miranda regresa a Londres
-su base de operaciones-. Desde allí, actúa como consejero e instructor de los
comisionados que en julio de 1810 fueron designados por la Junta Suprema
de Caracas, para viajar a Londres a solicitar el apoyo del Gobierno británico
para la causa independentista. La misión diplomática estuvo conformada por:
Simón Bolívar, Luis López Méndez y Andrés Bello, a los que correspondió
también la tarea de convencer a Miranda de lo provechosa que sería su
presencia, para el desarrollo de la revolución en su tierra natal. El 13 de
diciembre de 1810 el sexagenario trotamundos regresa a Caracas después de
una larga ausencia. Allí se había constituido una Junta Suprema de gobierno,
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en la que los factores revolucionarios, tales como la sociedad patriótica, irán
incrementando su poder político y paulatinamente ganando voluntades para
la causa de la independencia de España. Este proceso desembocaría en la
guerra, con la rma del acta de independencia de Venezuela el 5 de julio de
1811. Miranda es designado primero como diputado presidente del congreso
constituyente, que construyó la constitución fundacional de la efímera primera
república. El advenimiento de la república estuvo signado por los choques y
conictos entre los diversos sectores de la elite dirigente criolla: los llamados
mantuanos que oscilaban entre posiciones moderadas y radicales; esta última
posición se constituiría pronto en hegemónica. (Rodríguez de Alonso, 1978).
Tras el inicio de la cruenta guerra independentista, conicto bélico de
carácter civil por un lado, e internacional e interprovincial por el otro, Miranda
es nombrado por el Congreso, general en jefe, y se le otorgan en consecuencia
poderos y facultades extraordinarias. La situación en que le toca operar es
crítica, y la guerra en la América meridional en general, y en Venezuela en
particular, presentaba características muy distintas a las guerras regulares
de ejércitos profesionales-formales como en las que él había participado
exitosamente en la Europa occidental. Abrumado por las circunstancias
Miranda fue incapaz de estructurar un ejército disciplinado y ecaz. Tras una
serie de derrotas de las fuerzas revolucionarias independentistas, entre las que
destacan la perdida de la estratégica plaza de Puerto Cabello a cargo del para
entonces Coronel Simón Bolívar, se ve obligado a rmar una capitulación, -con
términos razonables-, con el máximo jefe realista Domingo de Monteverde el
25 de julio de 1812, hecho que marca el colapso estrepitoso de la primera
república. (Rodríguez de Alonso, 1978).
Luego de la derrota Miranda intenta embarcarse para el extranjero con
la intención de reorganizar su estrategia, como tantas veces los hicieran
distinguidos líderes independentistas en circunstancias similares. Momentos,
antes de partir, es arrestado por un grupo de ociales patriotas descontentos
con su proceder, el 31 de julio, en el puerto de la Guaira, para ser entregado
posteriormente a las autoridades realistas, las cuales lo condenarían a prisión
por el resto de su vida. Este oscuro episodio sigue presentando múltiples
interrogantes a la historiografía contemporánea. Aún no están claros los
móviles que determinaron su arresto y su absurda entrega al bando realista
como un traidor. El 14 de julio de 1816 Miranda fallece cautivo en el arsenal
de la Carraca y sus restos son enterrados en una fosa común. (Rodríguez
de Alonso, 1978). Sin embargo, mientras permaneció alejado de sus tierras
ancestrales por treinta y cuatro años llevó siempre la América en el fondo de su
corazón, la consideró pieza esencial de sus planes, la condujo en sus carpetas
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a todas partes, la transformó en Colombia y soñó en su emancipación, pero
la pensó desde Europa, sin vivir directamente como los próceres modestos de
ultramar.
Unidad americana en el discurso de Miranda.
Tal como se ha señalado anteriormente, Miranda (1750-1816), pasó los años
más importantes de su vida en Europa. Allí al parecer estudió detenidamente
los textos de los principales ideólogos de las tendencias de vanguardia en lo
losóco y político (liberalismo clásico y racionalismo): Locke, Voltaire y
Rousseau, entre otros. Estos pensadores son para la época los arquitectos de
un modelo de sociedad basada en principios y valores tales como: la igualdad,
justicia, solidaridad y libertad, preámbulo de las democracias modernas.
En este sentido, las propuestas políticas formuladas por Miranda deben ser
interpretadas en el contexto de las transformaciones ideológicas y políticas
sucedidas en el viejo continente en el transcurrir del siglo de las luces, las
cuales se enmarcan en líneas generales en la ilustración, corriente renovadora
y modernizadora del pensamiento, opuesta a los fundamentos de la sociedad
de Antiguo Régimen y a las contradicciones espirituales que en ella se
engendraban. Desde esta perspectiva, el proyecto político mirandino que
tenía como propósito fundamental la independencia absoluta de las colonias
hispanoamericanas, consideradas como una unidad política y cultural, precisa
implícitamente una concepción de identidad que constituye un factor cardinal
de su discurso histórico.
A nuestro entender, la identidad americana que es la conciencia para sí de
la realidad y especicidad americana en contraste a la europea, en esencia
y existencia, comienza a congurarse nítidamente desde la segunda mitad
del siglo XVIII, vinculada al sentimiento de inconformidad maniesto
fundamentalmente por sectores importantes de los blancos criollos. Sobre la
marcha de los acontecimientos, los criollos entienden, progresivamente, que
sus intereses económicos y políticos al igual que sus aspiraciones de poder
como grupo, eran distintos y en muchos sentidos opuestos al de los españoles
peninsulares, quienes jerárquicamente se ubicaban en la cúspide de la sociedad
colonial. En un documento escrito para el primer ministro británico William
Pitt, fechado en 1790 en Londres, Miranda expresa de manera quizás un tanto
radical la magnitud y el alcance de estas diferencias:
“Tan acérrimo es este odio entre los españoles criollos
y los procedentes de Europa que hasta me atrevo a
aseverar que nada hay que no pueda contribuir más a
la conquista de América que tal desavenencia; y resulta
fácil ganarlos y alentarlos para que se unan contra sus
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enemigos con el n de liberarse de la esclavitud a que
fueron reducidos, de tal modo riguroso como los tratan
y de la posición con la que se les imparte justicia,
siendo los oriundos de España los que salen siempre
favorecidos en desmedro de ellos. Esto resulta tan
molesto y riguroso de soportar por parte de los infelices
criollos que según le he oído decir con frecuencia, ellos
preferirían estar bajo el yugo de cualquier príncipe antes
que bajo el de los españoles...”(Miranda, 1992: 54)
Las fuentes históricas a nuestra disposición demuestran que el choque
dialéctico entre diversos intereses corporativos y estamentales, no se tornó
antagónico sino hasta el comienzo de las guerras por la independencia de la
América española, ya que a la sazón de las contradicciones se lograban acuerdos
intergrupales, en función del logro de niveles mínimos de gobernabilidad y
estabilidad en las colonias.
Para Carmen Bohórquez, el sentimiento de inconformidad es denominado
como “criollismo” y signica una ideología embrionaria de ruptura; pues los
mantuanos de la época:
“están convencidos de ser injustamente tratados por
la corona, pero al mismo tiempo eles a la monarquía
los criollos comienzan a ver en los funcionarios
llegados de la península, la causa de la negación de
sus derechos” (Bohórquez, 2002: 194)
El malestar se agudiza con la agresiva implementación del reformismo borbónico
que en la segunda mitad del siglo XVIII, especícamente en el gobierno de Carlos
III, aprieta los engranajes de la centralización de la administración política y
económica de las colonias, para lograr lo que el historiador John Lynch dene como
el intento de desamericanizar a América, es decir, desplazar en la medida de lo
posible a los criollos de la ocupación de sus tradicionales espacios de poder.
Miranda interpreta y entiende a cabalidad esta realidad. En su discurso se denen
a los hispanoamericanos como un colectivo humano mestizo y pluricultural, distinto
al norte americano y al español peninsular. En tanto utiliza el nombre de Colombia
en homenaje al descubridor del continente Cristóbal Colon, para identicar los
territorios que ocupaban las colonias hispanas y lusitanas, y colombianos a su
respectivo gentilicio:
.“Ahora bien, la conciencia que Miranda llega a
forjarse de América es también la conciencia de su
unidad histórica y de sus unidad territorial. Se trata
de una sola patria: “nuestra América” que debe ser
liberada en su totalidad geográca.” (Bohórquez,
2002: 190).
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Lógicamente, el proyecto mirandino buscaba la emancipación total de
todas las colonias hispanoamericanas, de lo contrario no sería viable. Dado
que las colonias de la América española constituían una unidad cultural
heterogénea a lo interno- que no debía segmentarse tras la emancipación- de
lo contrario se debilitarían geopolíticamente. Esta idea seguirá presente en los
posteriores ideólogos de la integración latinoamericana.
Partiendo de este supuesto, Miranda planicó la construcción de un vasto
estado unitario de proporción continental, que abarcaba casi la totalidad de
la América meridional, de carácter republicano y liberal –pero no exento de
elementos monárquicos- el cual estaría dinamizado por un sistema político
en el que se articulaba, lo que era a su entender, lo más provechoso del
parlamentarismo británico y el constitucionalismo de los nacientes Estados
Unidos de Norteamérica.
En uno de sus más destacados documentos políticos, por el programa
independentista que contenía junto con un elaborado plan de acción para llevarlo
a cabo, intitulado originalmente como: “Cuerpo de bases para la unidad de los
pueblos y provincias de la América meridional”, mejor conocida como el Acta
de Paris del año 1797, se plantea la necesidad de crear las condiciones objetivas
que conduzcan a la realización de la independencia plena de las colonias
hispano-americanas, las cuales estaban conformadas por
“Las comarcas conocidas bajo el nombre de virreinatos
de México, Santa fe, Lima y Rio de la Plata, y con el
nombre de provincias de Caracas, Quito, Chile., etc.
”(Miranda, 1982: 67).
El Acta de Paris contiene 18 artículos, en los que se va desarrollando
un minucioso plan para hacer de la independencia una realidad política
y económica, en el mediano plazo, así como también para iniciar un
esquema de unidad entre naciones con un proceso colonial y cultural con
características comunes.
Este documento reeja el idealismo y la visión a futuro de Miranda, sin
embargo, no está exento de algunas paradojas políticas que señalaremos
más adelante.
Uno de los propósitos centrales de esta pieza textual-discursiva, es
ganar el apoyo de Inglaterra -principal potencia militar, industrial,
tecnológica y comercial de la época-, a favor de la independencia absoluta
de las colonias hispano-americanas, y asentar su libertad sobre bases
inquebrantables.
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El incentivo que propone para convencer, no solo a Inglaterra, a
proporcionar su apoyo militar y nanciero a la independencia, sino
también a los Estados Unidos de América, es la creación de una suerte
de área de libre comercio hemisférica, “...Concebido en los términos más
ventajosos a la nación británica; y aun cuando debe descartarse toda
idea de monopolio, el tratado le asegurara naturalmente, y en términos
ciertos, el consumo de la mayor parte de sus manufacturas...” (Miranda,
1964: 67)
Con este planteamiento se quería sentar las bases para hacer de
Hispanoamérica una potencia, capaz de igualar los niveles de desarrollo
político y económico, así como la estabilidad del emergente Estados Unidos
e Inglaterra, naciones paradigmáticas para Miranda. Ello lo demuestra en
diferentes discursos. Para él, todo apuntaba a la necesidad de la alianza
defensiva entre Inglaterra, Estados Unidos y la América meridional. Su
situación geográca, sus productos, la industria, las necesidades, las
costumbres y el carácter de esas naciones que al formarse la alianza tiene que
ser duradera, sobre todo si se tiene el cuidado de consolidarla por la analogía,
en la forma política, de los tres gobiernos; es decir, por el goce de una libertad
civil sabiamente entendida y sabiamente dispuesta. (Miranda, 1964: 67).
La ayuda que el imperio británico y los Estados Unidos proporcionarían
al proyecto independentista hispano-americano fue de poca magnitud, y
nunca tuvo la relevancia que Miranda y otros próceres aspiraron. En todo
caso Miranda aspiraba que aportaran una fuerza marítima de por lo menos
20 barcos de guerra, con 8.000 hombres de infantería y 20.000 de caballería.
Incluso Miranda estaba dispuesto en este momento, no solamente a
cancelar en metálico las operaciones militares desplegadas por Inglaterra
y Estados Unidos en razón del logro de la independencia de la América
meridional, sino también, a pagar un precio mucho más oneroso. En tanto,
proponía que se fueran ocupadas las islas: Puerto Rico, Trinidad y Margarita,
espacios insulares en los que a su entender Hispanoamérica no poseía un
interés directo, pero que podrían beneciar sobre manera a las potencias
aliadas, proporcionándoles una posición estratégica en el Caribe, punta de
lanza de su avanza nanciera y comercial.
No se explicaba en qué términos, políticos y temporales, proponía la
ocupación de estos territorios insulares que conformaban parte importante del
territorio hispano-americano en el mar Caribe. Su Colombia anhelada solo
se quedaría con la posesión efectiva de la isla de Cuba, que por su ubicación
como llave en el golfo de México era indispensable para su seguridad.
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El proyecto también contempla la construcción de un canal de navegación
en el istmo de Panamá, que comunicaría al océano atlántico y pacíco,
en función de facilitar notablemente la dinámica comercial entre ambos
hemisferios. Cabe destacar que esta idea es muy antigua, viene del reinado
de Carlos I, en la primera mitad del siglo XVI. Los referidos planteamientos
demuestran la avanzada visión geopolítica y estratégica del pensamiento
mirandino.
Todas las ideas y planes esbozados en el Acta de Paris, y en posteriores
documentos sobre la temática de la independencia y unidad, constantes en
el pensamiento político de Miranda, tiene como nalidad el logro de una
subversión continental de toda la América española en contra de la metrópolis,
cuestión que signicaría el quiebre total de los nexos coloniales, y el paso
lógico a la sociedad liberal. Con esta idea concluye el acta de Paris armando:
“La junta no espera sino el regreso de los delegados
para disolverse inmediatamente y seguir a diferentes
puntos del continente americano, en donde la
presencia de los miembros que la componen es
indispensablemente necesaria para provocar tan
pronto como aparezcan los auxilios de los aliados, una
explosión combinada y general de todos los pueblos de
la América meridional”. (Miranda, 1964: 69).
Llama la atención que el movimiento independentista desarrollado entre
1808-1826 sucediera como un movimiento, que si bien es cierto, fue primero
focalizado en algunas ciudades, generó prontamente un efecto dominó
de magnitud continental, tal como lo planicó Miranda. Sin embargo, las
historiografías nacionales-patrias latinoamericanas han maximizado las
particularidades de cada uno de estos movimientos, desvinculándolos del
accionar global que tuvieron originalmente. Esto con la nalidad de congurar
sus particulares identidades nacionales en el contexto de la formación del
estado-nación.
Sin embargo, pensadores latinoamericanistas como Manuel Ugarte rescatan
el sentido primario de las independencias hispanas y expresan: “no hubo una
revolución en la gran Colombia, una revolución en México, una revolución en
la Argentina, etc., sino un levantamiento general de las colonias de América,
simultáneo, con ligeras variantes en todos los virreinatos...” (Ugarte, 1978:
34)
Su proyecto independentista estaba íntimamente vinculado a su proyecto
de construcción de un gran estado continental donde se articularían todas las
provincias y reinos de la América española, tal como sucedió en el año de
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1776 con las 13 provincias anglo-americanas, que tras la ruptura con los nexos
del imperio británico dieron vida al cuerpo político confederado, denominado
Estados Unidos de Norteamérica.
Con todo, el Estado hispano que proponía Miranda ocuparía un espacio
territorial mucho más amplio, rico en diversos recursos naturales, que el de la
potencia norteña:
“El estado que integraran las colonias hispano-
americanas tendrán los siguientes límites: en la parte
norte, la línea que pasa por el medio rio Mississippi
desde la desembocadura hasta la cabecera del mismo
y partiendo de ella siguiendo la misma línea recta en
dirección del oeste por el 45° de latitud septentrional
hasta unirse con el mar pacico. Al oeste, del océano
pacico desde el punto arriba señalado hasta el cabo
de hornos incluyendo las islas que se encuentran a
diez grados de distancia de dicha costa. Al este, el
océano atlántico desde el cabo de hornos hasta el
golfo de México y desde allí hasta la desembocadura
del rio Mississippi. No están comprendidas en estas
demarcaciones Brasil y Guayana. Respecto de las islas
ubicadas a lo largo de esta costa, ellas no formaran
parte de este Estado, puesto que el ya bastante extenso
continente ha de ser suciente para una potencia
meramente terrestre y agrícola. Sin embargo, y como
excepción, se conservará la isla de Cuba en razón de
que el puerto de la Habana es la llave del golfo de
México”. (Miranda, 1964: 208)
Miranda, manejaba información dedigna sobre el número de la
población, recursos, naturales, dinámica comercial, actividad económica,
sistema político e institucional, geografía, clima y costumbres de este vasto
territorio que él visualizaba como una gran nación, no exenta de matices y
particularismos.
También dedicó gran parte de su pensamiento político a la estructuración
de una forma de gobierno, que estuviera acorde con las realidades del
subcontinente hispano-americano, y que a su vez fuera capaz de reproducir,
en la dimensión legal, política e institucional, las experiencias más
constructivas de las sociedades occidentales más avanzadas de la época; sin
embargo, no proponía una extrapolación mecánica en hispano-América del
sistema británico y angloamericano, sino un hibrido coherente entre estos
dos sistemas políticos de corte liberal, y la institucionalidad hispana de corte
antiguo, acorde a la idiosincrasia criolla. (Henríquez Uzcátegui, 1984).
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En este sentido, propone que el sistema de gobierno más viable para
Colombia, “debe ser mixto y similar a la de la Gran Bretaña. Lo integraran
un poder ejecutivo representado por un inca provisto del título de emperador
(Miranda, 1964: 210)
Por otro lado, la integración que proponía no se circunscribía a lo político
solamente, sino también abarcaba lo social. En una época donde la sociedad
estaba regiamente jerarquizada por varios estamentos, en donde la etnia
blanca -europea y criolla- era hegemónica y monopolizaba para si todas las
prebendas y privilegios políticos, económicos y culturales, las progresistas
propuestas mirandinas no podían ser bien vistas. (Ardao, 1992).
En una proclama dirigida a los pueblos del conteniente colombiano, alias
Hispano-América en el año de 1801 expresa sus aspiraciones de justicia social
en los términos siguientes. “El tributo personal cargado sobre los indios, y
gentes de color siendo odioso, injusto y opresivo será abolido de hecho. Los
indios y las gentes libres de color gozaran desde este instante de todos los
derechos y privilegios correspondientes a los demás ciudadanos”. Al respecto
en su proclama de 1806, escrita en el contexto de su intento de ocupación de la
península de Coro, que tenía como propósito central persuadir y convencer a la
elite criolla a participar activamente en la lucha proindependentista, expresa:
“Que los buenos e inocentes indios, así como los
bizarros pardos, y los morenos libres crean rmemente,
que somos todos ciudadanos, y que los premios
pertenecen exclusivamente al mérito y virtud en cuya
suposición obtendrán en adelante infaliblemente,
las recompensas militares y civiles, por su mérito
solamente”. (Miranda, 1964: 142).
Estos planteamientos develan que el proyecto de Miranda era integral. El
mismo no se limitaba a la ruptura con los nexos coloniales, y a la creación
de un gran estado internacional en la América meridional, sino que buscaba
la vertebración de un nuevo modelo de sociedad, basado en el principio de
igualdad étnica, social y cultural, sin el cual lógicamente estas sociedades
multiétnicas y pluriculturales (mestizas), no podrían alcanzar un estadio de
estabilidad, paz y justicia. En tanto señala:
“...El hecho es, que todo depende de nuestra voluntad
solamente y así como el querer constituirá indudablemente
nuestra independencia, la unión nos asegura permanencia y
felicidad perpetua: ¡quiéralo así la divina providencia para
alivio de nuestros infelices compatriotas; para amparo y
benecio del género humano ¡” (Miranda, 1964: 142).
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Aspectos doctrinales del pensamiento mirandino...
Evidentemente, Miranda conocía a profundidad los vicios y contradicciones
característicos de la sociedad de antiguo régimen, relativos al racismo y la
discriminación.
Paradójicamente los blancos peninsulares, sector dominante, despreciaban
a los blancos criollos por su origen americano, cuestión que ocasionó en estos
últimos grandes resentimientos.
Sin embargo, los criollos discriminaban de igual manera a los mestizos,
indios y negros, es decir, a todos los grupos no blancos, reproduciendo así
los esquemas coloniales de control y dominación en lo material y espiritual.
(Byrne Lockey, 1976)
De seguirse reproduciendo estas prácticas e imaginarios de la segregación y
la exclusión en la sociedad postcolonial, Miranda sabia, que la misma no sería
viable y estaría plagada por las mismas lacras de la anterior, desembocando
de nuevo en el apartheid y en el imperio de la injusticia, por lo cual nunca
habría paz.
“No es vuestra idea la de reemplazar un gobierno
irregular, por otro semejante: de sustituir a un régimen
opresor otro régimen opresor: de destruir una tiranía
antigua por otra tiranía nueva; en una palabra, de
establecer sobre la ruina de un despotismo extranjero,
el reino de otro despotismo no menos odioso...”
(Miranda, 1964: 103).
Miranda pretendía resaltar los elementos, que en lo cultural, entrelazaban
a todos los heterogéneos grupos que formaban la sociedad colonial, entre los
que destacaban el mestizaje, el imaginario religioso y el lenguaje, elementos
que en último término fungían de factor cohesionante del entramado social.
En este sentido arma:
“Así, compatriotas, todo depende de nosotros
mismos. Unámonos por nuestra libertad, por nuestra
independencia, desaparezcan de entre nosotros las
odiosas distinciones de chapetones, criollos, mulatos,
etc. Estas solo pueden servirle a la tiranía, cuyo objeto
es dividir los intereses de los esclavos para dominarlos
unos por otros. Un gobierno libre mira a todos los
hombres con igualdad; cuando las leyes gobiernan
las solas distinciones son el mérito y la virtud. Pues
que todos somos hijos de un mismo padre; puedes que
todos tenemos la misma lengua, las mismas costumbres
y sobre la misma religión; pues que todos estamos
injuriados del mismo modo, unámonos todos en la
grande obra de nuestra común libertad. Establezcamos
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Juan Carlos Morales Manzur*
sobre las ruinas de un gobierno injusto y destructor
y un gobierno sabio y creador: sobre la tiranía la
libertad, sobre el despotismo la igualdad de derechos,
el orden y las buenas costumbres” (Miranda citado por
Carmen Bohórquez, 2002: 201).
Proyecto de gobierno federal para Colombia
A la par de su discurso para el fomento de la unidad política, económica
y social en hispano-América, de cara al logro de una nueva sociedad de corte
moderno, Miranda va desarrollando un conjunto de proyectos constitucionales
en función de ordenar en todos los niveles de lo político y administrativo, a
su utópica Colombia, el grande Estado donde convergerían variadas naciones
luego de consumada la independencia.
En su proyecto de gobierno federal para Colombia, elaborado en 1801,
corrige e introduce nuevos elementos al proyecto constitucional que ya había
elaborado en el año de 1798, bajo el nombre de constitución para las colonias
hispano-americanas, al cual ya hicimos referencia anteriormente.
En dicho proyecto, comienza por denir quienes gozarían de la ciudadanía
americana (meridional), en tanto señala:
“Son ciudadanos americanos todos los que hayan
nacido en el país de padres y madres libres; y todos
los extranjeros que, establecidos y casados en el país,
presten juramento de delidad al nuevo gobierno,
o siendo solteros hagan tres campañas por la
independencia americana” (Miranda, 1964: 288)
Nótese por un lado, que cuando expresa que son americanos todos los que
hayan nacido en el país, el entiende por país a la totalidad de las provincias
y virreinatos que comprendían el conjunto de los territorios americanos, bajo
el dominio de la corona española, que para él, constituían una unidad y no
una pluralidad de territorios; y por el otro, que el Estado colombiano estaría
dispuesta a dar la nacionalidad, a todos los extranjeros que por convicciones
ideo-políticas apoyen el proyecto revolucionario que representaba Colombia.
Es decir, que Colombia seria la patria de los revolucionarios del mundo
moderno.
Asimismo, también dene la gura de un poder electoral colegiado y
polisinodial, el cual se encargaría de designar a las principales autoridades
políticas y administrativas del nuevo estado. El ente rector lo constituiría la
asamblea la cual estaría formada por:
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Aspectos doctrinales del pensamiento mirandino...
“todos los ciudadanos americanos que tengan además
de las cualidades requeridas por la constitución, una
propiedad territorial al menos de 100 fanegas de tierra
cultivada y sean mayores de 21 años... los ciudadanos
que carecieran de estas cualidades, no podrán votar
en los comicios; pero no perderán por eso los demás
derechos que les correspondan como ciudadanos
pacícos”. (Miranda, 1964: 288)
Evidentemente, se sigue manteniendo en este proyecto, una preponderancia
aristocrática para el ejercicio de las principales magistraturas públicas; no
obstante, esto se comprende por el hecho de que en estos momentos históricos,
principios del siglo XIX, las grandes masas populares estaban sumidas en la
más terrible ignorancia, ya que carecían de cualquier formación, porque no
tenían acceso al sistema educativo, y por lo tanto, no estaban en condición de
ejercer funciones de administración pública, de armar lo contrario Miranda
hubiese incurrido en la demagogia.
En cuanto al gobierno de las ciudades, se mantiene la importante gura
de los cabildos, los cuales constituían los espacios de poder político más
determinantes y efectivos en el sistema gubernamental de las colonias. En
cuanto a su composición y funciones especícas expone:
“Estos cuerpos los formarían cierto número de
ciudadanos del distrito, a quienes designarán los
ciudadanos activos, y compondrán un cuerpo de
electores para la representación provincial. Sus
deberes principales serán la policía y administración
interna de las ciudades, así como la designación
de las personas que deberán formar las asambleas
provinciales” (Miranda, 1964:288).
Por encima de la jurisdicción del gobierno local, propone a las asambleas
provinciales, responsables del gobierno de las provincias en su totalidad. Cabe
señalar que todas las esferas jurisdiccionales que se plantean están vinculadas,
ya que es el cabildo el que designaría al cuerpo de electores de los miembros de
las asambleas provinciales, y estas harían lo mismo para la representación de la
asamblea americana.
Las asambleas provinciales sustituirían a la gura del gobernador y capitán
general del gobierno regio; las mismas tendrán a su cargo la salubridad y la
administración provinciales, y a este efecto podrán dictar leyes administrativas
que se circunscriban a los límites de la propia provincia...”. (Miranda, 1964: 288)
A su vez, la asamblea provincial tendría la responsabilidad de elegir a los
ciudadanos notables que compondrían la instancia máxima del poder legislativo,
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denominada cuerpo legislativo, en el cual, estarían todos los representantes de
cada una de las provincias que conformarían el grande estado confederado, como
ya lo hemos mencionado. El cuerpo legislativo se compondrá de representantes
nombrados por las diferentes asambleas provinciales –amautas-, en número
proporcional al de la población de cada provincia, siendo requisito fundamental
ser ciudadano de la provincia representada. Esta asamblea se llamaría concilio
colombiano y tendría la función exclusiva de dictar leyes para toda la federación
americana; leyes que pasaran por simple mayoría de votos. (Miranda, 1964:289)
El concilio colombiano era un parlamento de corte moderno y operaría, bajo
los criterios procedimentales de la mayoría de los congresos de la actualidad.
En cuanto al poder ejecutivo, el proyecto establece lo siguiente:
“El poder ejecutivo nombrado por el concilio
colombiano, se compondrá de dos ciudadanos elegidos
entre todos los del imperio... los miembros del poder
ejecutivo tendrán el título de incas, nombre venerable
en el país. Uno de los incas permanecerá contantemente
en la ciudad federal, cerca del cuerpo legislativo,
y el otro recorrerá las provincias del imperio. Los
incas nombraran dos ciudadanos para ejercer el
cargo de cuestores o administradores del tesoro
público; dos para el cargo de ediles, que se ocuparan
principalmente en la construcción y reparación de
los caminos del imperio, etc.; y seis ciudadanos que
con el título de censores, harán levantar el censo del
imperio, vigilaran la instrucción pública y cuidaran de
la conservación de las buenas costumbres” (Miranda,
1964: 290).
Miranda conguraba un poder ejecutivo dual, quizás inuenciado
por los dos emperadores romanos de oriente y occidente de la época del
ocaso del imperio, los cuales equilibraban su poder al compartir funciones
jurisdiccionales. Asimismo, este poder ejecutivo contaría con un equipo de
gobierno, similar a una cartera ministerial, compuesto por varias autoridades
subalternas, responsables del desempeño de funciones especícas, todas de
relevancia para la buena marcha del estado.
En cuanto al poder judicial, se establece: “se compondrá de los jueces
que presidan los diferentes tribunales de las provincias, y serán elegidos
en comicios provinciales en el número que considere conveniente el poder
ejecutivo de acuerdo con las asambleas provinciales”. (Miranda, 1964:291)
Básicamente, el modelo de sistema judicial era similar al estadounidense
e inglés. Pese a esto, en Colombia el poder ejecutivo tendría una mayor
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preponderancia en el poder judicial, dado que sería este y no el concilio
colombiano, el que designaría a la alta corte nacional, con lo cual, Miranda
se distancia signicativamente de las ideas de Montesquieu concernientes
a la necesaria autonomía y división de poderes, ya que en su propuesta se
evidencia que el poder ejecutivo tendría marcadas atribuciones e injerencias
sobre los otros. Sin embargo, en un número signicativo de piezas discursivas
textuales, Miranda maniesta admiración por Montesquieu, Locke y
Rousseau. La administración de justicia e interpretación de las leyes, sería
responsabilidad de la Alta Corte Nacional, a la que le concernía “los negocios
relativos al derecho de gentes, a los tratados con las potencias extranjeras,
y juzgará por último a todos los magistrados y demás personas acusadas de
prevaricación o de cualquier otro crimen de estado”. (Miranda, 1964:291).
Este interesante proyecto constitucional termina declarando la libertad
de culto, por lo cual, ningún ciudadano colombiano seria molestado por sus
convicciones y prácticas religiosas, siempre y cuando estas no atentaran con
lo que se entendía por buenas costumbres. A pesar de esto, el catolicismo sería
la religión ocial del Estado. De esto se revela, que todo el andamiaje jurídico
institucional e ideológico -súper estructura- estaba orientado a la formulación
de un estado moderno liberal-ilustrado, que desembocaría en la vertebración
progresiva de un nuevo tipo de relaciones sociales, modernas también, lo que
pone en evidencia por un lado, los altos niveles de idealismo en el discurso
histórico mirandino, a la vez que su vanguardia en el imaginario político
hispano-americano.
Es Miranda, en su condición de precursor de la gesta emancipadora de la
América meridional, uno de los primeros en señalar de manera argumentada
y sistematizada, el estrepitoso colapso de la sociedad colonial, por lo inviable
de la misma; a la vez que formula con gran lucidez intelectual un conjunto de
propuestas orientadas al desarrollo de un orden socio-político de avanzada,
basado en la unidad cultural iberoamericana, mucho antes de la existencia de
una ciudadanía hispanoamericana capaz de implementar este proyecto en la
realidad concreta. Quizás, sea este idealismo maniesto la gran paradoja de
su discurso, pero a su vez, es dicha paradoja la que determina su rol histórico
de precursor-ideólogo.
Conclusiones.
Tal como se ha señalado, Francisco de Miranda es el precursor del
discurso político de la unidad latinoamericana. Las ideas y argumentos
presentes en su ideario, le proporcionaron a Bolívar, al igual que a las Juntas
de Gobierno los insumos para desarrollar sus propuestas integracionistas e
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independentistas, al igual que inspiró a muchos otros próceres con mención
especial como Picornell, Gual y España, Nariño y otros pregoneros de la
Libertad que comienzan a hablar de “Patria” no sólo en el sentido nacional,
regional, limitado al país nativo, coincidente con la delimitación geográca
colonial, sino dentro del concepto de Patria Continental, Iberoamericana,
Hispanoamericana, Latinoamericana, Panamericana, como un programa
político novedoso.
Miranda congura una visión particular de América (Colombia) en la que
se evidencia por vez primera, la existencia de una identidad histórica y cultural
que entrelaza a todos los pueblos iberoamericanos, los cuales pertenecían
para el nal del siglo de las luces, al corroído imperio español. La identidad
cultural representaba entonces, un tipo de unidad simbólica y material entre
pueblos que compartían una misma circunstancia política e histórica. Por
lo tanto, cualquier respuesta de emancipación debía adelantarse de manera
mancomunada, en razón de mantener la fortaleza que proporcionaba la unidad
en misma. Para Miranda la cuestión de la unidad signicaba no solamente
una alianza estratégica para el logro de la ruptura con los nexos coloniales,
sino también, el pilar fundamental para impulsar un orden social moderno,
en el contexto del sistema de valores y sensibilidades del pensamiento liberal
ilustrado, que se constituyó en la ideología dominante de la etapa de la
emancipación.
En tanto, del pensamiento ilustrado surgieron las premisas y los postulados
que vertebraron el imaginario político de la independencia y sus variados
discursos. Entre los aspectos más destacados del programa político para el
logro de la unidad americana de Miranda están: su proyecto de gobierno
federal para Colombia, que perseguía el desarrollo de un grande estado
unitario, ubicado en las inmensidades de la América meridional, espacio que
contaba con todos los recursos materiales necesarios para ser un estado fuerte
y próspero, capaz de contrarrestar, en la mediana y larga duración, el inujo
opresor de las potencias del mundo.
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