Perspectivas. Revista de Historia, Geografía, Arte y Cultura
Año 11, N° 21/Enero-junio-2023, p. 92-97
Universidad Nacional Experimental Rafael María Baralt
ISSN: 2343-6271 / ISSN-E: 2739-0004
Jhomar Loaiza, el color del Caribe en sus mujeres
DOI: https://doi.org/10.5281/zenodo.8031237
Alvarado, Anthony*
Universidad Nacional Experimental Rafael María Baralt – Venezuela
https://orcid.org/0000-0003-3490-6153
Jhomar Loaiza, pintor venezolano residenciado en Curazao, ha sabido desafiar su trabajo y ha comprendido rápidamente los enmarañados senderos de un estilo propio, de analizar técnicas de figuración, adicionando la utilización de nuevos productos, como químicos, paletas, rodillos, acrílicos, pastas para grietas, masilla automotriz, improvisando frecuentemente con otros materiales como la aplicación de pigmentos mediante espátulas de latonería, tarjetas telefónicas y otros objetos como tapas, trozos de madera. En este ensayo se indaga en los procesos llevados a cabo por el artista.
Testigo en Azul 100x100cm. Acrílico-Canvas, 2023
Un artista debe saber enfrentarse a un proceso de evolución, de cambio, de transición de un estilo a una sensibilidad pictórica distinta, uno de los retos más difíciles de operar para cualquier creador. No se trata sólo de crear una nueva percepción de verdad o modificar el lenguaje visual, el perfeccionamiento conlleva recorrer sinuosos pasadizos por los que debe ir deslastrándose de complejos, tradiciones, sugerencias (de maestros o amigos), incluso debe, por sobre todo, desconfiar de sí mismo al asumir un nuevo desarrollo en su pintura, abandonar toda dependencia asumida con anterioridad. La actitud más obvia en estos casos es no pensar en el pasado, asumir el presente y enfocarse en lo desconocido que se presenta al ir descubriendo nuevas formas de plasmar la creación.
Jhomar Loaiza (La Vela de Coro, Venezuela, 1 de diciembre de 1977) ha sabido desafiar su trabajo y ha comprendido rápidamente los enmarañados senderos de un estilo propio, de analizar técnicas de figuración que se han sucedido a lo largo de la historia, adicionando a esto la utilización de nuevos productos: sintéticos, químicos, paletas, rodillos, acrílicos, pastas para grietas, masilla automotriz, además improvisa frecuentemente con otros materiales como la aplicación de pigmentos mediante espátulas de latonería, tarjetas telefónicas y otros objetos como tapas, trozos de madera, pareciera estar abandonando paulatinamente los pinceles, pero esto es solo un artificio de persuasión para el espectador.
Cuenta el veleño que desde los cinco años se ha sentido atraído por la pintura y el dibujo, tanto así que pasaba horas pintando a sus familiares y los animales de la casa. Ángel Sánchez se convierte en su primer maestro de pintura, éste lo inscribe en el taller que imparte en la Casa de Cultura Rafael Sánchez López, y allí hallará desde temprana edad los rudimentos del oficio. Al salir de bachillerato decide ingresar a la Escuela de Arte Tito Salas de Coro, donde estará escasamente un año (entre 1995 y 1996), sin embargo, aquí atenderá las indicaciones y consejos de los maestros Emilio Peniche, Iraida Navarro y otros.
Buscando siempre su lenguaje, se centra en el estudio de los clásicos, además de explorar técnicas y la variación de estilos. Enfocando su atención en la figuración y los detalles, algo que ha sido una constante en su trabajo, asume con atención los pormenores, la minuciosidad en el dibujo y la rigurosidad de las formas. De esta manera Loaiza otorga una atmósfera totalmente distinta a la tradición figurativa, que en su trabajo es presencia ineludible: el rostro, el cuerpo, la forma humana en general, se transforman en parte de su lenguaje pictórico, al punto de que un cuadro sin rastro femenino puede pasar indiferente o anónimo al espectador; ya que le cuesta mucho desfigurarlo o desfigurar lo figurativo.
Figuras descompuestas, el cuerpo no es una máquina
En ese tránsito de búsquedas y experimentaciones llegó a interesarse por el neocubismo, en 2004 participa en el I Salón de Jóvenes Pintores de Coro. Sus primeras muestras tenían ese aire de Braque o Picasso, donde se mantenía el cuerpo pero bajo líneas expresivas que trataban de romper la forma, en cierto modo esta técnica debía mucho a Lempicka, aunque sostiene que Armando Barrios fue otra de sus mayores influencias. Con esto intentó descomponer la figura para tener menos cuerpo, las líneas le permiten rozar la profundidad del alma del modelo, de internarse en el interior de lo que plasma en el lienzo. Como si de esquirlas de cristal se tratase, el artista fragmenta la visión y con los bordes afilados de la pintura ingresa al problema medular que le agobia el espíritu en la figura que retrata.

Testigo en Rojo 100x 100cm. Acrílico -Canvas 2022
Actualmente el cuerpo ha tomado una importancia relevante en su trabajo, al punto de que se convierte en centro de sus obsesiones. La figura femenina es objeto de estudio hasta el límite, incesante proceso de subjetivación que lo enfrenta al color y posibilidades de lo afrodescendiente. Ese tratamiento y búsqueda obcecada recuerda las fotografías de Uwe Ommer, en su Black Ladies, cuyas mujeres del continente africano se muestran en toda su exuberante belleza, bajo el aspecto de ángeles entre ocres y amarillos, rojizos y blancos, vestidos de colores y donde el erotismo se convierte en parte sustancial de la imagen y el paisaje.
Para Loaiza el cuerpo humano, o la figura, es poco tomado en cuenta por los artistas sino como “máquina”, el retrato cobra importancia al darle relieve a otros aspectos de la representación, la belleza, el lado humano, la historia, el signo de la opresión, la interioridad de sus mujeres, qué dicen desde sus tocados, desde la mirada, todo ese conjunto de saberes solo es posible vislumbrarlo si se descarta el estudio mecánico del cuerpo.
En referencia a acometer un cuadro figurativo, sostiene Loaiza que los modelos de piel blanca son más engorrosos de pintar, porque no siempre se consigue ese contraste en la iluminación, si eres blanco y te da la luz no se percibe casi nada. En cambio, cuando el modelo es afrodescendiente (de piel oscura) se consigue el contraste y esto enriquece el objetivo; incluso se pueden ver diferentes tonos en una sola piel, lo cual sucede muy poco con la piel blanca, es difícil en una piel blanca hacer muchos juegos de colores, en cambio con la tez oscura se aprecia cómo ésta absorbe la luz y se torna multicromática, lo cual otorga más variedad a la paleta para trabajar.
Otra de las vertientes de la obra de Jhomar Loaiza es su práctica del ensamblaje con la integración de lo figurativo/experimental, además de apropiarse de elementos en desuso como cajones de madera, latas de pintura en aerosol o gaseosas, y cualquier elemento de desecho (puertas, ventanas) que encuentre en la calle o abandonado en alguna casona, éste siempre tendrá una segunda oportunidad en el arte de Loaiza, quien las interviene para otorgarles nueva vida y elevarlas a la categoría de arte. Este proyecto entrevé nuevas propuestas de mayor envergadura, como la elaboración de esculturas de tamaño natural con material de reciclaje, interviniendo la forma con piezas variadas, el desarrollo de retratos con ensamblajes, tipo instalación. Sin embargo, esta idea requiere tiempo y capital para poder ser llevada a cabo.
Las posibilidades del exilio
Jhomar Loaiza tuvo que dejar su tierra en busca de mejores oportunidades, esta circunstancia lo lleva a Curazao, donde reside desde el año 2018 y que gracias a la ayuda de gente solidaria, atenta a los talentos que llegan a la isla, ha podido salir adelante y formarse un nombre dentro de la comunidad curazoleña. En esta etapa de su vida ha tenido que, literalmente, vivir de su arte, no obstante, estas circunstancias no siempre son las más creativas, ya que al someter su creatividad a los dictámenes de un cliente, éste siempre pondrá condiciones o dará ciertas indicaciones que debe asumir con tolerancia el artista. Así, su labor se ha repartido entre murales, retratos por encargo, la elaboración de letras para negocios, etc. Esto, por supuesto, le ha dado ciertas ventajas en el medio, ya que de este modo da a conocer su obra aprovechando la afluencia de turistas de diversas parte de Europa, el trabajo además le es oportuno puesto que le permite abastecerse de materiales, pintura y demás requerimientos. No ha sido fácil, pero sabe que los sueños no se alcanzan sin sacrificios. Con el pensamiento puesto en que mejoren las condiciones para el venezolano y que el artista pueda vender su obra dentro del mercado, lo que no merma sus ansias de proyectarse hacia el Viejo Continente, donde espera algún día exponer sus piezas.
Las negras multicromáticas de Loaiza
En el arte son muchos los referentes dentro de los clásicos que pueden tomar los pintores, sin embargo, Loaiza manifiesta reiterativamente que en su caso los maestros cercanos son quienes mayormente lo han aconsejado e influido. De todos ellos ha tomado un poco para abastecer su conocimiento y experiencia: Nicasio Duno, Emilio Peniche, Osterman Velásquez, Alirio Sánchez, Henry Curiel, entre otros, además de los pintores populares, de quienes ha entendido su preocupación por los desposeídos, asumiendo una conciencia social.
Loaiza desarrolla el color sin ninguna desconfianza, se sabe hijo del trópico y por lo tanto se apropia de sus elementos, y entre esos uno de suma importancia: la luz. Sus negras, como él mismo las llama, conjugan el sentido de pertenencia e identificación con lo ancestral, lo mítico, la tradición histórica, que le toca de sensible manera; por eso encontramos en sus cuadros seres provistos de una sencillez y mirada cálida, cargando tras de sí siglos de opresión pero a su vez una belleza única, ganada al brillo del sol de sus orígenes. Infinidad de seres se pasean por sus piezas, transfigurándose, rostros que hablan silentes, cobijados en lo ancestral de su cultura; sin abandonar el paso a una modernidad visual, Loaiza los ampara en su propia desolación.

Vieja Fumando 120x120cm. Acrílico-Canvas, 2022

Frida con Ave 100x80 cm. Acrílico –Canvas, 2022
Dentro de esta variedad de caracteres se perciben elementos que recuerdan a Chagall o más particularmente a los fauvistas. Por un lado, la alteración de los colores de los personajes, pero sin modificar la figura, sin descomponerla, todo lo contrario, se fija como objetivo mantener a como dé lugar la forma femenina lo más delineada y estilizada posible; que no quede atisbo de malformaciones; estas negras son multicromáticas y multiculturales. Mujeres de una estilización que raya la perfección. Por otro lado, las atmósferas que rodean a las féminas son de ensueño, las flores, los tocados, escenarios que rozan la fantasía y envuelven la figura en neblinosas insinuaciones. La figura de la mujer va formando parte de su universo espiritual, casi obsesivo, pero es una manera de retratar la sociedad, de tomar parte por los desposeídos, de recalcar sus orígenes, de mostrarnos de dónde venimos. Tomando como punto de partida el tema social lo apuntala desde la figuración, de su evolución como artista se desprende una búsqueda constante, un experimentar cotidiano: Yo siempre dejo una puerta abierta a lo que fui, pero lo que voy a crear está más dirigido a lo figurativo, una figuración social, comenta entusiasta.
La pintura es para Jhomar Loaiza el mejor lugar para permanecer, no es un artista que se refugia en su interior buscando en lo oscuro de su espíritu, Loaiza es amante de la luz, del color, de la brisa fresca de La Vela de Coro, del mar, en fin, es parte del Caribe.

Frida con Manto Rojo100x80 cm Acrílico-Canvas, 2022
* Licenciado en Educación, Mención Lengua Literatura y Latín; Universidad Nacional Experimental Francisco de Miranda (UNEFM), Docente dedicación exclusiva de la Universidad Nacional Experimental Rafael María Baralt (UNERMB), Cursante de la Maestría: Docencia para la Educación Superior (UNERMB), Poeta y Escritor, Obras Publicadas: “Piedras sobre la Cruz “, “Antología de la cueva”, “Harakiri a traición”, “Consejos para sumergirse en el agua.