Perspectivas: Revista de Historia, Geografía, Arte y Cultura

Año 11, N° 21/Enero-Junio/2023, pp. 96-97

Universidad Nacional Experimental Rafael María Baralt

ISSN: 2343-6271 / ISSN-E: 2739-0004

 

Pedagogía para la construcción de la hegemonía popular

DOI: https://zenodo.org/record/8322454

 

    Autora: Marlyn del Carmen Fuenmayor

Editorial Académica Española-Año 2012- ISBN 978-3-8484-5886-8, Alemania

Comentarios: Antonio Maureira*

 

 

En este texto se desarrolla un interesante planteamiento acerca de la importancia de la educación como medio para alcanzar el logro de objetivos de transformación social. El constructo teórico sobre la hegemonía nos lleva siempre hacia escenarios de dominación de una clase sobre otra, en tanto nos ubicamos en el poder hegemónico de la clase social económicamente dominante en sociedades clasistas, como la sociedad burguesa capitalista, por ejemplo. Sin embargo, este texto nos conduce al reconocimiento de una hegemonía construida por otros autores sociales: sectores populares.

En esta dirección, la hegemonía puede también ser ejercida por grupos que no persigan intereses y objetivos individualistas, mercantilistas, lucrativos, depredadores, que la lógica capitalista impone, generando la explotación de una clase sobre otra. Para ello, juega un papel trascendental el establecimiento de modelos educativos populares que conduzcan a transformaciones culturales, a través de un proceso colectivo multiplicidad de autores: educadores, educandos, miembros de las comunidades y miembros de organismos e instituciones.

La educación bancaria, reproductora de la ideología de la clase dominante burguesa debe ser dejada atrás para dar paso a una educación que logre la generación de personas con un pensamiento crítico, reflexivo, transformador, con valores diferentes a los impuestos y establecido por la hegemonía burguesa. Para ello se hace relevante el establecimiento de un modelo dialógico de enseñanza-aprendizaje, donde se reconoce el saber popular, donde se construyan colectivamente nuevos modelos ideológicos y culturales, erradicando de esta manera lo que el surgimiento de la división de la sociedad en clases propietarias y no propietarias, donde las primeras enajenan, despojan, humillan, agreden y violentan todos los derechos que como seres humanos tenemos per se, y que trajo consigo la separación del hombre y mujer sin propiedad de medios de producción de la construcción y adquisición de conocimiento.

Así, la enajenación que nuestro pueblo posee en este modelo educativo bancario y elitesco, donde sólo la clase que detenta el poder y los medios de producción tienen el privilegio de acceder a la construcción de conocimiento y aprendizaje, conlleva a la reproducción de una ideología que no se corresponde con los intereses y necesidades de los sectores desposeídos, sino que por el contrario, responde a los intereses de la clase dominante, generando en el sistema educativo una función reproductora e ideologizadora a su favor.

Es con ese paradigma epistemológico con el que hemos ingresado al siglo XXI. Un paradigma hegemonizado por la razón económica, comercial y tecnológica, el cual se combina con el paradigma político, cultural y ético que marca a la educación, que la hace esclava de la clase dominante hegemónica de orden burgués. Por tanto, se hace imperativo la transformación de dicho paradigma educativo, romper con el determinismo capitalista neoliberal que tiene la educación con una visión reduccionista que limita las posibilidades de rompimiento con la globalización, y la consolidación de un proceso de conocimiento fundamentado en los saberes que emergen de las experiencias de distintas y variadas fuentes, principalmente de carácter popular, que posean en sí mismas un rol transformador, mediante el establecimiento de un nuevo sistema de valores hegemónico basado en la cooperación, solidaridad, ética, corresponsabilidad, participación y compromiso en la resolución de problemas colectivos.

Ese sistema conducirá hacia un empoderamiento popular que genere una nueva hegemonía social y política, donde en palabras de la autora del texto in comento, “la categoría “dominio” no tiene cabida, donde se establezca una relación de igualdad entre todas las personas inmersas en una sociedad dada, donde lo que exista es una construcción colectiva del comportamiento político, económico, cultural y social de la sociedad, donde exista una unidad cultural, ética, intelectual y política expresada en el quehacer diario, en nuestra praxis revolucionaria y transformadora hacia un mundo mejor donde todos y todas vivamos en armonía construyendo nuestra felicidad” (Fuenmayor, 2012: 32). En conclusión, debemos abocarnos a la construcción de una hegemonía popular que genere transformaciones político-ideológicas que conduzcan al desarrollo de una sociedad más justa e igualitaria.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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*Abogado de la Universidad Bolivariana de Venezuela, Especialista en Gestión Judicial de la Universidad Bolivariana de Venezuela, Maestrante en Derechos Humanos de la Universidad Bolivariana de Venezuela, Profesor de la Universidad Bolivariana de Venezuela y Misión Sucre: anmaca6@gmail.com

 

 

Perspectivas: Revista de Historia, Geografía, Arte y Cultura

Año 11, N° 21/Enero-Junio/2023, pp. 96-97

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