Perspectivas

Revista de Historia, Geografía, Arte y Cultura

ISSN: 2343-6271 / ISSN-E: 2739-0004

Licencia Creative Commons (BY-NC-SA)

Universidad Nacional Experimental Rafael María Baralt-Venezuela

Fundación Centro de Estudios Latinoamericanos en

Transformaciones Políticas y Sociales (CELAT)-Venezuela

 

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Vol. 12, No. 23, enero-junio 2024, 146-167

Recibido: 2023/11/15 | Aceptado: 2023/12/15

 

Edgar Queipo, del infinito canto de este sol a la mudanza del encanto

Edgar Queipo, from the infinite song of this sun to the change of charm

 

Reseñador: Fernández, Alexis*

Correo: alexisfernandezq@gmail.com

 

Universidad del Zulia- Maracaibo- Venezuela

 

 DOI: https://doi.org/10.5281/zenodo.10581716 

 

 

Resumen

 

Uno de nuestros artistas que ha logrado hilvanar el tejido simbólico y cultural de nuestra memoria e identidad colectivas ha sido Edgar Queipo, al replantearse la reconstrucción arquetípica de hechos, personajes, narrativas para convertirse en el cronista visual de nuestra ciudad-puerto. La gesta de independentista y sus correlatos; Manuel Trujillo Durán, el arquitecto belga Hoet, Miguel Ángel Jusayú; la Plaza Baralt como epicentro de la polis decimonónica y de las primeras décadas del siglo XX, constituyen las temáticas que con intensidad y frescura desde su propia voz interior van armando el tablero de nuestros sueños y anhelos más profundos y raigales. Un vasto y exuberante fresco conjuga este particular artista donde se redefinen los neos identitarios de nuestra personalidad colectiva.

 

Palabras Clave: Edgar Queipo, cronista visual, memoria, identidad colectiva.

 

 

Abstract

 

One of our artists who has managed to weave the symbolic and cultural fabric of our collective memory and identity has been Edgar Queipo, by rethinking the archetypal reconstruction of events, characters, narratives to become the visual chronicler of our city-port. The independence feat and its correlates; Manuel Trujillo Durán, the Belgian architect Hoet, Miguel Ángel Jusayú; Plaza Baralt as the epicenter of the nineteenth century polis and the first decades of the twentieth century, constitute the themes that with intensity and freshness from their own inner voice build the board of our deepest and most rooted dreams and desires. A vast and exuberant fresco combines this particular artist where the neo-identities of our collective personality are redefined.
 
Key words: Edgar Queipo, visual chronicler, memory, collective identity

 

Introducción

 

En los últimos años de la década de los 80, César David Rincón me entregó un manojo de papeles contentivos de su inquietante e incesante quehacer con la palabra: La luna de las demoliciones es su título y me solicitó su presentación. Le pedí una copia, no aquellas páginas que lucían impecablemente originales. Con un cálido abrazo me dijo: ---¡Están en buenas manos! ---¡Un honor, César!, fue mi respuesta ante el poeta que ya acrecentaba su precaria salud.

Aquellos poemas deslumbrantes procuraban no sólo la reinante claridad de la ciudad-puerto  sino que anunciaban también su lastimadura, su partida, su alejamiento hacia otras ignotas regiones…La luna de las demoliciones no implicaba sólo el desgarramiento interior, vislumbraba a su vez el prodigio de aquella canción de infancia que nunca terminamos de recordar, que ya jamás terminamos de olvidar…en esa presentación incluí la contrapartida de aquel demandante título: la luna de las demoliciones  o el infinito canto de este sol.

La rosa de los vientos, acercó la segunda condición de aquel título a la nombradía que hiciera el equipo presidido por la Profesora Mirna Quintero de Velásquez, para la exposición inaugural del Museo de Arte Contemporáneo del Zulia (MACZUL) editándose para la ocasión un especial catálogo convertido en un extraordinario volumen: El infinito canto de este sol (2) y que hoy retomo para ese viaje de nuestro artista Edgar Queipo a las regiones serranas de agua, tempestad, niebla y verdor donde sus artistas y poetas se dieron a la noble tarea de recuperar la antigua leyenda de la mudanza del encanto.

Desarrollo

Los años iniciales

Los inicios de Edgar Queipo estuvieron oficiados por las enseñanzas en la Escuela de Arte Nepalí Rincón (1968-1971) y el encuentro con aquellos condiscípulos como fueron Ángel Peña, Eduardo Rosales, Ender Cepeda, Darwin Araujo, Carmelo Niño, Henry Bermúdez, Pedro Piña entre otros, Ya se habían marchado Hernán Alvarado, Edison Parra y Juan Mendoza, a sus recorridos por Europa, Nueva York y México, respectivamente. Cuando regresaba Edison Parra con su caudal de novedosas prácticas en el campo del arte, hacía las delicias del grupo que escuchaba ávido sus aprendizajes y nuevas experiencias. La presencia del poeta Tomás Carrasquilla, del pintor Ángel Meneses contribuían a caldear los ánimos y a exorcizar los foráneos como propios demonios.

Ocurrían los años finales de la década de los 60…Un aventajado profesor, Hildebrando Rossi, les permite trabajar en los Talleres de Dibujo y Pintura, ubicados en la planta baja del Instituto. El dibujo es la panacea de aquella ebullición juvenil encendida por el arte y la cultura. El dibujo, la caricatura y luego el grabado imantaran con dedicación su gracia, desenvoltura y aquellos primeros signos e impresiones de la tierra. 

Y el maestro Julio Balza, un sereno maestro que practica la escultora, les aproximará al mundo de la música, música clásica: Beethoven, con su Quinta Sinfonía, Bach, con sus conciertos de Brandeburgo o las Cantatas Sacras, Vivaldi con el esplendor de sus Cuatro Estaciones, Richard Wagner, inolvidable con las Valkirias y El anillo de Nibelungo, la inestimable Ópera, El ocaso de los dioses. “Nosotros que veníamos de la música de las rockollas, donde Carmen Delia Depini y María Luisa Landin se disputaban el primer lugar en despechos con Toña La Negra y Olga Guillot…incluyendo por supuesto los corridos y rancheras mexicanas, aquella música nos enriqueció, nos exorbitó los sentidos, sin dejar de escuchar por supuesto aquellos aires melosos, caribeños, corta venas que nos cautivaban y nos retrotraían al fantasioso mundo de la noche…”   

En ese inventario de encuentros y más de un desencuentro, incluimos el siguiente párrafo, tomado de Turbio Fontanero Alexis Fernández en Turbio Fontanero Fernández (2009), que a la par pretendía hacer memoria de aquel mar de fondo donde se desenvolvían las inquietudes del convulsionado tablero:

Ese mar incierto (mar, lago, río) que arriba cada tarde reiteró la obsesionante idea: hacer una película donde lo insólito asumiera los riesgos del encuentro con la ciudad. Esa ciudad que tantas veces escapaba y cuantas veces regresaba habitándonos en su furor, la calle, el bar, la plaza, cercana al muelle.

Contra los vientos alisios las emisoras, los periódicos y las paredes anuncian sucesos que conmueven al mundo.

La muerte de Kennedy crispa de nervios a la señora Lowry en la lavandería de La Lago. La muerte de Martín Luther King, incendia almacenes en Memphis.

Allí está el hongo de Hiroshima captando un momento presagiosamente fatal.

Allí están los revoltosos estudiantes franceses arrancando a gatas los adoquines del empedrado del Barrio Latino, para utilizarlos como proyectiles.

Allí están los peniches rompiéndose contra los fiordos en el mar noruego, congregando a la family universal.

Allí ruedan los tanques soviéticos en las calles checas.

Allí los periódicos reproducen el rostro sonriente de Yuri Gagarin, estrellado en un anticuado avión Mig 15, después de haberle dado la vuelta a la Tierra en una hora y cuarenta y ocho minutos, abordo de la cápsula espacial Vostko 1.

Allí andan los andrajosos muchachos de La Habana, las pitas de go home en Viet- Nam, las tachuelas de las guerrillas urbanas, las largas cabelleras, las comunas y el movimiento hippie, el concierto de Evtuchenco y las canciones de Bob Dylan, el furor de los muchachos de Liverpool y los Rolling Stones, el Zen, la Beat Generation, los Happening, las marchas antibélicas y el terror de la Bomba H, las cosas de Jan Palach.

En la multitud estás haciendo ahora los murales por encargo para los bares del centro. La escenografía para el teatrino "Gárgola" y las presentaciones en los barrios del sur de la ciudad.

Justamente aparece Justine (así has llamado a las dos largas trenzas que ves hacer de Geisha en la obra de Julito Jiménez) y Justine

retadora de la tarde 

"caminante dolida" 

cerilla mustia al borde del pozo 

entreteje un sueño en la ventana de la pensión de la calle Ciencias y Justine inaugura contigo los parques llenos de espejos de la ciudad”

Ninguno fue indiferente ante aquel mundo que convulsionado era escrutado, vivido, cuestionado por aquel grupo de jóvenes que expresaban con rebeldía, entusiasmo, su pasión por el arte y las letras, la cultura. 

En el caso de Edgar Queipo, los cromos de enciclopedias ilustradas por la épica medieval y renacentista cobran un inusitado interés en la captación de un imaginario que el joven Edgar Queipo asimilará como propio baluarte para sus incipientes creaciones. Se incorpora al Taller

de Grabado de la misma institución (1981-1983).

En esa época surge la Serie “Esperando a Godot”, iniciándose una creación. que irrumpe en un imaginario que hoy sigue deslumbrando y exorcizando sus dioses y demonios, sus personajes remedaban un período histórico que susurraban con sigilo su grandeza y miseria humanas…Goya, Picasso, Pieter Brueghel El Viejo, son celebrados por este artista que descubre en sus obras las pautas otorgadas por su estudio, observación y conocimiento para acercarse sin medrar a sus sombras. Queipo redescubre sus inmensas posibilidades desde su interioridad, dejando que sus personajes asuman sus respectivos roles cotidianos. Se expresan desde su interioridad, y ese es un punto a su favor en su quehacer artístico. Hizo suya su estirpe de personajes de frontera en el sobresalto del pálpito y la zancadilla, orilleros con un pie aquí y otro más allá donde se deshacen los límites y la vida está sorteada en un juego de naipes…Hay cartas marcadas y el viandante de la región del viento lo sabe, tierra desértica de fronteras sin fronteras donde se conjugan las alianzas clánicas wayuu con los códigos de los alijunas en una relación no exenta de conciertos y desconciertos…

Un hervidero de ideas contrastadas con el resto del grupo de artistas conformará tierra abonada para la diatriba cultural, política, social, histórica que progresivamente enriquecerá aquel grupo que más tarde se daría en llamar de parte de críticos de arte y oficiosos de estilo, en la escuela de Maracaibo.

“En las mañanas el trabajo en plumilla con tinta china sobre papel para un oficio de sobrevivencia: el encargo de personajes del comic holivudense (un BatiBatman, una Mujer Maravilla, un Superman con su Lina Lane para las promociones en supermercados y tiendas por departamento)  y las particulares obras que iban definiendo el imaginario distintivo de cada uno de los participantes y en las tardes para refrescarse en un establecimiento cercano a la Escuela de Arte, magnificó aquella vida que cada uno se esmeraba por ser el protagonista de la película que cada quien proyectaba en su interior…En El Friuli con 5 bolívares podíamos tomar cerveza, escuchar buena música, resolver una buena papa, recibir los platillos de exquisita marisquería que se esmeraban en servir después de cada ronda y aún nos quedaba un real para regresar a la casa en un carrito por puesto…”

“…Luego el ingreso a la Universidad del Zulia (1970-1986) en el Departamento de Dibujo y Diseño de la Dirección de Cultura de la Universidad del Zulia, dirigida para ese momento por el poeta César David Rincón y bajo la Rectoría del Doctor Delgado Ocando. El pintor Hugo Sánchez recomienda a Peña ante el traslado del actor Homero Montes a otra Dependencia e inmediatamente Peña es contratado y se requiere de un ayudante.

Ángel Peña, solicita mi incorporación al cargo e iniciamos nuestro trabajo en la otrora Ilustre Universidad… aquella Universidad donde trabajamos con ahínco y tesón mientras madurábamos nuestra obra particular…”  

Revistas, manifiestos, dípticos y trípticos de diferentes exposiciones, encartados, folletos, libros, títulos llevan la impronta de su diseño y respeto y amor por el texto impreso…La presencia del escritor César Chirinos contribuyó a canalizar buena parte de aquel mundo de la comunicación que a través del diseño gráfico, las artes plásticas, la literatura  y la bohemia se abría espléndidamente ante las expectativas de aquellos jóvenes que hicieron suya la irreverencia, la condición marginal y el fervor por el arte y la cultura en sus más diversas manifestaciones. El dibujo, la caricatura, el grabado, el cuento, la novela fueron las expresiones de su manera de ubicarse en aquel mundo que armaban y desarmaban a placer.

En sus paredes (instalaciones del antiguo rectorado) se ostenta un mural (1980) realizado por Edgar Queipo, Ender Cepeda, Darwin Araujo (+), Luis Cuevas, Pablo Duran (+) con poemas del poeta Jorge Montero, recientemente fallecido. En algunos liceos de la ciudad se encuentran instalados murales de estos creadores que pulsan el reto de convertir la ciudad más amable con sus personajes recuperados de los cromos de historia patria y poetas del ámbito regional.

Fue la época de creación del grupo Guillo* (1973-76), le sucede El Taller de Telémaco (1977-78) y luego la adscripción al Movimiento por los Poderes Creadores del Pueblo Aquiles Nazoa (1978)

* "Guillo, Grupo. Grupo artístico literario fundado en 1973. Integrado inicialmente por César Chirinos, Ángel Peña, Edgar Queipo, Oscar González Bogen. Según José Antonio Castro, poeta y crítico, “Fueron la antítesis de lo que se consideraba un intelectual. Pero desde un comienzo estaban claros de su objetivo artístico, así como también en su objetivo social. Predicaron la independencia del artista, predicaron la ruptura con una cultura mediatizante, colonizadora, que se expresaba en diversos órdenes de la vida zuliana, venezolana. En cierta forma, estos rebeldes fueron producto del Congreso Cultural de Cabimas, y llegaron a la claridad de su objetivo estético a través de la comprensión y la participación de los postulados políticos revolucionarios que se difundieron a partir de allí”. En Diccionario General del Zulia de Luis Guillermo Hernández y Jesús Ángel Parra. Ediciones del Banco Occidental de Descuento, Caracas, 1999. Al desaparecer Guillo se funda El Taller de Telémaco que ampliado le da vigencia a los postulados iniciales. De Telémaco, muchos de sus miembros se incorporan al Movimiento por los Poderes Creadores del Pueblo Aquiles Nazoa, donde se pretende reafirmar auténticos valores culturales".

 

Para Fernández A (2008-24) en Maleconeros a Puente Llaguno. Las miradas múltiples de Ender Cepeda.

Interesante observación que debería profundizarse en aras de la cabal comprensión de aquel movimiento que abrió cauce a nuevas expresiones y que aún hoy diseminados por el mundo y en la propia ciudad cada quien ha continuado cultivando con tesón y afianzamiento su particular expresión: Edgar Queipo (entre Mitón y Maracaibo), Ángel Peña en la ciudad, con interacciones en Caracas y Chile ; Ender Cepeda en Caracas; Henry Bermúdez en Filadelfia, Camilo Rojas y Virginia Lavado, en Nueva York, José Ramón Sánchez, Edgar Petit, Darwin Araujo ya fallecidos, sus obras y aportes al concierto cultural de las artes plásticas en el estado requiere de una exhaustiva investigación.  Igualmente, la escritura de César Chirinos aguarda una cabal investigación y una verdadera difusión. 

Desde un primer momento, los rasgos incipientes de Edgar Queipo, fueron advertidos por quienes marcaban en aquella época la pauta del quehacer cultural en la ciudad para Antillano y Figueroa (1977-223), refieren;

"Lo que sucede es que Edgar Queipo es un estilo nacido, no elaborado ni perseguido. Desde su inicio le viene a él la prudencia por los elementos a utilizar, así, la brevedad de la línea, el gesto repetido en las diversas figuras y el color tenue casi tonal encima del dibujo, ofrecen una persistencia y unidad poco usual en un creador joven. Es cierto que su obra puede traer a recuerdo la beatitud de los pasajes icónicos, pero a diferencia de esto, es la vivencia de un pintor que indiferente a determinados lineamientos ofrece el suyo, y, establece una posibilidad de creación en donde existe una inmensa carga poética."

 

Carga poética que se redimensionará con disciplina, tesón y arduo trabajo que este artista de la plástica irá construyendo para devolverle a la ciudad, al país, su historia soterrada y a ratos invisibilizada cuando no exprofesamente olvidada.

De esta manera el maestro Sergio Antillano (1983), escrutará con sabiduría y aquella calidez que lo caracterizó, las propuestas de Edgar Queipo:

 “Edgar Queipo pinta de memoria. Del recuerdo. De la infancia. Para estar más cerca del niño que fue, lo hace con tiza como sí todavía estuviera frente al pizarrón y le espiara la mirada dulce de su maestra...

Esos recursos que utiliza con parsimonia sirven a su ideal expresivo. No sabe sí es un naif y se ríe a sus anchas cuando se lo digo.

 

¿Ingenuo? ¡Ingenuo! Edgar Queipo Parra, el contrabandista de Los Filuos. ¡Ingenuo! ¡Quién lo iba a decir¡  Allí están sus cuadros. No deje de llevarse uno.

Son lecciones de amor”.

 

En sus obras este artista va decantado sus personajes que retrata del otro que es su mismo clan familiar, personajes que habitan su memoria y reclaman de su creador su participación en aquella historia que está ocurriendo en sus propios sueños y delirios. El dibujo sigue sustentando sus creaciones tanto en sus personajes como en el escenario que le es cónsono. Sus materiales (muchos de ellos creados y recreados) le van diseñando un universo mágico intensamente entremezclado con su inconfundible estirpe y linaje.

Cercano a esa experiencia vital donde arte y vida son elementos equivalentes al artista que los crea y en los cuales cree sin ambages, en esa ambivalencia amatoria que lo convierte en una intrínseca unidad: Fernández A (1983);

“Esos mismos personajes van exigiéndole a este creador la expansión de su especificidad existencial: ámbito rural (la ruralidad no es un antojo de Edgar Queipo); magma mágico - religioso (sus personajes poseen una presencia hilvanada por milagros, pálpitos y hechizos); mestizaje étnico (son hombres y mujeres de acá: orilleros de agua, caña y barro, sultanes de la trilla, retrecheros) que inequívocamente conforman su unidad creadora.”

 

Progresivamente se incrementará su universo creador, mediante las llamadas Series que se suceden una tras otra de manera espontánea que no gratuita ni producto de un aprendido virtuosismo. El pálpito de su creación se acentuará cada vez más en un riguroso ciclo de puestas en escenas donde Edgar Queipo renace con un cálido caleidoscopio de sus obsesiones y pasiones:

Esperando a Godot (1973), Amantes y crímenes pasionales (1979), Los traficantes (1980), Los amantes (1981), Desde los vientos alisios ( 1983),  Festín de gallos en Días de Gracia (1986),  De lo real y los sueños (1987),  El sortilegio de los cetrinos (1989), La poética redondez de la imagen  (1994), Juegos de Sueños (1997),  Meninas (2009), De lo divino y algunas imágenes terrenales (2001),  Mixturas del puerto (2009), Carta iconográfica a Hoet (2012), Entre mangle, puerto y memoria  (2014),  Pertinencias de Puerto y Ciudad (2019), hasta llegar al día de hoy donde este artista poseso de su arte y con una clara conciencia de su propuesta en la recuperación de la esa memoria que se estremece en sus obras, zarpa con sus aperos y bártulos hacia el encuentro presentido y a ratos inesperado de aquella antigua leyenda de La mudanza del encanto.

A esta altura del juego, en el noveno inning, como referiría el estimado Cheo González, es el mismo Edgar Queipo quien lanza en ristre, escribe desde su propia investidura:

 

“Mirar con la memoria”

Mirar con la memoria invita a la aventura de soñar y vivir en el pasado, hurgar en la historia, esto a propósito de la obra, María Antonieta en la plaza Baralt. En la búsqueda de un escenario para que los personajes habiten, convivan, respiren y se encuentren en una especie de sincretismo, voy hacia esa parte soñada y mil veces nombrada desde la nostalgia como la Acrópolis que es nuestra plaza Baralt.

En la memoria atávica, imantada y engarzada al recuerdo de una plaza Baralt con su malecón y puerto, viva, pujante, bulliciosa donde van al encuentro los diferentes sectores sociales en el tránsito de sus necesidades domésticas y siempre una familia, amigo o navegante traía información o novedades del mundo.

Desde una blanca Piragua que el viento lacustre mueve en el puerto, miro el escenario donde van a desarrollarse mis personajes y nada más acierto que la plaza Baralt, en la tangible realidad arquitectónica que a mi entender se realizó con un gran sentido de pertenencia, arraigo por la tierra y el puerto.

La pintura en su perspectiva exagerada, panorámica con profundidad va creando espacios, cuadros que son ventanas construyendo recuadros, columnas y un gran salón dentro del mismo ambiente, desglosando formas atreves de ángulos, rectángulos con el aprovechamiento de la luz Marabina nuestra de cada día. María Antonieta viene dada como personaje sensual y mítico del barroco de esas tantas revoluciones francesas, víctima o victimario no me toca juzgar. En cuanto a que exista en este espacio creado para ella con su vestido azul voluptuoso, con polvo y armador, lazos, plumaje, flores y perfumes, ella detenta su primera mirada con una cortina roja prestada a Diego Velázquez y a quien también le traje a la Infanta Margarita a que nos acompañe en este espacio inexorable.

Con el Atlante que cuida la composición con fuerza y peso (en Mármol de Carrara, el peso es de 2 mil 500 kilos, ubicados en la antigua Botica Nueva, único en el país). Refuerza la mirada la imagen de la escultura a mano derecha de esta obra que si a ver vamos de lo que tenemos en el inventario se asoma a la ventana donde posa una muchacha rozagante con la tipología de mujer mestiza y cetrina de brazos, y torso de formas redondeadas que viene siendo pintada en múltiples formas.

La ventana recuadro centrado de la obra nos invita a dar un paseo por la plaza, en la esquina derecha una familia posa para una fotografía, un niño juega con una paloma, detrás una edificación antigua ya desaparecida y que dio paso a la av. Libertador.

En esta perspectiva voy conformando una calle con la memoria arquitectónica y aparece en el mero centro el convento de San Francisco con su campanario multiplicado, en el fondo la calle Ciencia, la torre del Hotel Hispanoamérica, hoy también desaparecido y en frente la casa JJ. Villasmil.

Ya en la calle la luz y color va un automóvil negro de los años 40 cruzando la esquina de Mac Gregor.

El sol espléndido del Caribe se cuela en las callejuelas, un rayo de sol divide el piso de la plaza y proyecta la sombra alada que camina de un parroquiano, edificios y carro son sombras nada más.

Para Queipo (Inédito) “El hombre a la medida del mundo y sus elementos viene dado por la ciencia, el arte nuestra comunicación e igual que la ciencia, tiene el deber y la ambición de explicar su mundo.”

 

Cuando la madurez sigue siendo retadora

En torno a Memorias de orilla y mene Fernández A (2013), “Cada una de estas temáticas requeriría de un estudio revelador de sus interioridades, así como cada una de éstas, proponen una simbolización de la ciudad y su lago, la ciudad y su puerto, la ciudad y sus personajes. Los héroes patrios, Bolívar y Urdaneta, el ícono irreductible, el Ché Guevara, los poetas Udón Pérez y Baralt, el arquitecto belga Hoet y el teatro Baralt de 1932, las leyendas Zapata y Pancho Villa y sus cuates, las vírgenes que sustentan fe y creencias, la virgen de la Chiquinquirá y La Milagrosa, la iconografía que mueve oraciones para Ajé Benito Ajé y para "el venerable" José Gregorio Hernández, la lúdica como entrañable serie de Gallos, las Parejas en trance en un paisaje de duna y sol, son mosaicos de un gran tablero que este artista ha recreado para saldar las deudas con los reclamos de la memoria.

Una representación para que el espectador, como en un dédalo vaya colocando las piezas de su propia historia familiar, hasta encontrar el rasgo que devuelva la huella fragmentada, el encuentro presentido con el trasiego de su sombra, la unidad alentadora en la dispersión. Una gran cantata, en la diversidad del boceto y en la concreción estética de sus obras, se despliega intensamente ante nuestra cautivada mirada. Una mirada evocadora de nuestra casa por dentro, con su calor y color, con su tertulia y sosiego, con su guerra y amor.

Un rasgo subyace en este creador de ficciones y realidades, la recuperación de nuestros rasgos identitarios que definen nuestra especificidad como pueblo, nuestra identidad como nación. La ciudad como un magna envolvente va revelando sus secretos a este agrimensor de lo cotidiano marabino. Como bien acota el maestro Juan Calzadilla, "un paisajista veneciano que ha vuelto a su lago", en su ensayo Anotaciones sobre una épica del paisaje urbano en la obra de Edgar Queipo”.

 Madurez retadora en cuanto a manejar con propiedad lo que la observación, la constancia, la disciplina, la inequívoca pasión y amor por el arte y la cultura le hacen a este creador recrear ese mundo que no se desvanece ante la frugalidad y vanidad de la desmemoria y el olvido, que imponen los “tiempos modernos”: “Ese tesón y ardor van por dentro, no se amilanan con los años. Al contrario, se acrecienta el querer conocer más de lo que hemos recorrido. ¡Volver sobre nuestros propios pasos siempre es bueno! Que no cumpla su labor, la desmemoria y el olvido. Esa raigambre siempre hecha sus raíces, a esas fuentes hay que volver. Es como el agua, el viento, la lluvia, la tierra donde están sembradas nuestras raíces…son permanentes. Yaguasirú en la Alta Guajira, con Ramón Paz Ipuana, caminado los linderos una noche de luna llena, con Jusayú en Winpumuin, buscando el resplandor,  con Leoncio Pocaterra, Juan Puchaina, al encuentro de sus narraciones en Alitasia, Juyá siempre presente…quizás cerca del mismo relámpago…!Quizás cerca de la lluvia! ” me reitera con una tenacidad a toda prueba, afianzada en una ternura y humildad en su talante de creador, en su memoria como hacedor del fuego por vez primera y, en el convencimiento de que es ya su obra la que mantiene un diálogo permanente consigo mismo y con quienes se acercan a beber de sus fuentes.  

(Conversaciones bajo la fronda de Mitón, 2023) 
Desde sus inicios su hogar se consolidó como el lugar de encuentros para las reuniones de carácter político, organización de eventos culturales, actos festivos, así como taller de trabajo…

Con los venideros años la casa en San Jacinto en compañía de la Nena, Ofelia Calmón, la numerosa prole que ya se multiplica en nietos y bisnietos se ha convertido en casa de la memoria. Casa taller, casa biblioteca, casa para la fiesta y el buen compartir mientras tanto Queipo ha hecho de sus lienzos la crónica visual que repone la memoria colectiva a los habitantes de la ciudad devastada.

Con interacciones en Mitón, municipio Candelaria, Parroquia Cegarra, ese pueblo de montaña enclavado entre Torococo y Chejendé, con una altura de 1244 msnm, al noreste del estado Trujillo, la familia Queipo Calmón ha construido su morada alternativa ante el tráfago y calor de la ciudad-puerto hasta instalarse definitivamente en sus predios, asistidos por la brisa serrana que estremece el follaje de los carrizos y bucares, el canto de las guacharacas y guacamayas y el sempiterno canto de gallos que hace eco redoblado en la niebla de sus montañas.

Barco de piedra, nombra Edgar Queipo su espaciosa como grata morada haciendo alusión a aquella embarcación donde el poeta Andrés Eloy Blanco permaneciera en forzada reclusión.

 

Los materiales nobles para que reverdezca la vida

La versatilidad de Edgar Queipo le ha llevado a conjugar disímiles materiales como diferentes técnicas. Alguna vez señalé esa diversidad de elementos aplicados con variadas técnicas: “Grandes óleos sobre telas, acrílicos, tiza pastel sobre fique, así como para el dibujo el empleo de tinta china sobre pastel, carboncillo, lápiz sanguina, creyón, pastel, lápiz china Marker, utilizado para tratar la cerámica, el vidrio.” que le permiten construir esos cálidos espacios donde el reto es ubicar en el corazón de la ciudad a sus personajes, el lugar de encuentro de sus pobladores, el encuentro familiar, el bullicio y la algarabía de compra-venta, el remate, el solaz, el esparcimiento:  “Muchachas en el malecón” (1992), Menina en la esquina de Mc Gregor (2009), Personajes en la plaza Baralt (2009),    Familia en la plaza (2019), Frida Kahlo  y sus mascotas en la plaza Baralt (2022), María Antonieta en la plaza Baralt (2022). Obras donde sus personajes asumen su placidez y holgura, su diálogo con la nostalgia y la memoria…

“---Poner esos nobles materiales al servicio de la obra, que ellos cumplan su objetivo de crear arte, de contribuir con la belleza, dominarlos con amor para la creación de la belleza…aún en la mujer veo el origen de todo, su naturaleza, su calor, su majestad…” me confiesa con una humildad que desborda los límites del ser, del ser humano que ha comprendido el valor de aquella naturaleza que exalta y vive a plenitud… (Conversaciones bajo la fronda de Mitón, 2023).

 Es Mitón, ese predio entre el follaje y la algarabía de las aves, el murmullo del mar en la fronda de los bucares, el gesto noble y cálido de sus pobladores (los cuidados y previsiones de la Nena, Ofelia Calmón, el acompañamiento del joven Andrés Montilla y su familia, las conversaciones sabias y memoriosas de Felipe Cañizales, las enseñanzas de la maestra Dolores Rodríguez, la calidez de Ruperto Hurtado, los niños a quien este maestro del arte les ha impartido con una extraordinaria vocación para la enseñanza, clases de Historia del Arte, clases de Dibujo y Pintura, en aquel pueblo que celebra su presencia como uno más del gentilicio mitoense, la memoria hilvanada de los cuentos y leyendas de sus campesinos, sus conocimientos del ramaje y la hierba, de las semillas y brotes de la variada enredadera, la corteza prodigiosa de su nutrida arboleda, los ciclos del cultivo del café y el cacao, la cocción de sus infusiones cuando aroman la casa, la bondad del maíz y las arepas en fogón de leña, la mesa-taller-escritorio-escultura de caoba (una exquisita obra de arte del carpintero Armando Barrios), es hoy el hábitat de este creador que ha aprendido a leer en las cabañuelas los anunciaciones del tiempo, las pintas en los 12 primeros días de enero, así como se portarían las lluvias en los 12 meses del año y en las repintas, el misterio por venir.

Del infinito canto de este sol a la mudanza del encanto

Inicialmente fue el maestro Salvador Valero (1903-1976) quien en el año 1957, llevara a uno de sus lienzos la antigua leyenda de la mutación del encantamiento -el agua represada en las quebradas y que en períodos de lluvia, baja con todo su tropel de relámpagos y centellas y arrastra aquellos caseríos construidos en sus orillas, llevando el tesoro con sus morocotas de oro, con su música de orquestas y jolgorios, con sus voces soterradas, sus sonidos de piedras hasta calmarse las furias desatadas en el río… en aquella memorable obra que llamó La mudanza del encanto.

Luego la llama del misterio la condujo la pluma del maese Carlos Contramaestre (1933-1996) al editar el memorable reconto en el libro, La mudanza del encanto, donde incluye aquella singular semblanza que el mismo Salvador Valero le narrara siguiendo el imaginario de los habitantes de la niebla y el acantilado escuqueño:

 

sucede que cuando algunos campesinos solían tener sus viviendas cerca de un rio o quebrada y cuando por efecto de la lluvia,  éstas crecían sí la creciente la había por la noche, ellos los habitantes que dormían en sus casas, les parecía oir o percibir en los sonidos que producía la misma  cosa que no era otra que el ruido del agua y de esos múltiples sonidos parecía que oían voces, cantos, gritos de personas, música de toda clase de instrumentos, sonidos de campanas, rebuznos de burros, cantos de gallo, bramidos de ganado vacuno, en fin infinidad de sonidos que ellos los campesinos atribuían a seres vivientes,  misteriosos, habitantes que vivían debajo de la tierra, o en los peñascos de las serranías.

 En los campos de mi pueblo de Escuque había esta creencia y muchas más, así como las había en los demás lugares de los Andes venezolanos, de modo que cuando bajaba una creciente por lo regular si era de noche decían que había bajado un encanto, o que se había mudado un encanto, había veces que en medio de la creciente solían oir unos tumbos muy broncos, a eso lo creían que eran los golpes que daban los enormes arcones (baúles) donde iba encerrado el tesoro del encanto, baúles llenos de morocotas de puro oro, de adornos de puro oro, diamantes y demás riquezas: esos campesinos en su imaginación criaron el rey del encanto, este rey no era un rey oriental como los de las mil y una noche, ellos se criaron un personaje tipo criollo o un rey tipo  cacique o caudillete andino, es decir de aspecto sañudo, grave, que en vez de corona llevaba en su cabeza un sombrero de cogollo o pelo de guama, éste iría calzando sus criollas polainas sentado sobre los arcones (baúles) llevando en sus manos las llaves de puro oro,  éste iba guardiado por enormes serpientes que eran las que el rey tenía para cuidar sus tesoros, no faltando el arco iris con cabeza de caballo; el rey del encanto lo concebían no con manto real sino con la típica chamarra.

Sucedía que había veces que la creciente, después de bajar precipitadamente por las pendientes adonde hacía estragos, al llegar a una parte llana dejaba casi todo, lo que había arrastrado, entonces las aguas seguían su curso haciendo menos estragos, pues eso no era otra cosa que las aguas al llegar a parte llana perdían fuerza, y sobre todo ellos los campesinos decían o solían decir que hasta allí había llegado el encanto o que hasta allí, se había mudado, en cambio sí la creciente seguía con toda furia, decían que el encanto se había mudado al mar, los sonidos de que ellos decían que eran los baúles del tesoro donde iba sentado el rey, eso no era más que los golpes que daban las grandes piedras, pedazos de roca u otras cosas.”pg.(355-356)

 

A la par el poeta Ramón Palomares en ocasión de celebrase en la Sesión Solemne del Consejo Municipal de Valera, en Homenaje a Salvador Valero el 22 de mayo de 1986, pronunció estas palabras tan vigentes como pertinentes:

“En el legado de Salvador Valero: en su ideología y su creación artística, entre sus tantos aspectos peculiares cabe destacar un sentido de arraigo, una búsqueda y un amor y un cuidado de todo aquello que constituye las raíces de su pueblo, las raíces de aquello a lo que pertenece. Lo más rico y representativo de sus cuadros se manifiestan en las figuraciones espectrales de las leyendas y creencias regionales, fantasmas de su aldea, consejas que cuentan entre los pobladores de sus lugares místicos. Este es mi mundo. Este es mi mensaje. Esta es mi Biblia. Estos son mis héroes, mis amores, mis miedos. En su ser profundo no teme Salvador -el que se confiesa tímido en tantas ocasiones- a que se le considere aldeano.  No teme a estar fuera de moda. Se siente seguro en su ámbito.  Es particularmente fiel a sí mismo. No hay aquí "ingenuidad" ni conducta alguna que no se corresponda con un diáfano sentido de universalidad en la realización de su ser de artista. En su contexto más amplio y significativo nos advierte que si llegáramos a perder esos valores locales y regionales en el afán de entregarnos a un universalismo sin fondo, si llegáramos a perder los lazos con nuestra propia naturaleza y trayectoria histórica quedaríamos irremisiblemente a la deriva,  quedaríamos sin corazón,  sin sentimiento; nos advierte que esta imaginería y este escenario son sino exclusivamente,  sí en definitivas cuentas, nuestras más profundas referencias; si las despreciáramos, si en fin, las perdiéramos,  no tendríamos jamás la fuerza ni el coraje ni el aliento para asumir las elevadas tareas que todo ser humano y toda sociedad deben realizar en la empresa de conferir la máxima nobleza y dignidad se su propia naturaleza.  Así que esas querencias aparentemente provincianas de Salvador -como pudiera parecerlo a una mirada snob- aparte de tener una profunda legitimidad como actitud individual, nos resultan ejemplares en el más alto grado, precisamente hoy en este difícil momento por el que atravesamos”.

 

Destaca la indudable validez de las palabras del poeta Ramón Palomares (1986) ante la decadencia y complejidad actual. Las identidades y memorias de nuestra conciencia colectiva ante el desconcierto y desvarío actuales adquieren una previsora relevancia.

Referencias insoslayables de aquel creador de vivencias y memorias, son los breves textos que acompañaron aquellas vigentes como actuales palabras, editadas conjuntamente con su intervención:

Con Escuque se fueron las consejas y las leyendas se fue el muerto de la piedra de la lengua en la imaginada mula fue montado en la imaginada mula se fue con el atrevido que se decidió llevarlo en mula se fueron los espantos de la Greda y Quevedo.

Retornará Escuque

como retornó Ulises

el de la leyenda Homérica?

Salvador Valero

 

El poeta Ramón Palomares (1983), cantará nuevamente aquella luminosa leyenda, cuando escribe el poemario Mérida, elogio de sus ríos:

"Salvador Valero, de Escuque,

pintó la imagen de un hombre sentado sobre sus tesoros,

las llaves de sus baúles apretadas en un puño,

-es un caudillo

es un jefe civil

de revólver oculto-

Está próximo a mudar un encanto

y su caballo de arcoíris

bebe las aguas de un río mágico."

 

Y es el maestro Juan Calzadilla (1993); quien en un memorioso como meritorio trabajo, y en cuyo título abreva pendiente una narrativa, Una crónica colgada en una pared, recupera aquella vieja leyenda, refiriendo la conquista y colonización española y la resistencia indígena ante el atropello, como inicio de aquella leyenda que luego asumen los campesinos de los Andes como propia:

"El argumento de esta obra magistral es una vieja leyenda según la cual el ruido sordo que se oye durante las crecientes de los ríos y quebradas, a causa del deslizamiento de las piedras de canto rodado dentro del cauce era producido por la mudanza del encanto. Los indígenas se imaginaban el encanto como el cofre de un tesoro que los españoles, acosados por la resistencia que aquellos ofrecían, habían arrojado a un pozo profundo. Con la creciente, el tesoro rueda aguas abajo, seguido por los duendes del prodigio, hasta reposar cuando el río vuelva a su curso normal". Pg-17.

 

Como pálpito adivinatorio, encantamiento de la palabra, sortilegio del hechizo, el poema que cierra el libro de César David Rincón (1938-1992), aquel en cuya presentación referí como La luna de las demoliciones o El infinito canto de este sol, lleva por título Entre ríos que se juntan, que sea, pues, su canto el que despeje la niebla donde crece el encanto:

Un misterio desnuda el silencio

Aguarda su propia claridad

Su nueva forma de luz

En el lugar de lo múltiple

se desplaza de improviso

La única sustancia

Donde el sol se quiebra

Hasta hacer correr pedazos de oscuridad

Entre ríos que se juntan

En cualquier parte

Sin que nadie los oiga

Para anunciar la nueva primavera

Como una flor tan sonora

Como si fuera una campana

Que sólo sirve al canto de los pájaros

En ese dulce olvido natural

De un jardín de nadie y hacia nadie

Alguien sueña de algún otro silencio

Lo que estaba en el límite se aleja.

 

Que sea el propio Edgar Queipo quien, con su bien macerada sabiduría, sus dotes de alquimista en la combinatoria de resinas, tinturas y pigmentos ante el ya curtido bastidor, quien como mago del muelle y crónica lacustre, hilvane y deshilvane las conjuras de las aguas serranas en procura del encanto mudado en sus correntías.


 

Colección de la Familia Dr. Franklin  Hoet Linares

 

 

             

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El ingeniero Belga León Hoet en la zona Petrolera

Técnica: óleo s/tela

Medidas: 1.20 x1.00 mts.

Año: 2023

 

 

 

Colección del Pintor Edgar Queipo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Doña Chepita la calavera, vende sus flores para celebrar el día de los muertos y yo le rindo homenaje a José Guadalupe Posada, el cuate   que   valorizo, visualizo, generalizo y popularizo la Catrina. Aquí los Cuates Pancho Villa y Emiliano Zapata acompañados por una montaña de revolucionarios.

Técnica: materiales diversos.
Medidas: 1.16x0.92 mts.

Año: 2012.


Colección PDVSA “La Estancia”

                                                                          

Cerro la Estrella   

Técnica:óleo s/tela

Medidas:0.50x1.98 mts

Año: 2012

 

 

 

Colección del Pintor Edgar Queipo

 

 El árbol de cacao

 Técnica: acrílico s/tela

 Medidas: 0.60x2.00mts

 Año: 2008

 


Colección del Pintor Edgar Queipo

Homenaje al poeta Severiano Rodríguez

Técnica: óleo s/tela

Medidas: 1.20x1.60mts

Año: 2002

 


Colección del Pintor Edgar Queipo

 

El muchacho del buchón.

Técnica: Pastel s/papel

Medidas: 0.66x1.02 mt.

Año: 1989


 

Referencias

 

Calzadilla, Juan (1993). Una crónica colgada en la pared. Revista Bigott, Caracas, Pág. 17.

Contramaestre, Carlos (1979). La mudanza del encanto. Coedición Academia Nacional de la Historia y Universidad de los Andes, Caracas. Pág.- 355-356.

Fernández, Alexis (2023). Conversaciones bajo la fronda de Mitón (Inédito)

Fernández, Alexis (2013). Memorias de orilla y mene, Catálogo.  

Fernández, Alexis (2009). Turbio Fontanero, Segunda edición Fundación Editorial el perro y la rana, Caracas.

Fernández, Alexis (2008). Maleconeros a Puente Llaguno. Las miradas múltiples de Ender Cepeda. Ediciones del Instituto de las Artes, de la Imagen y el Espacio (IARTES), Caracas, pág. 24

Fernández, Alexis (1998).  El infinito canto de este sol Arte y Cultura del Zulia 1780 -  Ediciones de la Fundación Museo de Arte Contemporáneo del Zulia.

Fernández, Alexis (1996).  La luna de las demoliciones o el infinito canto de este sol de César David Rincón. Ediciones de la Dirección de Cultura de LUZ.

Fernández, Alexis (1986). En Cruce de caminos, Catálogo.

Fernández, Alexis (1983). Sergio Antillano. En Desde los vientos alisios, Catálogo.

Fernández, Alexis (1977). Artistas del Zulia, Sergio Antillano y Hugo Figueroa Brett, Ediciones del Lago, Maracaibo. pág. 223

Palomares, Ramón (1986). Palabras en homenaje a Salvador Valera, editado en el Catálogo de la Bienal Nacional Salvador Valero de Arte Popular, Trujillo.

Palomares, Ramón (1983). Elogio de sus ríos. Coedición del Concejo Municipal del Distrito Libertador de Mérida y la Dirección de Cultura de la Universidad de los Andes.

Queipo, Edgar (2015). En Mirar con la memoria, Inédito

Rincón, César David (1993). La luna de las demoliciones Ediciones de la Dirección de Cultura de LUZ. Pág. 100

Salvador, Valero. (1986), Catálogo de la I Bienal Nacional Salvador Valero de Arte Popular Ob. Cit. 

 

 

*Magister en Antropología Social y Cultural, en la División de Estudios para Graduados de la Facultad Experimental de Ciencias, Egresado en Filosofía en la Universidad del Zulia, Profesor Titular de LUZ, Director de Cultura de la Universidad del Zulia (1992-1996), Director del Acervo Histórico del Estado Zulia (2018-2022), autor de diferentes obras y artículos científicos entre las más recientes/Batalla Naval del Lago, Editorial Kurunvinda. Versión digital (2023).