
Perspectivas. Revista de Historia, Geografía, Arte y Cultura. 2026/enero-junio, Vol. 14, Núm. 27, 121-135 - Venezuela
Tillería Aqueveque, Leopoldo Edgardo
Javier Iniesta: imágenes totémicas
El resto de las líneas y formaciones que componen los rostros del gran tótem, está ornamentado
con espirales, orlas, ondas y rayas, con predominio de los azules, rojos y verdes. Un último detalle
propiamente del estilo de la obra: la distancia (breve, pero distancia, al fin y al cabo) observada entre los
lindes de esta gran cabeza principal y los bordes del cuadro, es decir, el fondo visible del dibujo, se ve,
en esta ocasión, intervenida por el artista por una suerte de línea ondulada continua que tiende a
confundirse (especialmente en la parte baja, donde se aprecian varios “renglones”) con algún tipo de
escritura o mensaje. No estoy en condiciones de desechar esta hipótesis, aunque si fuese de veras un
mensaje, es el propio Iniesta quien tendría la última palabra. De cualquier modo, un código en el borde
de la obra, cifrado o no, sólo le agregaría –como un mensaje en una botella- más interés a la
representación de Buwattor.
Pues bien, ¿cuál es la propedéutica de este dibujo tan decorado y al mismo tiempo tan encriptado?
¿Nos conduce a ratificar nuestra tesis o alguna parte de ella? Conviene, pues, reiterarla: “La estética que
sirve de fundamento a la obra visual de Javier Iniesta se expresa en un estilo artístico que podemos llamar
místico-metafísico”.
La respuesta a estas preguntas (las decisivas con relación a esta segunda obra) podría ser un calco
de lo explicado en el análisis de Ibaritisianaaa. En efecto, más allá de facilitar nuestra observación
puramente composicional, la conjetura de la “gran cabeza de tótem” nos da indicios del compromiso de
un misticismo y de una metafísica tan trascendente
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como en el dibujo anterior. Claro, porque desde la
perspectiva de lo místico, una de las primeras posibilidades que se configuran en torno a la creación de
un tótem es precisamente la de la representación de un sistema de creencias religiosas (Ruiz, 2020). De
hecho, el misticismo que parece encandilarnos con esta enorme imagen primitiva, a lo que de verdad nos
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Nos parece el momento preciso de incluir las fecundas observaciones de Lévy-Strauss (1997) sobre el desarrollo del arte
precolombino que pudo observar en algunas zonas del Brasil. Dice el antropólogo francés: “Esta técnica tan característica [la
del desdoblamiento de la representación], que hallamos en el arte de la China arcaica, entre los primitivos de Siberia y en
Nueva Zelanda, aparece también en el otro extremo del continente americano, entre los indios caduveo […]. No se trata de
tatuajes, sino de pinturas que deben ser renovadas a los pocos días, y que se hacen con una espátula de madera humedecida
en jugos de frutos y hojas salvajes. Las mujeres que se pintan mutuamente el rostro (y que en otra época pintaban también a
los hombres), no trabajan siguiendo un modelo, sino que improvisan dentro de los límites de una compleja temática
tradicional. Entre los cuatrocientos diseños originales recogidos en el lugar en 1935, no hallé dos que fueran iguales. Las
diferencias, sin embargo, no se deben tanto a una renovación de los elementos, cuanto a la disposición, siempre nueva, de
elementos fundamentales: espirales simples y dobles, plumeados, volutas, grecas, zarcillos, cruces y pavesas. (Lévy-Strauss,
1997, pp. 272-273).